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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Profesor y Coordinador de la Maestría de Sociologìa Unidad de Posgrado de Ciencias Sociales

Haya y Mariátegui, nuevamente

Es una pena que el libro editado por Javier Landázuri sobre el periodo formativo del partido aprista (Los inicios) −basado en valioso material inédito, como correspondencia personal/política extraída de los archivos personales de Armando Villanueva del Campo y de Luis Heysen, además de la reproducción facsimilar de la revista APRA y del cuaderno de actas de la fundación de dicha organización política−, haya pasado prácticamente desapercibido para los comentaristas. Es muy poco lo que se ha escrito sobre esta publicación, especialmente por parte de quienes deberían haberlo recibido con mayor entusiasmo, es decir, los propios militantes y simpatizantes apristas.

Solo encontramos algunas referencias ocasionales y breves de algún articulista de dicho partido y pensamiento, pero aun en estos casos la conclusión a la que arriban es opaca y burocrática: “Haya ganó la polémica a Mariátegui”, o para algunos otros queda claro que Mariátegui era aprista de corazón.

Uno se puede preguntar si esto es todo lo que se puede decir después de leer las más de 700 páginas que componen el mencionado libro. ¿O simplemente no se lo leyó y se recurre a los prejuicios más que a la reflexión? Resulta sorprendente que en tan abundante y rico material no se hayan encontrado otros temas de interés que ameriten al menos algún cuestionamiento como la relación entre moral y política, entre intelectuales y política, la historia de un debate ideológico y político fundamental para el Perú, hasta incluso la psicología de los personajes (Haya, Mariátegui, Ravines, Heysen) que se insinúan en las cartas. Lo más fácil es repetir “Haya ganó”. Pero ¿tiene asidero esta aseveración? Veamos.

Afirmar la victoria del líder del aprismo en la célebre polémica esconde un gran despropósito, pues se juzga de manera inequitativa a un Haya que vivió 80 años contra un Mariátegui que apenas llegó a los 36. En general, se dice que aquel ganó porque sus ideas guardan actualidad y que fue un visionario, sin mencionar que tuvo tiempo y oportunidad para modificar, adecuar o modernizar sus reflexiones, algo que no tuvo Mariátegui. Se trata, en suma, de una falacia. Al momento de morir Mariátegui, el 16 de abril de 1930 (fecha que debemos considerar como límite al momento de comprender el enfrentamiento de estos dos personajes), ambos pensaban de manera bastante similar: recusaban las instituciones demo-liberales, creían en la opción revolucionaria, se reclamaban marxistas y antiimperialistas. (Además, Haya, recordémoslo, aún no había publicado su libro insignia, El Antiimperialismo y el APRA, lo que recién ocurriría en 1936, en Santiago de Chile, en donde sí despliega sus discrepancias con el marxismo peruano). Después de la fecha de la muerte de Mariátegui solo quedaría uno de los contendientes, Haya, a quien algunos comentaristas quieren hacerlo ganar por walk over.

Pero lo más importante es que tanto Haya como Mariátegui vivían momentos de crisis. Por un lado, Haya debía afrontar el desbande de sus filas, la pérdida de la célula de París −la más importante del naciente aprismo−, a manos de Ravines, además de estar en el exilio y enfermo; por otro lado, Mariátegui, ya gravemente enfermo y recluido en su hogar, afrontaba la división de sus huestes, estaba acosado por la Comintern, socavado por Ravines (otra vez este personaje al que se le debe un estudio profundo), enfrentado a Haya y, finalmente, organizando el viaje a Argentina que su muerte frustró. En sentido estricto, ninguno se había impuesto al otro.

Con el recuerdo de estos datos es más difícil afirmar simplistamente que Haya ganó; la situación es más compleja. Por ello es recomendable leer el libro que Javier Landázuri ha puesto a nuestra disposición, con ojos limpios y mente abierta. Como se lo merece.