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Una publicación de la asociación SER

Encuestas "truchas" en las redes sociales

Foto: Onpe

Julio Failoc

Hace unos días un candidato me hizo la siguiente pregunta: ¿es posible que una encuesta pueda distorsionar la voluntad popular? Yo le dije que no.

Quiero aprovechar esta interrogante para tratar el tema de las encuestas, su uso y abuso, y hasta la violación que se hace de esta herramienta de investigación para intentar manipular la voluntad popular. Pero sobre todo, la utilidad y/o límites que tiene la información obtenida para el diseño de estrategias de comunicación electoral.

Recientemente de manera legal e ilegal se van venido difundiendo encuestas -en las redes sociales- para todos los gustos, con resultados totalmente diferentes dependiendo de quién las mandó hacer o quien paga más. El colmo de la gracia es que tres encuestas mostraban resultados con un orden distinto, lo cual no solo es ilógico sino técnicamente es imposible.  De hecho, estas encuestas mienten. En todo caso habría que preguntarse si –en este preciso instante- es posible que de cada cuatro personas una de ellas ya decidió su voto. Pero lo que llama la atención es hayan decidido su voto por candidatos  presuntamente vinculados a actos de corrupción, o con procesos judiciales pendientes en momentos en la que la percepción de la población es que todos los candidatos son corruptos y que la política es el oficio más sórdido.

Yo creo al igual que varios analistas políticos – en el Sur del Perú- que la suma de todos los candidatos al congreso apenas alcanza un 15% en promedio. Esta hipótesis es reforzada por un reciente estudio que revisé sobre percepciones electorales de una empresa independiente, que mostraba que cerca del 90% de los electores cambiaría su voto si comprueba que el candidato por el que va a votar es corrupto. Además, este mismo estudio señala que un poco más del 50% o no sabe por quién votar o no votaría por ninguno de los candidatos. Si bien la población no hace el análisis que estamos presentando, lo cierto es que ya no cree en ellas. La proliferación de encuestas en las redes sociales, una más falsa que otra, está tan desprestigiadas como la clase política.

Una encuesta es útil para varias cosas, sobre todo para identificar aspectos claves que no podemos identificar en la campaña electoral y que pueden costar una curul en el congreso o una gobernación, según sea el caso. Es útil por ejemplo para saber en qué zonas o sectores se tiene que afianzar una campaña, ya sea porque el mensaje del candidato está débil o no está llegando. También se puede identificar si la población asocia al candidato con el símbolo del partido por el que postula. Se han dado casos en que la gente quiere votar por un candidato y termina votando por otro, porque desconoce o confunde el símbolo del partido de su candidato con el de otro.  A menos de un mes de las elecciones, lo más recomendable en estos casos es hacer una encuesta donde se pregunte al encuestado por quién va a votar y luego preguntarle por el símbolo del candidato por el que va a votar. Verán que se van a encontrar con más de una sorpresa.  Ahora bien, si se logra determinar que la intención de voto del elector, no coincide con el voto que se declara, no hay otro camino que ponerse a trabajar para que la gente asocie el símbolo con el candidato.

Mi consejo más sano y en buena onda mis estimados cándidos –de candidatos- es que las elecciones se ganan en las urnas y no en las encuestas.