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Una publicación de la asociación SER

Enemigos de la república y de la ciudadanía

“Con mis hijos no te metas” se ha convertido hoy en día en el colectivo de personas que sin dudarlo enarbola un discurso con características propias que el sociólogo Oliver Nachtwey denominaría “descivilización”.

El año 2021 nuestro país va a cumplir 200 años de independencia. El simbolismo detrás de esta efeméride representa la celebración de habernos librado del colonialismo español que nos posibilitó aspirar a ser una Nación. Esto a partir de aceptar valores republicanos compartidos y que significarían el desarrollo de las capacidades humanas de todos los nacidos en el Perú.

Sin embargo, en nuestro país ha surgido en los últimos años una contracorriente a los principios antes descritos. Esta se basa en discursos que rechazan los valores y la ética ciudadadana que son consenso en nuestro país. Si bien es cierto que en lo referente a los Derechos Humanos no estamos en el mejor de los mundos, podemos afirmar que se han logrado avances importantes. Por ejemplo, en cuanto a la reivindicación de los derechos de las personas como son la libertad de pensamiento, el respeto a las diferencias culturales, tolerancia a las minorías sexuales, el empoderamiento de las mujeres y su respeto, entre otros. Sin esto, nuestra democracia sería posible para algunos privilegiados, convirtiéndose así en una coartada dañina para algunos.

No hay que olvidar que en un régimen democrático toda crítica es válida y necesaria. Sobre todo, si esta se dirige a decisiones de política pública del Estado debido a que son asuntos que compete a todos y todas. En las relaciones sociales del país no siempre existen verdades absolutas.

Sin embargo, colectivos como “Con mis hijos no te metas” hacen uso del derecho constitucional de opinar o criticar usando la mentira, la desinformación y el temor. Esto con el fin de promover su agenda particular basada en preceptos principalmente religiosos. En este sentido, la semana pasada organizaron una marcha “nacional” que agitaba las banderas de la “defensa de los valores de la sociedad”. Enfocado en su principal “enemiga”: la palabra género. Aducen que detrás de esta se esconde una “ideología de género” que atentaría contra la familia natural y su biología, promoviendo la “homosexualización” y así   pervirtiendo a la niñez.

Como sabemos, el enfoque de igualdad de género que promueve el Estado peruano a través del Ministerio de la Mujer y en las escuelas a través del Ministerio de Educación procura atacar roles y estereotipos que atentan en contra las posibilidades de desarrollo humano, su dignidad y la convivencia o relaciones saludables y de respeto entre hombres y mujeres.

Pero si echamos una ojeada a sus consignas, declaraciones, afirmaciones o discursos encontraremos una lista de demandas y acusaciones que lindan con la paranoia. Disparates como “la ideología de género busca desesperadamente a los niños camuflándose de mil maneras, arrebatándoles la inocencia y destruyendo a la familia”, “primero han querido tocar a nuestros hijos. Han querido transgredir las leyes que Dios nos ha dado sobre la familia”, “se ha dado una ley que reconoce a otros tipos de familia. Todos los ciudadanos peruanos quieren la familia como siempre la hemos vivido: papá, mamá e hijos” y siguen los absurdos.

Lo peligroso es que esas demandas atentan con derechos garantizados por la Constitución. Sin embargo, uno de los aliados principales de esos colectivos son miembros del Congreso de la República. Además, las redes sociales que se han convertido en una caja de resonancia que amplifican sus mensajes de odio sin reflexión o autocrítica, promoviendo la homofobia y el desprecio por los derechos humanos de las personas.

Nuestro tiempo está siendo contaminado con este tipo de demandas. Lo curioso es que cada vez se parecen más a las de sociedades premodernas que se regían por parámetros que no tenían nada que ver con la ciencia, los derechos humanos, en donde predominaban los criterios religiosos. Y, me temo, que si no se toma conciencia del avance de ese tipo de “razones” en breve estaremos discutiendo si los indígenas son humanos o no, o si regresamos a la opinión positiva o negativa del párroco en nuestras relaciones ciudadanas. 

Foto: Perú21