Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

El pensamiento de Gandhi y la vida después de la cuarentena

Foto: Getty images

Carlos Flores Lizana. Antropólogo         

En este tiempo que se inicia con el fin de la cuarentena, los peruanos necesitamos mucha luz y esperanza, para seguir afrontando tantas dificultades que nos han tocado afrontar. Creo sin embargo que  algo que ha destacado es la labor y la entrega de miles de peruanas y peruanos, enfermeras, médicos, bomberos, docentes y policías que han dado lo mejor de sí, hasta morir. Miles de anónimos que sirven silenciosamente a sus semejantes como vendedores de alimentos, recogedores de basura, vigilantes, choferes etc. que nos han ayudado a resistir el encierro de estos más de cien días. Esta entrega tiene un valor muy grande y muestra la calidad humana que tenemos y que es una verdadera reserva de esperanza.

Por ello, en este breve texto quiero recordar algunos pensamientos del “Mahatma” Gandhi, el gran líder y reformista social de la India cuyo deseo era poner fin al dominio británico en la India, y que lo hizo  apostando por la vida, la verdad, la no-violencia y la armonía cultural. Irónicamente fue asesinado en 1948 por un ciudadano indio que no era partidario de la tolerancia religiosa que él defendía.

A través del pensamiento de Gandhi pretendo recordar grandes principios de acción ética, humana y política, ya que este incuestionable referente hizo práctica real para los cambios que su país demandaba. Son frases que resumen lo que se debe y se puede hacer sin temor a equivocarse, y que son la base para una nueva manera nueva de actuar en la vida. Tocan aspectos personales, sociales y políticos, orientan para construir una auténtica democracia, señalan prioridades, unen ética y política, algo tan urgente en la actualidad. Fortalecen el espíritu de las personas y las familias, dan esperanza en la capacidad del hombre y la mujer para transformar sus vidas y sus comunidades. No  son humo, fantasía, vanidad, como si los son tantos slogan políticos y comerciales de un mundo vacío y sin amor. Muchas de ellas tienen el aroma del evangelio, es decir, de Jesús, la Palabra de Dios hecho ser humano y por lo tanto son trascendentes, contienen vida plena.

“Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.

“Vive simplemente para que otros simplemente vivan”.

“Existe una corte más importante que las cortes de justicia y es la corte de la conciencia, supera a cualquier otra corte”.

“Las religiones tienen una sola esencia, solo sus enfoques son diferentes”.

“El amor nunca reclama, siempre entrega. El amor tolera, nunca se irrita. No es vengativo”.

“En última instancia “democracia” quiere decir: arte y ciencia de movilizar todos los recursos físicos, económicos y espirituales de los distintos sectores de la población, en beneficio del bien común”.

“El poder que se basa en el amor es mil veces más efectivo que aquel que proviene del temor al castigo”.

“Educas a un varón, educas a una persona, educas a una mujer, educas a una familia”.

“No existe camino hacia la paz, la paz es el camino”.

“Ojo por ojo y todo el mundo quedará ciego”.

Cada uno de estos pensamientos de Gandhi tienen que ser leídos con atención, pensados, releídos, debatidos, meditados, asimilados y compartidos, pero sobre todo puestos en  práctica, ya que como dice el refrán árabe, “es mejor prender una luz, que pasarse la vida maldiciendo la oscuridad”. Lo más importante ahora son nuestros niños y jóvenes, las personas, la convivencia justa y pacífica, los más pobres, y por ellos y para ellos podemos sacar lo mejor que somos y tenemos.

Estos principios espirituales y políticos son fundamentales en nuestra vida de ciudadanos. Son principios que nos harán personas valiosas y no cascarones sin fundamento. Y las necesitamos porque vivimos en país confrontado, multicultural, golpeado por la corrupción y la pobreza, con mucha injusticia y falta de dignidad humana (machismo y discriminación racista), un país  destructor de la naturaleza tan rica y variada que hemos heredado. Pero también con capacidad de lucha por nuestras familias y nuestros pueblos, con paciencia infinita, con mucha creatividad frente a la dureza de la vida diaria, con valores espirituales profundos vinculados a la persona de Jesús, que se expresa en confianza en Dios, con capacidad de compartir y solidaridad. Tenemos mucha y larga historia, arte, y recursos naturales de todo tipo, el Perú es infinito realmente.

Si logramos vivir y desarrollar realmente estos principios de manera individual y colectiva, estaremos haciendo los más importante para el presente y el futuro de nuestro país. Nada es imposible para el que se decide construir un mundo nuevo y hermoso para todos.