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Una publicación de la asociación SER
Candidata doctoral en Hispanic Studies por la Universidad de Kent, Reino Unido, Máster en Estudios Culturales por la Universidad de Kent. Actualmente es Coordinadora Académica de Comunicación y Publicidad de la U. Científica del Sur y docente de la PUCP

El otro Veneco

¿Cuándo el semejante se convierte en el otro? Hace unos días mi hija de siete años me comentó, de forma inocente como solo saben hacerlo los críos a esa edad, que la señora que me ayuda a cuidarla había recibido un mensaje de texto vía whastapp de la profesora del colegio de su hija en donde advertía que, los venezolanos ahora quieren ser profesores, que no están calificados para ello y que están tomando los puestos que ellos ocupan.

Esta semana circuló la noticia que los venezolanos podrían votar en las próximas elecciones, rumor desmentido por Reniec, que informa que solo un ciudadano venezolano se encuentra habilitado para participar en los próximos comicios (La República 6 de agosto) En estos mismos días, las redes se ocupan de noticias en donde los venezolanos son actores de todo tipo de actos delincuenciales. Son los mismos ciudadanos quienes se ocupan en registrar en video desde sus aparataros móviles estos actos en donde el “enemigo invasor” tiene nombre y es Venezuela.

Aquí el “otro” y el “nosotros” se hace fundamental para intentar entender el comportamiento xenófobo que poco a poco va creciendo en nuestro país. No es un secreto que somos un país que acoge al extranjero. Un ciudadano español, americano, brasilero, francés, colombiano que pise estas tierras de visita siempre será bien acogido. Quizás porque somos un país que ha padecido la dominación colonial aun manejamos en el inconsciente colectivo que todo lo que viene de fuera es mejor, más bonito, más educado y más refinado. En este caso el otro ya no es otro, sino lo vemos como parte del “nosotros”, y más que un extranjero es el amigo que viene de fuera que “seguramente” es más educado y más culto que nosotros. Sin embargo, la situación cambia cuando ya no hablamos de visitantes, sino de migrantes cuyo número se multiplica y su tiempo de estadía se vuelve indefinido. Es ahí que emerge el rechazo, y conforme pasan las semanas y los meses se acentúa, más aún si son pobres. De pronto nos incomoda el otro y se entromete entre el “nosotros” (Patxi Laceros 2009)

Pero esta sensación de incomodidad viene de la mano con una política del miedo que se centra en una discriminación o acoso (Slajov Zizek – 2007) La política de miedo como bien señala Zizek se condensa en el miedo no solo a los inmigrantes, sino a los crímenes, al Estado, al alza de los impuestos, a los acosadores, etc.  Es lo que ocurre en Estados Unidos donde Trump “siembre el miedo” con su política de migración que llegó al extremo de aislar a los hijos de inmigrantes, y aunque más tarde firmó una orden ejecutiva que puso fin a dicho abuso, la medida y las fotografías de niños enjaulados que dieron la vuelta al mundo, hicieron que el miedo se esparciera. Los delirios de Trump tendrán consecuencias irreversibles porque ¿qué sucede con los niños que hoy están en custodia?  ¿cómo recordarán estos niños semejante atropello?, y ¿qué heridas quedaran abiertas?

De la misma forma, en el Reino Unido desde que triunfó el Brexit, el miedo al ser discriminado se ha incrementado, y según informes recientes está en camino hacia el deterioro más largo del nivel de vida (Think Tank Lider).

Volviendo a nuestro país no estamos lejos de esta epidemia mundial que es la xenofobia. Por lo visto las redes son uno de los espacios por donde ésta se expande, ayer nomás me llegó un mensaje por whastapp de un desconocido en donde se enumeran las ventajas que ahora supuestamente gozaran los venezolanos en el Perú. Imagino que estos mensajes deben estar provocando el odio que, sutilmente se instala en cada uno de los ciudadanos de este país contra el “otro” que es mostrado como una amenaza.

Me pregunto entonces ¿qué es lo que hemos aprendido de aquellos años en que millones de nosotros nos vimos obligados a abandonar el país por las duras condiciones en las que se vivía, cuando no había empleo ni oportunidad de surgir? Vivíamos un infierno y muchos, como yo, migraron.

Debemos ser muy cuidadosos con los efectos que el rechazo a los venezolanos de parte de un sector de la población está generando. El racismo que se disfraza detrás del reclamo por oportunidades para el bienestar social y que siempre está detrás de intereses políticos, camina de la mano con la xenofobia. y funciona como un arma psicosocial.

La migración es un proceso que debería ser considerado como un derecho humano. La lucha contra la discriminación que sufre el migrante debe partir desde la integración ciudadana y política.  No debemos dejar que el ser humano pierda su dignidad, libertad y autonomía al convertirse en un migrante. Lamentablemente la mirada que hoy se está construyendo camina hacia la exclusión y la violencia.

 

 

Inés Ruiz Alvarado es candidata doctoral en Hispanic Studies por la Universidad de Kent, Reino Unido, Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad el País Vasco y Máster en Estudios Culturales por la Universidad de Kent, Reino Unido. Investigadoraen temas de género, derechos humanos, cinedocumental, comunicación comunitaria y antropología visual.

Actualmente es Coordinadora Académica de la carrera de Comunicación y Publicidad de la Universidad Científica del Sur y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú.