Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Huamanga: La Universidad en la Independencia

La razón existencial de la universidad es encaminar el cambio de su país. Y con malas o buenas consecuencias, la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga a lo largo de su existencia constantemente propuso y encaminó proyectos de cambio.

Durante la década del setenta y los primeros años ochenta fue el centro de activismo y proselitismo de Sendero Luminoso e incendió la pradera. Tras la derrota senderista, la Universidad de San Cristóbal pagó las mayores consecuencias: sufrió el éxodo de sus principales intelectuales, se suprimió la enseñanza de la filosofía y sus estudiantes fueron estigmatizados como “terroristas”. Pero no sólo encaminó este proyecto negativo para el país y la región. Desde los últimos años del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX, la Universidad de Huamanga, fue la institución del germen de las ideas independentistas, sus estudiantes lideraron las luchas y sus claustros fueron los principales centros de reconocimiento al triunfo patriota.

En la Universidad de Huamanga el germen del rechazo a la administración borbónica y la lucha independentista fue dirigido por el catedrático Francisco Pruna Aguilar, quien casado con la hija de don Manuel Palomino  de Mendieta, al mantener estrechas relaciones con las familias nobles más influentes, autoridades eclesiásticas y políticas de la ciudad, fue difundiendo los ideales separatistas.

La historia nos recuerda que el catedrático mantenía encuentros y conversaciones a altas horas de la noche con el Dean, doctor don Andrés Alarcón. Con una comitiva, acostumbraba recorrer por las calles motivando el rechazo a la administración borbónica del Intendente don Demetrio O´Higgins y mantenía comunicaciones con el abogado de la Audiencia de Cuzco, el doctor don Pedro Sarroa.

A principios del año 1800, el doctor Francisco Pruna Aguilar tenía “alborotada la ciudad y a todos escandalizados”. Al rechazar la administración de los Borbones mandó a sus indígenas pongos abarrotar las calles, la plaza y algunas instituciones con “guano de su casa y una porción de plumas de gallina”. Asimismo, prohibió el cobro de la sisa, encabezó a los pulperos dejar de brindar su apoyo económico para el alumbrado, impidió a los indígenas hacer la limpieza de las calles. Dirigió un “exceso alboroto, censura y desacato a las autoridades y con el apoyo de sus “parientes y parciales don Agustín Ávalos, don José Olivares y los chapetones” difundió las noticias de un levantamiento generalizado y el arribo de un grupo de rebeldes desde Lima y Parinacochas.

De otro lado, en el contexto de las primeras expresiones armadas entre 1813 y 1819, en la cual se produjo la toma de Andahuaylas por un grupo de 40 sediciosos que terminó con la deposición del  Subdelegado, la toma de la ciudad de Huamanga por un brazo de la rebelión cusqueña en 1814 y la insurgencia de los Morochucos. La participación de los estudiantes sancristobalinos Valentín Munarriz y José Alvarado fue muy comprometida y el 7 de octubre de 1814 participaron en la primera jura de Independencia del Perú en Cangallo.

Antes de la Batalla de Ayacucho, la Universidad de Huamanga el 14 de setiembre de 1824, con motivo de la segunda llegada de Simón Bolívar, junto con los doctores, estudiantes y principales autoridades universitarias dieron el recibimiento y brindaron un homenaje patrio al Libertador.

La Universidad de Huamanga en el proceso de la Independencia constituyó el crisol de las ideas liberales. Sus doctores abanderaron los primeros rechazos a la administración virreinal, sus estudiantes lideraron los levantamientos, las correrías rebeldes, los claustros de la universidad fueron sede  de los homenajes y reconocimientos de los patriotas y lograron la ansiada victoria en la Batalla de Ayacucho.