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Una publicación de la asociación SER

Frepap: ¿novedad o continuidad?

Foto: Lili Houghton

Carlos Herz Sáenz

El FREPAP como movimiento político ha reaparecido en la escena electoral logrando un 9% de la votación nacional y un expectante cuarto lugar entre los grupos partidarios que participaron en esta contienda electoral, luego de ser disuelto el Parlamento Nacional

FREPAP es la expresión política de la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, más conocida como los Israelitas, creada en Perú en 1956 por Ezequiel Ataucusi, una secta ahora extendida a varios países amazónicos fronterizos, sin perder su relación con su iglesia en Lima1. Es de esencia mesiánica y se sustenta en un sincretismo doctrinal que incorpora componentes del cristianismo del Antiguo Testamento y algunas creencias de la sociedad inca. Su práctica de expansión combina intensamente actividades sociales y religiosas cumplidas según roles determinados para hombres y mujeres. Igualmente su reclutamiento lo hacen entre personas afectadas por carencias económicas, desgracias materiales, desplazamientos en su mayoría andinos (pero también indígenas tropicales y afrodescendientes en otras partes de la América del Sur, como en Colombia), superando la identidad étnica y priorizando la importancia de la vida en comunidad.

A diferencia de otros movimientos religiosos su estrategia de intervención es de baja intensidad en el proselitismo religioso, priorizando el fortalecimiento de la identidad social y económica articulada a los elementos religiosos (estudios y rituales como prácticas grupales intensas). Eso genera una fuerte cohesión de sus adeptos y una capacidad de influencia sobre otros actores de la sociedad sin la preocupación de incorporarlos en su institución religiosa. Estos elementos hay que tomarlos en cuenta cuando se trata de explicar el actual respaldo político de FREPAP, con una población electoral que no necesariamente comulga o participa de sus principios y ritos religiosos.

Vamos a resaltar algunos rasgos importantes del FREPAP para ubicarlo en el escenario político nacional y entender que no constituye en rigor una mayor novedad o expectativa de cambio sino que, por el contrario contiene y reproduce diversos aspectos que se han venido presentando en varios de las actuales agrupaciones partidarias y que son motivo de preocupación por lo que puede implicar en la construcción de las nuevas alianzas parlamentarias, aun cuando sean de corta temporalidad.

Un primer aspecto es el carácter mesiánico del movimiento, de la existencia de un salvador (Ezequiel Ataucusi, ya fallecido, y ahora su hijo, en el cual el primero se reencarna), que lidera a un pueblo supuestamente elegido por Dios para salvar a la humanidad, movilizando a sus seguidores a la tierra prometida. El argumento religioso de est grupo es más elaborado y simplemente se trata de resaltar el sustento mesiánico, que nos hace recordar a similares situaciones tanto en la organización de Sendero Luminoso como en el Fujimorismo con sus diferencias de conformar instituciones laicas. El mesianismo ya se ha transformado en una cotidiana práctica de la política y de la sociedad, en el caso del FREPAP alimentado por un basamento religioso. Como señala Carlos Andújar, el mesianismo conduce a “un liderazgo personalista, centralizador y único en sus predicciones y visiones de lo sagrado, su adoración a veces desborda la racionalidad y el acto de fe, para convertirse en una militancia fanática” y que en la política nos conduce a la existencia de personajes imprescindibles, inevitables, los únicos para ejercer poder; y por lo tanto, como ya se conoce en nuestra historia, se trata de liderazgos personalistas, autoritarios, centralizadores de poder, mayormente populistas. Allí un acercamiento natural del FREPAP con la mayoría de nuestra clase política y sus organizaciones funcionales.

En segundo lugar, la base patriarcal de la doctrina y práctica de este movimiento religioso conduce a un poder hegemónico de los varones sobre las mujeres y que también sirve para organizar y moldear la cohesión social que caracteriza a los grupos israelitas. Las mujeres no pueden participar ni decidir sobre la doctrina ni los rituales, aspectos centrales de la identidad religiosa. Los roles de las mujeres son más operacionales en cuanto a la evangelización en las calles, relacionarse socialmente, la socialización religiosa de los hijos, cuidar las conductas establecidas y garantizar la continuidad del grupo al casarse con integrantes de la congregación. Todo ello bajo vigilancia de hombres pastores y sacerdotes, como parte de la sujeción de las mujeres israelitas a sus maridos. Esta esencia patriarcal, que caracteriza a la sociedad peruana es la misma que políticamente ha movilizado a evangélicos, fujimoristas, católicos bajo la tutela de Cipriani y laicos conservadores bajo el slogan “con mis hijos no te metas”, en contra de cualquier atisbo de renovación hacia una educación libre, tolerante, inclusiva, respetuosa de las orientaciones sexuales y orientada a entender las implicancias de las construcciones culturales en las decisiones sociales y sexuales de las personas. Menos aún interesados en generar un espíritu crítico en la mentalidad y las acciones de los niños y niñas. Allí tenemos un segundo acercamiento del FREPAP con un sector de las agrupaciones políticas, particularmente con el Fujimorismo.

