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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

¿Hay espacio para un Bolsonaro en el Perú?

El segundo gobierno de Alan García les dio alas a los sectores ultraconservadores, que luego de la caída de Alberto Fujimori en el 2000, quedaron más agazapados que debilitados.

Entre 2006 y 2011, la alianza de la bancada aprista con la fujimorista (que desde allí ha sido permanente); la cesión de ministerios y embajadas a personajes como Rafael Rey y José Barba Caballero; y la asistencia entusiasta del expresidente a los cultos de acción de gracias organizados por sectores evangélicos integristas; a lo que se agregó la construcción de un red dentro del sistema judicial que ahora conocemos, fueron factores para que la ultraderecha luzca envalentonada, con poder en el Estado y los medios de comunicación.

Sin embargo, con la caída en desgracia de García y de Keiko Fujimori, la ultraderecha peruana se ha quedado sin cabeza. Por eso, personajes como Madeleine Osterling, Laura Bozzo o la tuitera Mar Mounier (¿?) han salido a decir que la Señora K es una decepción, y que se necesitan nuevos liderazgos. Más atrevida, Osterling ha manifestado que lo que se necesita es un Jair Bolsonaro, quien con un discurso fascista, dispuesto a arrasar con la Amazonía y los derechos sociales, y a dar carta blanca para desaparecer las disidencias y las poblaciones vulnerables, ha asumido recientemente la presidencia del Brasil.

La pregunta que muchos se hacen desde que Bolsonaro apareció en la escena presidencial brasileña, es que si hay tal posibilidad en el Perú. Para responder a esta inquietud es necesario revisar el contexto actual y el histórico.

En el Perú solo hubo un partido que expresó las ideas fascistas: la Unión Revolucionaria (UR), fundada por Luis A. Flores para apoyar la candidatura de Luis Miguel Sánchez Cerro, presidente entre 1931 y 1933, con lo que se repelió al Apra auroral y popular de aquellos años. Asesinado Sánchez Cerro, se acomodó con Óscar Benavides (1933-1939); pero este último prefirió apoyarse en los poderes fácticos, y no solo se deshizo de los “urristas”, sino que los persiguió. La UR pretendió reagruparse en los años cuarenta, pero la rendición de la Italia de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial debilitó el fascismo a nivel internacional. Años después, los entrenamientos de militantes urristas con camisas negras en el malecón de Chorrillos solo serían un recuerdo en los ojos de nuestros abuelos.

En la actualidad, muchos podrían decir que Antauro Humala sería nuestro Bolsonaro: ha prometido fusilar a los homosexuales e incluso ha hablado del “etnonacionalismo”. Sin embargo, en materia económica está a la izquierda del presidente brasileño, pues ha prometido nacionalizar los recursos naturales.

Lo cierto es que Antauro Humala, así como cualquier otro político que prometa cambios radicales, no podría hacerlo del todo. La sencilla razón es que el aparato del Estado peruano está dirigido, encaminado, hacia políticas de libre mercado. Para remover todo ello, el partido que pretenda hacerlo debería tener un aparato político muy fuerte, además de presencia en los medios y la opinión pública. Esto quedó demostrado con el paso de Ollanta Humala por la presidencia. Y con los últimos acontecimientos, parece haber una unanimidad sobre cómo se debe conducir el país.

En segundo lugar, para que en Brasil haya surgido un Bolsonaro, es porque al frente existe un Partido de los Trabajadores (PT). Con todos los pasivos que tiene, generó grandes cambios en Brasil, y la derecha no pudo derrotarlo en elecciones libres. Por eso, generó el escenario para el derrocamiento de Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula da Silva. Y luego creó un personaje de ultraderecha que pusiera en orden las cosas.

En tercer lugar, no hay una bancada “evangélica” como en Brasil. Aunque puede haber simpatizantes de “Con mis hijos no te metas”, en el Perú un evangélico no vota necesariamente por otro. A esto se agrega que este sector integrista no solo está bastante desprestigiado, sino desunido. Cuando se hablaba de la vacancia de PPK, Christian Rosas no parecía muy entusiasta con la idea, mientras que el pastor José Linares sí. Al mismo tiempo, un desconocido pastor llamado Claudio Zolla le ha reclamado a Rosas por no “unirse a su causa” para postular a la presidencia. Este último solo quiere seguir los pasos de su padre en el Congreso.

En el Perú, podemos decir que estamos en un cambio de época, donde el fujimorismo y el alanismo van rumbo a la desaparición; pero no es un cambio de orden. La estabilidad y pacificación impuestas por Fujimori (Martha Chávez dixit) están garantizadas aún sin algún Fujimori. Por el momento, no hay nadie al frente que amenace ese orden y que asuste lo suficiente a la derecha para buscar su Bolsonaro peruano.