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Una publicación de la asociación SER

ILAVE (Publicado el 28/04/2004)

El lunes 26 de abril del año 2004 fue asesinado Cirilo Robles, alcalde de Ilave. Ese mismo día Ricardo Caro y Javier Torres, miembros del equipo de SER escribieron el artículo que compartimos a continuación y lo difundieron a través de un correo electrónico con el título Alerta SER: Ilave, el cual fue publicado al día siguiente por el diario El Comercio con el título de Ilave: Nuestro Fracaso. Por su vigencia frente a los conflictos que ocurren 15 años después y por ser el origen de Noticias SER lo compartimos hoy con nuestros lectores.

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Los lamentables sucesos de Ilave manifiestan la incapacidad del Estado en brindar mecanismos de resolución de los conflictos que afectan cotidianamente la vida de los ciudadanos. De otro modo, es también la señal de la fragilidad de una sociedad civil que es incapaz por cuenta propia de organizar una alternativa frente a la inoperancia del orden constitucional. La anarquía que se ha coronado con el asesinato de la autoridad electa, es la marca de un fracaso colectivo, apenas anunciado. Es también la repetición  de la actitud estatal y civil que tiñó de sangre el país en las dos décadas pasadas, cuando más de 200 autoridades fueron asesinadas por los grupos subversivos, y cuando, sólo en 1989, más de medio millar de las autoridades electas desertó de sus puestos por causa de las amenazas y la violencia desatadas.

En el contexto de este levantamiento, el significado del asesinato ¿cuál puede ser? Fernando Cirilo Robles Callomamani fue electo por ciudadanos de Ilave, ¿qué sentido o valor le queda a la representación política en un lugar donde el cargo, cuando la turba lo decide, no vale ni para sostener la vida de nadie? ¿Acaso nuevas elecciones restituirán sencillamente la moralidad de la representación política? El orden político expresa también un orden moral, una pauta de comportamiento colectivo, una “hoja de ruta” de las ambiciones individuales y grupales, una clave del bien común. ¿Basta acaso que restituyamos un “orden” en Ilave para considerar el problema zanjado?

De otro lado, como resalta por las declaraciones públicas de los pobladores, el desborde y asesinato tendría como causa inicial de la crisis política el ejercicio impune de  la corrupción y el manejo de la cosa pública como un botín privado. Y esto no es singular de Ilave, sino que se repite a lo largo y ancho del territorio nacional donde la mayoría de conflictos y reclamos de revocatorias, vacancias y tomas de locales municipales están referidos a denuncias de corrupción, nepotismo, mal manejo de fondos, obras no ejecutadas, etc.

Si algo nos dejó el fin del fujimorismo fue la sensibilidad a flor de piel frente al aprovechamiento del poder. Muchos podrán afirmar que de ese sentimiento pro activo al linchamiento de una autoridad hay una brecha enorme. Pero es la ausencia de mecanismos ágiles y eficientes, y lo que es peor la ausencia del ejercicio de la política, la que lleva a que estas justas protestas devengan en un estado de guerra o anarquía como el que ha vivido la ciudad de Ilave durante mas de veinte días.

Los diferentes sectores del estado involucrados, como es costumbre deslindarán responsabilidades, y tratarán de mostrar que cumplieron. Lo que es cierto es que no hubo respuesta  a los reclamos de la población de Ilave, ni tampoco hubo una estrategia de seguridad frente al posible desborde, ni frente a la amenaza dirigida a los representantes políticos locales.  Se podrá alegar que basta con la reforma de algunas leyes para evitar  estas tragedias, pero la ley no va  regir y estar vigente sino hay un Estado que afirme el principio de autoridad, y si no hay ciudadanos que asuman como propios los principios y las normas que organizan y legitiman ése Estado. La población de Ilave no encontró salidas a sus protestas ni tampoco fue reprimida por su movilización. No hubo ni lo uno ni lo otro. Solo un enorme vacío, que además se profundiza más cuando los Congresistas Puneños, salvo la excepción del congresista Lescano, no hicieron nada por atender a quienes supuestamente representan.

Los responsables directos del crimen deberían ser juzgados, procesados y condenados si es que no queremos legitimar el linchamiento como una forma de resolución de conflictos. Los responsables políticos a su vez deben asumir las consecuencias irreparables de su actuación política y presentar sus cartas de renuncia cuanto antes. Los peruanos en general tenemos que asumir que el caso Ilave será recordado como un hecho aislado en tanto la sociedad como el estado demos respuestas claras y firmes a la corrupción que atraviesa a la República. De lo contrario, Ilave será recordado como el inicio del fin de la crisis de un estado que excluye y es indiferente ante los problemas de los ciudadanos.