Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Empresarios y política

Hace algún tiempo Jaime de Althaus, ideólogo de la nueva derecha,  anunciaba optimista  su fe en las posibilidades de una nueva clase empresarial no mercantilista “que ya empieza a manifestar una vocación política” [1]  poniendo como ejemplo que la mayoría de presidentes regionales elegidos en el 2010 eran empresarios. Habría que ver en el reciente maltrato que ha recibido el ex premier Villanueva -y ex presidente regional de San Martín-, cómo funciona la promesa de De Althaus para los que no son los empresarios-políticos del cogollo limeño.

Hubo una época, hace un siglo, en que los ricos gobernaban sin intermediarios. Luego, el crecimiento del mercado, la complejización de la política y la expansión del Estado moderno hicieron que aparecieran los políticos profesionales, pero las crisis siempre trajeron de vuelta a los gobernantes del partido militar.

Francisco Durand es quien mejor conoce la relación entre los empresarios y la política. En décadas recientes, quien fue el capitán de las finanzas, Dionisio Romero, -según propia confesión- aportaba dineros a las campañas de varios partidos en competencia. El empresario de la construcción Jorge Camet fue ministro del régimen fujimorista por varios años. El joven Alan en su primer gobierno hizo esfuerzos por tratar de convencer a  los doce apóstoles que el fungiría como el mejor representante de ellos, cosa que recién pudo probar durante su segundo mandato.  Justamente uno de sus amigos, el malogrado Julio Favre, dueño de la empresa avícola Redondos, fracasó cuando se puso al mando del programa para la reconstrucción de Pisco. Antes, Raúl Diez Canseco, próspero empresario e intermediario de varias franquicias, fue desembarcado de la vicepresidencia en ingrato episodio. Hoy, César Acuña, empresario educativo y alcalde de Trujillo, navega en las procelosas aguas de la política aspirando a llegar puerto seguro, sin que los grandes medios le den mucha bola.

Con la crisis de los partidos de fines de los años 80, muchos outsiders se vieron beneficiados, aunque con desiguales resultados. Los peores frutos los han dado los provenientes de la farándula y el deporte. Casi todos los políticos conocidos (los antiguos y los nuevos) han perdido la confianza de las mayorías y la acumulación de frustraciones puede llevarnos a las crisis que vivieron en la década pasada Argentina y Ecuador. Entonces, para evitarla, muchos reclaman  que los empresarios se hagan cargo de conducir la nave del Estado.

Sin embargo, ser empresario exitoso no es garantía para ser gobernante exitoso. La administración pública exige conocimientos particulares y experiencias vitales diferentes de las que se tienen en el mundo de los negocios. Por algo será que ninguno de los más brillantes líderes de los grupos empresariales se interese en la política pedestre realmente existente, ni siquiera como actividad complementaria.

Los entusiastas proponen que un empresario-político exitoso, como por ejemplo PPK, sea presidente de la República. Más que un empresario, PPK es un tecnócrata que a lo largo de su vida ha fungido de bisagra entre los intereses privados y la gestión pública, aquí y en Estados Unidos, su patria de adopción, aunque tenga algunos negocios propios.

Otro es el chef Gastón Acurio, quien, pese a que en reciente encuesta el 56% de los encuestados le aconseja que no se asome por el campo de la política, al menos recibiría el voto del 27% de los que lo conocen. Un envidiable punto de partida, diría cualquier aficionado al marketing político.

Ser gobernante exitoso exige tener ideas, cosa de la que los políticos profesionales han carecido en los últimos años. Gastón Acurio no carece de ideas, por el contrario, su discurso de apertura del año académico 2006 en la Universidad del Pacífico planteó un verdadero programa de desarrollo de la Sierra. [2]  Desde que estalló el boom gastronómico que él comanda, su expansión -ligada a la producción agraria- está ayudando a miles de campesinos a salir de la pobreza, más que los programas sociales estatales.

Un primer problema de los carismáticos como Acurio es que todo tipo de oportunistas se les arriman. Uno segundo es que los competidores les saltan a la yugular, cosa frecuente en un medio en donde la guerra sucia es un atavismo.  Pero no sólo se trata de atavismos y envidias: el problema de Acurio es que su sobreexposición mediática ha devenido en contraproducente en determinados sectores sociales.

Pero para limpiar la política hay que renovarla permanentemente, con muchas caras nuevas con principios democráticos. Ese puede ser el caso de Acurio si piensa seriamente en las posibilidades que tiene de aportar multiplicadamente (con perdón de la palabra) a construir la nación y nuestro lugar en la historia. Pero mal hacen sus amigos en aconsejarle que empiece con una candidatura a la presidencia de la República o aceptando algún ministerio. Los filósofos chinos recuerdan que la Gran Muralla empezó a construirse con un ladrillo, desde abajo.

NOTAS:

1.  De Altahus, Jaime: La promesa de la Democracia. Planeta 2011 p. 51
2.  Pueden verse mis artículos “Mistura y el desarrollo rural” (22/09/10) y “La vía Acurio para el desarrollo rural” en Siembra N° 57 de mayo-junio 2006.