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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Enfoque de género: la batalla que no estamos ganando

Abril parecía victorioso para los sectores progresistas. En la primera semana de este mes, el Poder Judicial declaró infundada la demanda contra el enfoque de género en el Currículo Nacional de Educación Básica. El Ministerio de Educación (Minedu) saludó la decisión de manera mesurada; pero en las redes sociales, estos sectores festejaron con jolgorio.

Esa misma semana, un juzgado de primera instancia reconoció el matrimonio civil de Susel Paredes, activista LGTB que ahora destaca como funcionaria de la Municipalidad de La Victoria. Varios especialistas en derecho señalaron que solo faltaba que la Corte Suprema o el Tribunal Constitucional reconocieran dicho acto. Esto serviría de precedente jurídico para que otras uniones similares tuvieran validez legal, tal como ocurrió en Estados Unidos hace pocos años. Y sin necesidad de una ley aprobada por el Congreso.

Mientras se producían las celebraciones virtuales, una voz solitaria manifestaba que no se podía cantar victoria por anticipado. En una videocolumna de Lamula.pe, Juan Carlos Tafur manifestó que los sectores ultraconservadores “son poderosos y crecientes”, que han ganado posiciones no solo en el fujimorismo, el Apra y otros movimientos; y que “tienen gran arraigo popular”. El periodista afirmó que “hay razones sociológicas que explican ese ascenso”: la reacción popular ante Sendero Luminoso, el apogeo y crecimiento de las iglesias evangélicas, e incluso la migración venezolana, “Es probable que vuelva a ocurrir una arremetida ultraconservadora”, advirtió.

Sin embargo, otros dijeron que esos días habían sido "nefastos" para los sectores ultraconservadores, que amenazaron con realizar marchas. Algunos se mofaron en las redes sociales. Pero no era broma.

Las premoniciones de Tafur se hicieron realidad. Días después, los mismos sectores ultraconservadores acusaron al Minedu de una alusión al sexo anal en el material educativo oficial, como si de esto no se supiera desde las épocas anteriores al Tahuantinsuyo, gracias a la preservación de huacos que ilustran estas prácticas. Increíblemente, el sector Educación cedió a la presión.

De inmediato, Tafur sostuvo, en otra videocolumna, que dicho retroceso del Minedu “les da argumentos a los sectores ultraconservadores para dinamitar el enfoque de género y la educación sexual en los colegios” que pocos días antes había recibido el aval de la Corte Suprema. “El gobierno no puede ceder a la alharaca ultraconservadora, que pretende sabotear una política ni siquiera arriesgada, sino bastante tímida”, señaló.

Esta alharaca no quedó en el activismo. En el “relanzamiento” de Fuerza Popular del último lunes 15, el congresista Luis Galarreta afirmó que su partido “está dispuesto a tumbarse el enfoque de género”, y que no permitirán “que se les meta porquerías a nuestros niños”. Incluso anunció la creación de una comisión “para reestructurar” el Minedu, como si el Poder Legislativo tuviera esa facultad. En tiempos de recomposición del fujimorismo, que parece querer seguir gobernando desde el Congreso como en épocas de PPK, este anuncio es preocupante.

El Minedu ha cedido a estas presiones porque el presidente Martín Vizcarra, en su afán de detener la caída de su popularidad, quiere responder al sentido común popular descrito anteriormente. Este sentido común se encuentra no solo en los padres de familia, sino en los profesores. Si bien en los últimos años se ha dado cuenta de avances a nivel de aprendizaje y conocimientos en los educandos, muchos integrantes del magisterio son conservadores en temas morales. Algunos provienen de iglesias evangélicas y son activistas “provida”, lo cual les da un sentido de militancia. Al mismo tiempo, aunque haya buenas intenciones, las capacitaciones de los funcionarios del Minedu en estos temas no se hacen en un lenguaje sencillo, y hasta son percibidas como imposiciones. He ahí un problema no solo de comunicación, sino de estrategia.

Nos comparamos con Chile en muchos asuntos. Uno de ellos es el enfoque de género. En dicho país hay una tradición política y social alrededor de la educación pública, en la que se incluyen diversos partidos políticos y movimientos sociales con base social, muy cercanos al progresismo y a la izquierda. Esa tradición ha generado que los cambios en las políticas a favor de los derechos de las mujeres y los sectores LGBT tengan un aval social, y que en consecuencia los representantes que eligen aprueben leyes progresistas en su Congreso, incluso con votos de sectores de derecha.

Esa tradición no existe hoy en el Perú. Sendero Luminoso y el fujimorismo acabaron con ella. La jurisprudencia nos puede dar la razón ahora; pero la mayoría social existente siempre generará que sus representantes en el Congreso empujen hacia el retroceso, y más si llegan al poder. Habrá que retomar esa tradición y no necesariamente en las redes sociales. Lo que muchos vieron como una goleada es en realidad un torneo de largo aliento.