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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

¿Es el mineroducto la solución al conflicto de Las Bambas?

Foto Grufides

La historia del proyecto minero de las Bambas desde el año 2003 a la fecha no es tan larga pero si muy intensa y cambiante, tanto en términos de actores como en los comportamientos de los mismos.  Es un caso concreto que merecería un análisis más profundo y extenso, para extraer conclusiones y aprendizajes útiles para el desarrollo sostenible y humano de Apurimac en el contexto macroregional sur andino.

Tres empresas concesionarias se han hecho cargo hasta ahora de Las Bambas: la multinacional anglo-suiza Xstrata, luego absorbida por Glencore, otra gran empresa con sede en Suiza, y finalmente comprada por Minerals and Metals Group (MMG), que es parte de la corporación estatal china Minmetals Corporation, como resultado de una negociación internacional en la cual las mencionadas empresas salieron beneficiadas con prebendas financieras y económicas, mas no el Estado peruano que no obtuvo beneficio de esas transacciones. Tres momentos con modificaciones en el manejo de la actividad minera de un mismo proyecto, con el consiguiente impacto en la situación de las poblaciones locales y en el desarrollo territorial de Apurimac.

Cabe señalar que como parte de la suscripción del contrato entre Xstrata y el gobierno peruano en el 2004, se concretó la entrega de USD$45.5 millones como aporte social que deberían favorecer al desarrollo de las comunidades de Cotabambas, Grau y Challhuahuacho, que luego se incrementó hasta llegar a un total de USD 64,5 millones. Dicho fondo se gestionaría mediante un fideicomiso administrado por representantes de los municipios provinciales de Cotabambas y Grau, de ProInversión y de la empresa minera. El uso de estos recursos deja mucho que desear y es poco que ha contribuido al desarrollo territorial y la calidad de vida de la población campesina local.

Originalmente, Xstrata, que también operaba el yacimiento minero de Espinar (en Cusco) tuvo proyectada la construcción de un mineroducto que movilizaría los minerales de Las Bambas a la planta de Antapaccay (Espinar) para su procesamiento; y a la par se habló de construir un ferrocarril para dinamizar las actividades comerciales en todo ese recorrido. Esta modalidad de transporte se mantuvo luego de la transferencia del proyecto minero a Glencore, pero antes de la compra de Las Bambas por la corporación china se canceló la obra del mineroducto, optando por el traslado de minerales mediante camiones y la construcción de una planta procesadora en Las Bambas. La explicación de estos cambios se sustentó en que el original diseño de Xstrata (Las Bambas-Espinar) se desarticulaba con la venta a MMG. Esta decisión llevó a que la empresa china decida trasladar directamente el mineral hasta Arequipa por vía terrestre (camiones y ferrocarril hasta Matarani), con el  impacto ambiental que genera (levantamiento de polvo de los concentrados movilizados), además del uso inconsulto de vías que las poblaciones locales consideran de uso comunal. Sin embargo, según declaraciones de Ana Leyva de Cooperaccion, Las Bambas posee más de 12 instrumentos de gestión ambiental aprobados, lo que evidencia la cantidad de cambios que ha tenido este proyecto minero, a través de decisiones escasamente compartidas y desconocidas por las poblaciones locales.

En todo ello habría que preguntarse ¿Cuál ha sido el rol del gobierno peruano? Casi inexistente salvo cuando se han generado las situaciones de conflicto y de violencia. Menos aún se puede percibir la participación de las autoridades municipales y regionales. ¿Y de las comunidades campesinas? Muy variable: desde la defensa de sus derechos ambientales hasta ponerle un precio a los mismos asumiendo comportamientos rentistas de corto plazo

Surge ahora nuevamente la alternativa del mineroducto. Lo que fue propuesto en su origen y constaba de una tubería enterrada a un metro de profundidad y que atravesaría 206 km de territorio de unas 20 comunidades campesinas, no solo de Apurimac sino mayormente de Cusco (Chumbivilcas y Espinar), por lo que se convirtió en un tema de interés para los dos gobiernos regionales. Sin embargo, la preocupación sustancial radicaba en las fuentes de agua que el mineroducto requeriría para su funcionamiento, acarreando 25 litros de agua con minerales por segundo, y que incluía, según Pedro Francke, nueve estaciones de bombeo, en 48 puntos de los ríos en las cuencas de Santo Tomás, Velille, Qquero, Salado y Apurímac. Los mismos funcionarios de MMG señalan que esa alternativa nunca estuvo desechada y que podría retomarse en el marco de una propuesta articulada a las necesidades de otros proyectos mineros del departamento como Apurímac como Ferrum, Quira, Panoro, Tier, El Trapiche y Los Chancas, incluso modificando el puerro de salida, optando por San Juan de Marcona. Junto al mineroducto persisten alternativas como una carretera propia construida por las Bambas o a través de un ferrocarril. 

Cualquiera de las formas de movilización de los minerales traerá eventuales impactos ambientales y subsecuentes situaciones de conflictividad y todo ello es de esperar en un escenario en el que previamente se logre la licencia social para dichos cambios. Por ejemplo, no queda claro el impacto del mineroducto respecto al uso del recurso hídrico. Sin embargo, frente a estas posibles opciones de salida de los concentrados de minerales de las Bambas, la agenda que deberíamos considerar es más compleja y sistémica. Se trataría de diseñar una propuesta que señale lo que se puede hacer con los más S/ 8,500 millones en canon y regalías para Apurímac que generaría el proyecto en mención para los próximos años, o con los 10,000 millones de dólares de inversión minera para Apurimac de los otros proyectos mencionados.

Y nuevamente, el punto de partida no es como debieran funcionar los proyectos mineros sino cual es la propuesta de desarrollo territorial que se presenta para Apurimac, para Cusco y para la macroregión sur, precisando el rol de los diversos actores institucionales, públicos, privados y de la sociedad civil. Para empezar hay que superar las expectativas que la población tiene de las empresas extractivas y su rol como reemplazante de las instancias de gobierno, ya sea porque estas son ineficientes o porque las mismas empresas acceden a cumplir dicho papel por la ya conocida estrategia de controlar poblaciones locales adyacentes a sus inversiones.

Los recursos provenientes de las inversiones extractivas serán una oportunidad en tanto se ubiquen como aportes al desarrollo territorial con identidad cultural. Ese desafío implica propuestas solventes y vinculantes, orientadoras de las acciones políticas de sus gobernantes, con liderazgos probos y eficientes, con institucionalidad sólida y confiable y, principalmente, con un ejercicio de gobernanza territorial capaz de consensuar las acciones de corto, mediano y largo plazo no solo pensando en Cotabambas, provincia donde se ubica Las Bambas sino tomando en cuenta su relación con Apurimac y la macroregión sur.