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Una publicación de la asociación SER

Es por nosotras

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Ana María Vidal Carrasco

No marchamos por Vizcarra ni su gabinete. Que les quede bien clarito. Ni por los presidentes antes de Vizcarra. Porque cada cual pasó y tuvo su metro cuadrado de poder, y no hizo el esfuerzo suficiente para cambiar nuestro país.

Nos costó recuperar la libertad. Pero ese modelo que insertaron desde los noventa se enquistó en las entrañas de un Estado descompuesto. Y desde Toledo a la fecha, se levantaron el país en peso, mientras las más pobres seguían muriendo sin conseguir cama en un hospital. La monstruosa corrupción jugo en pared con la inacción ominosa de quienes no protegieron nuestros derechos. A veces, ni siquiera los reconocieron. Cumplieron con todas las estrellitas de buena conducta a nivel internacional, sí. Firmaron tratados de derechos humanos, aprobaron leyes que parecían bonitas. Mira, nos dijeron, las Naciones Unidas nos felicitan. Pero adentro, acá en los pueblos, se zurraron en la gente.


Este sistema lo forjaron a pulso. Constitución fujimorista en mano. Desconocieron el consentimiento y la participación indígena. Con solo una ley de consulta espuria. A las víctimas de la esterilización forzada nunca les reconocieron siquiera el derecho a la reparación. En la Amazonía los pueblos indígenas siguen comiendo el petróleo que drena a borbotones por los ríos. ¿Cuál fue la respuesta del abogado del Estado frente al pedido de atención en salud? No les den nada.


Nos borraron hasta la historia. Tacharon el nombre del conflicto armado interno. Para no enojar al fujimorismo ni a los militares dijeron. Intentaron negar las desapariciones forzadas: mientras las víctimas del caso Madre Mía pedían justicia a la Comisión Interamericana, el abogado del Estado (ya en el gobierno de PPK) pedía que no se acepte el caso. Mientras se solicitaba que se atienda la contaminación por metales pesados en Espinar, otro abogado decía que se necesitaban dos años más para estudiar de dónde provenía la contaminación.

20 años de indolencia desencadenaron en esto. Las mafias que parecían parásitos eternos brotaron. Ya no había resquicio alguno que desmenuzar. Ahora han tomado el poder. 

Pero la ciudadanía se hartó. La represión en Lima es brutal. Esa misma represión la sufrieron por años en las regiones. Ahí están los muertos de una policía impune para dar fe. Y si no era represión era olvido, ahí están los asesinados por las mafias de mineros ilegales para dar fe. Y si no era el olvido, era el mismo Estado siempre presente al servicio de las empresas, dándoles permisos para operar, para contaminar, mientras pisoteaban a la población.

El lunes estas mafias emergieron. Fue golpe de Estado. Buscan ahora liberar al asesino de policías Antauro. Buscan levantarse en peso el presupuesto general de 2021. Crear más universidades a costa de seguir estafando a cientos de miles de jóvenes. Buscan su repartija de los 6 asientos en el Tribunal Constitucional. Todo esto nos dejan. Esto y una represión brutal. Esto y el desamparo.

Pero esta indignación es nuestra y es por nosotras. No es por un retorno a esa fútil democracia que nos impusieron. Queremos sacar a las mafias, a todititas. No queremos esconderlas bajo la alfombra ni a esconderlas en negociados bajo la mesa como se hizo siempre. Marchamos rechazando a Merino y compañía, para decirle fuera a los mafiosos, a los que se meten en política a través de universidades bambas, a quienes viven de comprar a la justicia, arranchándosela a quienes menos tienen. Marchamos contra los antiderechos que felices se juntan con estas mafias. Marchamos contra un sistema capaz de robarnos miles de soles en una clínica por sobrevivir un día más. Marchamos contra los mafiosos de cuello blanco de los grupos poder y la concentración de medios. Pero también, recuérdenlo, marchamos por su tibieza durante estos 20 años.

#MerinoNoEsMiPresidente