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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

Haya, el olvidado

Cuarenta años se han cumplido de la partida física de Víctor Raúl Haya de la Torre. La efeméride ha pasado desapercibida pese a ser un número redondo. Salvo algunos pocos contactos apristas en redes sociales (críticos de Alan García) que anunciaron pequeños actos conmemorativos, el aniversario de la defunción del político que, sin ser presidente, dominó la escena nacional en el siglo XX, parece haber sido olvidado por propios y extraños.

Algunas razones parecen ser de coyuntura política y hasta deportiva. La reciente propuesta del presidente Martín Vizcarra de adelantar las elecciones generales al año 2020 es el principal tema del debate político. La realización de los Juegos Panamericanos en Lima, en los que la representación nacional viene cumpliendo la mejor faena de su historia, gracias a nuestros representantes en el atletismo y el surf, también está siendo comentada y saludada ampliamente. Podría decirse que la atención de los peruanos está dirigida al presente.

Pero ese olvido también obedece al propio desprestigio del Apra, fundada por Haya primero como movimiento político con doctrina latinoamericana en 1924 y luego como partido nacional en 1930. El suicidio de Alan García ha sumido a la agrupación de la estrella en una crisis mayor que la que ya padecía. Si con el dos veces expresidente tenía un rechazo mayoritario; ahora sin cabeza y con sus seguidores defendiendo su cuestionable herencia, el partido aprista parece condenado a la desaparición. Y con ello, la memoria de Haya.

Ese desprestigio también ha ocasionado que el Día de la Fraternidad, conmemorado cada 22 de febrero por ser la fecha del natalicio del fundador del aprismo, quede en el olvido. Antaño, su realización era un acto multitudinario celebrado en la avenida Alfonso Ugarte, donde se encuentra la sede principal del partido. Hasta ciudadanos no apristas asistían por curiosidad. En los últimos años no ha congregado masas y solo ha tenido actos discretos e intrascendentes.

El Apra ha sido un partido de vaivenes. De retórica revolucionaria y antiimperialista en su fundación, fue perseguido en sus dos primeras décadas de existencia. Pasó a ser reformista pero la dictadura de Odría lo puso contra las cuerdas. Tuvo que pactar después con sus antiguos perseguidores y con la derecha que no lo quería en el poder. En tiempos del general Velasco intentó recuperar su discurso original. Luego de la muerte de Haya, Alan García lo llevó al gobierno, y de ser la esperanza y la inspiración del progresismo latinoamericano, terminó dejando un país casi en ruinas. Aún con eso último, mantuvo un importante sector militante que resistió defendiendo el legado de Haya y acompañando las luchas contra el fujimorismo. El regreso a la democracia, devolvió a García otra vez al escenario político y al segundo intento fue nuevamente electo.

La vuelta de García al primer plano en este siglo significó el abrazo definitivo al fujimorismo y a la derecha. Y con ello, el abandono final de las banderas progresistas que enarbolaba. Un segundo gobierno conservador y corrupto hizo que pierda el gran apoyo que tuvo. Un primer indicador fue la elección de 2011, en la que se quedó sin su candidata invitada Mercedes Aráoz (que ahora quiere ser presidenta) y apenas logró cuatro curules. Cinco años después, con García como candidato y pese al discurso que difundía de un supuesto segundo régimen exitoso, apenas sumó cinco por ciento y solo consiguió que cinco de sus acólitos llegaran al Congreso.

Esa derrota debió llevar a García al retiro en sus cuarteles de invierno y dejar que el Apra tenga una verdadera renovación. Su pérdida de sentido de la realidad sobre el rechazo mayoritario a su figura hizo que siguiera tozudamente en un espacio en el que estaba fuera de juego. Y que más allá de las evidencias en su contra en el caso Lava Jato, terminó empujándolo a un final inesperado y trágico.

A esto se agrega que la cúpula y la clientela que heredó el poder de García en el partido representa algo distinto al legado ideológico de Haya. Pese a los pactos del pasado, el emblemático líder aprista siempre reivindicó una orientación latinoamericanista, nacional y popular. En este siglo, el Apra es conservadora y fomentadora de lo reaccionario. Es el partido que soñó tener Pedro Beltrán.

Ese rechazo al Apra actual arrastra a la figura de Haya, que más allá de los reconocimientos y críticas que despierte, fue quien organizó por primera vez en la historia peruana a diversos sectores postergados de la sociedad en un gran movimiento político. Y que sin llegar a tener el poder en cincuenta años, tuvo una influencia importante en la vida nacional. El antiguo líder estudiantil rebelde, el incansable orador en plazas públicas, el encarcelado en el Panóptico, el negociador con Bustamante y Benavides, el asilado cinco años en la embajada colombiana, el consentidor de los pactos de Ramiro Prialé, el formador de nuevos cuadros en el Buró de Conjunciones y el presidente de la Asamblea Constituyente que produjo la Carta Magna de 1979 merece un mejor lugar en la historia.