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Una publicación de la asociación SER
Economista. Egresado de la Maestría de Gerencia Social de la PUCP. Consultor y Especialista en Manejos y Gestión de Conflictos Socio-ambientales y Desarrollo Local

El voto nulo y blanco puede jugar a favor de la corrupción

Foto: GEC

La reciente liberación de la señora “K” coloca nuevamente al Ministerio Público en el ojo de la tormenta. La justicia es ciega, dice un dicho, pero la mayoría -por no decir todos-, percibimos que en el Perú también es manca, sorda y muda. Es decir, que no  hace ningún esfuerzo para poner en la cárcel a los que delinquen.

Cualesquiera que sean los argumentos legales de la mayoría de los tribunos, lo cierto es que su decisión se da en un contexto de escándalo y de rabia colectiva por los recientes aportes que hicieron los grandes empresarios a las campañas del 2011 y 2016 de la señora “K”, que hacen que la población incremente sus niveles de desconfianza, no solo hacia los poderes del estado, sino también a la clase política, afectando seriamente los comicios electorales de enero del 2020.

La gente no entiende a la justicia. Cuando la señora “K” juraba y perjuraba que no había recibido un solo centavo de Odebrecht terminó con una prisión preventiva rebajada de 18 meses, y, ahora que confesó haber recibido dinero del BCP y de otros empresarios privados, un poco más de 8 millones de dólares, termina siendo liberada.

Es cierto que una cosa no tiene que ver con la otra –lo de Odebrecht es distinto a lo del Credicorp y otros empresarios -  pero, ¿acaso no había suficientes argumentos legales como para que la señora “K” se mantuviera en prisión?  Nosotros creemos que sí, pero el artículo no trata de ello, sino de los efectos que podría tener liberación de la señora “K” en las elecciones de enero.

Nuestra premisa es que liberación de la señora “K” va incrementar la desconfianza hacia todo lo que signifique un espacio de poder porque se piensa que “todo se compra”, en la medida que “todos se venden”. A ello se suma que los partidos hayan aceptado que las expresiones más nefastas de la política encabecen sus listas congresales. Allí está Mulder encabezando la lista del APRA, Bartra y Vilcatoma en la primera fila de Solidaridad Nacional, Chehade como número uno de Alianza para el Progreso, y para cerrar el conteo de la indecencia política, tenemos a Sheput y Heresi a la vanguardia de Contigo.

Todo esto suma a la desconfianza del elector, y por tanto al voto duro del siglo XXI, es decir, el voto nulo o blanco, el que se expresó en el sur abrumadoramente e hizo que, sin querer queriendo, los improvisados salgan elegidos como gobernadores y alcaldes, con porcentajes ridículos muy por debajo de los votos no válidos.

Esto puede pasar en las elecciones congresales de enero, donde justos van a pagar por pecadores, donde gente decente, pero desconocida, podría ser desplazada por gente indecente pero conocida, ya que la valla del 5% se puede convertir en 2.5% en términos reales, y en la que fácilmente los fujimoristas con un 10% podrán colocar la quinta parte del congreso, porque los votos nulos y blancos podrían alcanzar el 50%.  

Lo peor de la campaña electoral está por venir porque en unísono todos los candidatos -incluidos los fujimoristas y apristas- gritarán: ¡muera los corruptos!, frente a un elector impávido, confundido, pero a la vez, muy seguro de votar nulo o blanco, creyendo que, con ello, está cumpliendo su deber de evitar la reelección con corrupción.

No sé si ustedes, pero da rabia escuchar a la señora Bartra y a Mulder hablar de corrupción, cuando blindaron a los corruptos y evitaron la reforma política y judicial.  Y lo que es peor, atreverse a candidatear nuevamente al Congreso donde hicieron mucho daño. Me resisto a creer que pueda volver a verlos en el Congreso, pero tengo mis dudas, por la cantidad de votos nulos y blancos, que al final, terminaran de favorecer a los “disueltos” y a los corruptos.