En tercer lugar, se retoma la idea de la tierra prometida como una de las aspiraciones más importantes difundidas por los israelitas, considerada como la solución a las carencias materiales y espirituales de la mayoría de los fieles reclutados, según señala Meneses. El sustento religioso de este pensamiento es extremadamente conservador y peligroso. Se trata de territorios a conquistar, a invadir, a poseer, en nombre de un supuesto mensaje de Dios y al mismo estilo y enfoque patriarcal antes mencionado. La Amazonía es el territorio que se ha visto afectado por esta práctica ya implementada hace muchos años y que ha devenido en una persistente y creciente destrucción de las tierras boscosas tropicales para dar cabida a la agricultura y ganadería de autoconsumo y de mercado, trasladando las prácticas culturales de ecosistemas de sierra a los de trópico húmedo con lo que eso implica en cuanto a la vocación especializada de los suelos (escasa productividad, sedimentación de quebradas, migraciones de especies de la macrofauna silvestre, aparición de plagas y enfermedades de cultivos, mayor deforestación para ampliación creciente de frontera agrícola entre otras), contribuyendo a generar mayores efectos de cambio climático y sin poder siquiera, dar solución a las demandas de calidad de vida de las mismas poblaciones israelitas.

Aguirre, en un estudio de la Universidad Científica del Sur del año 2010, señala que ya al año 1999 se constataba una deforestación de dos mil hectáreas de bosques. Según el Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) son importantes las áreas deforestadas por las intervenciones de los grupos israelitas. Tres colonias asentadas en algunas zonas de selva de Perú y Bolivia, intervinieron más de 7.500 hectáreas de selva. En Río Negro, Bolivia, habían talado unas 5.000 hectáreas boscosas desde el 2017 (500 hectáreas en 2019). En Perú en las colonias israelitas de Tierra Blanca y Masisea, también han generado impactos ambientales, habiendo ya destruido unas 2.500 hectáreas de bosque desde 2017 (más de 1.400 hectáreas en el 2019). La colonia Tierra Blanca, ubicada al sur de Loreto, los colonos religiosos deforestaron 1.700 hectáreas de bosque en tres años para cultivos agrícolas. No está demás hacer una comparación con los lugares donde FREPAP ha obtenido mejor votación electoral y se notará mucha correlación. En Iberia, Madre de Dios, cerca de la frontera con Brasil y Bolivia, la comunidad de agricultores israelitas Arca Pacahuara está produciendo una deforestación extensiva con la siembra de maíz, y se relaciona con la presencia de los centros mineros ilegales a los cuales abastecen con alimentos.

Las invasiones ilegales de los israelitas han llegado a situaciones más críticas. Han afectado áreas de conservación (como Imiria, y la concesión de Conservación de la Universidad Alas Peruanas). Igualmente la tala ilegal se ha extendido a comunidades nativas como Buenos Aires y Caimito, en Ucayali, -y que vienen promoviendo prácticas de manejo sostenible de bosques-; y también al territorio comunitario shipibo de Nuevo Ceilan. Es cada vez más marcado el enfrentamiento entre comunidades nativas con los colonos israelitas, aprovechando estos últimos los vacíos legales que persisten en la titulación de tierras de los pueblos indígenas. Finalmente, la Dirección de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, afirma con preocupación que el 96% de la economía de la provincia de Mariscal Castilla en Loreto corresponden a la tala de madera y producción de coca, ambas ilegales. Y en esas actividades se ha percibido la participación de colonos israelitas, según la DIRANDRO.

La creación de los asentamientos Santa Anita y Boca Samaya, en el río Neguachi, Provincia de Oxapampa, constituye la primera presencia de invasiones de colonos religiosos israelitas (Pineda, 2006), como parte de las políticas nacionales promovidas en la década de 1960 por el entonces Presidente Belaunde con la ideología de colonización de “la selva para los peruanos”, como solución a los problemas del país, construyendo la famosa carretera longitudinal o el cuestionado proyecto de colonización masiva de Pichis Palcazu. El impacto negativo sobre los ecosistemas tropicales y sus poblaciones nativas fue evidente aunque muchos no quieran reconocer y se persista en esas prácticas depredadoras. Allí tenemos en los hechos un tercer acercamiento de FREPAP con otra agrupación política (Acción Popular) y que ocupó las primeras simpatías en estas últimas elecciones.

Lo compartido muestra someramente una porción de la historia de los Israelitas del Nuevo Pacto cuya existencia ha pasado bastante desapercibida y que no significa algo renovador o novedoso en la política peruana. Es más, reproduce y alienta enfoques y prácticas que deberían ser superadas si pretendemos reformas políticas profundas, así como cambios drásticos para la construcción de una sociedad inclusiva, equitativa, redistributiva, diversificada en el aprovechamiento sostenible de sus potencialidades y capacidades.

1 Lucía Meneses en su trabajo “Las contradicciones de la identidad de la Iglesia Israelita del Nuevo Pacto Universal”, hace un importante análisis de la presencia de esta secta en el valle del Cauca, Colombia.