Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

El pueblo aymara sin representación en el Congreso

Foto © Luisenrrique Becerra

¿Una exclusión  sistemática  o autoexclusión?

Vicente Alanoca

El domingo 26 de enero asistimos una vez más a la trama y la trampa electoral bajo reglas de juego de un Estado uninacional, donde algunos líderes y exdirigentes de procedencia  aymara optaron y levantaron la wiphala en el charco de los partidos que nunca tuvieron ni tendrán en cuenta la pluriculturalidad y la diversidad lingüística del Perú encarado y encarnado por Arguedas, Mariátegui, Degregori,  Churata, entre otros. Ya nuestro maestro Boaventura de Sousa Santos decía “descolonizar el saber y reinventar del poder” porque la democracia representativa siempre es buena cuando las reglas de juego son transparentes e inclusivas, pero es excluyente y atroz cuando se ponen en juego otros intereses y ambiciones de clanes y mafias que buscan capturar el poder, que los medios de comunicación social apuntalan para mantener y sostener esas lacras de corrupción que han hecho tanto daño al Perú de Todas las Sangres.

Somos respetuosos de las decisiones de los electores, en lo personal sufragamos en Ilave en la Escuela Mariano Zevallos, donde estudiamos parte de nuestra educación primaria, al salir escuchamos una discusión de un elector con un joven policía, éste le gritó al joven: “¡ignorante!”, nos dolió el insulto, como siempre no callamos y le increpamos al policía, entramos en discusión, vino su superior y nos dijo: “¡Cálmese!” Nos calmamos, pero siempre regañando… Bueno, muchos jóvenes han perdido la memoria, a otros los han formateado y les han insertado otros chips, es doloroso, esas actitudes, discriminadoras, antes eran golpes, por lo menos ahora son insultos… Me acordé de una reunión de maestros universitarios, cuando dijimos que debería ser obligatorio el uso de la lengua aymara o quechua para ser autoridad de la escuela, se reían, parecía un sarcasmo, comparando la risa, es igual al insulto; alguien dijo: “el inglés también”; buenos nos callamos. Contamos la anécdota, porque nos parece interesante, porque siempre quien piensan que los jaqis o runas son lo peor, en todos los espacios. Claro, el fondo del problema es estructural, histórico, político, económico e ideológico, nos cuesta aceptar y luchar por un país pluricultural y multilingüe, donde esos pueblos hasta ahora nunca tuvieron una representación en los espacios de poder. En consecuencia, el Pueblo aymara una vez más se queda sin ninguna representación en este congreso, por ello, nos preguntamos: ¿es una exclusión sistemática o es una autoexclusión? 

Ojalá podamos responder juntos y de manera colectiva. Por otro lado, saludamos y felicitamos a todos los aymaras y quechuas que participaron como candidatos al Congreso para el periodo 2020-2021. Pero estamos preocupados por la representación puneña, no es que sea o deberían ser de izquierda o derecha, sino que, quienes han sido elegidos por sus partidarios y electores así hayan sacado menos votos o votos más, no les hemos escuchado una propuesta de refundación del Perú, para ello se requiere que nuestros representantes tengan un formación ideológica y política clara y pertinente para el Perú. Ojo no estamos hablando de la formación académica, sino de las capacidades y exigencias que requieren estos cargos y que los pueblos del Perú merecen.