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Una publicación de la asociación SER

¿Individuos o sociedad?

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Paco Muguiro Ibarra s.j.                          

Este dilema es falso porque todos sabemos que los individuos sin la sociedad, que nos acoge y nos acompaña, son nadie, y que la sociedad sin individuos tampoco es posible. En realidad, la historia de la humanidad va dando bandazos sin encontrar qué es lo más adecuado para los individuos que vivimos en sociedad. En la actualidad venimos marcados desde el siglo pasado por los principios individualistas de Margaret Thatcher, que decía: “Existe el individuo, la sociedad no existe”. De esa manera privilegiaba lo individual y lo privado frente a lo colectivo y lo público. Bajo esta alternativa venimos viviendo en Occidente desde hace más de 50 años, como opción a que unas décadas antes una gran parte del mundo en Oriente vivió de un paradigma que privilegiaba la sociedad, lo común, lo público sobre el individuo, sobre lo privado.  Era un mundo bipolar en ese entonces. Pero ¿qué pasó? Que se cayó uno de los dos polos, el paradigma que privilegiaba lo común, lo público.

Y en estas circunstancias nos cae el coronavirus que, por supuesto, hemos provocado nosotros destruyendo la biodiversidad de la naturaleza -que era su casa-, porque nunca creímos que nos iba a hacer frente, que nos iba a atacar cumpliendo con ese refrán que dice “la mejor defensa es el ataque”. Nos creímos los dueños del planeta, de sus leyes y de su naturaleza a la que creíamos que podíamos manejar, explotar y destruir. Y sólo cuatro meses han bastado para que nos diga: “ustedes podrán manejar la bomba atómica y destruir, pero a la naturaleza no la manejan; más bien la desordenan y destruyen”.

Por ello, con nuestro ataque a la naturaleza, destruyendo la riqueza de la biodiversidad, hemos dejado sin hábitat, sin casa, a un montón de virus, que se han convertido en “ocupas” o inquilinos de nuestras casas y de nuestros cuerpos en todo el mundo. Ya son cerca de 500 mil las personas fallecidas y aún queda mucho por resistir.

Y resulta que ante esta pandemia, no nos salvamos individualmente, sino colectivamente y que los sistemas privados no sirven, que los que sirven son los públicos a los que hemos ido quitando presupuestos. El virus nos grita: “ustedes no son individuos, son comunidad, no pueden vivir aislados, ni siquiera los países pueden mantenerse aislados, sin comunidad, tienen un origen común y un destino común. Al “virus ocupa” no lo desaloja ni el individuo solo, ni el país solo; o lo desalojamos todos o seguirá siendo una amenaza para todos y por mucho tiempo, a lo mejor hasta que le devolvamos y respetemos su casa El otro día decía bien un enamorado de la naturaleza: “Yo no quiero volver a   aquella normalidad porque es la causante de esta crisis.”

Diversos columnistas lo han expresado así:

- “Habrá que invertir en la sanidad pública, porque la privada sirve para lo que sirve…..Ahora se pone en evidencia, más allá del sistema sanitario, la necesaria prioridad  de lo público en la reorganización de la economía y la sociedad….La depresión y la II Guerra Mundial exigieron romper el fundamentalismo del mercado, para proteger derechos sociales  y la vida en general, aun conservando el dinamismo del mercado, para aquello en lo que es útil” ( Manuel Castells, La Vanguardia, Barcelona 18 de Abril)

- Y subrayo “nuestros” porque igual que la respuesta a la pandemia es colectiva o inútil, nuestra devastación económica será compartida o fallida” (Lluis Amiguet)

- “Frente a todas las incertidumbres… hay una certeza, que es la necesidad de un nuevo contrato social que fortifique lo público; cuando viene las crisis, lo común, lo público y lo colectivo son salvavidas” (Jessica Albiach, La Vanguardia, Barcelona 10 Abril, 2020)

Como es difícil que devolvamos el 20% de biodiversidad que hemos destruido y aunque todavía estamos a tiempo de no perder el otro 25%, que se encuentra en peligro de extinción, vendrán nuevos “virus ocupas” a nuestra casa común. La respuesta para esta situación es fomentar lo público, lo común, la solidaridad, la ciudadanía mundial, en lugar de lo individual, lo privado, las fronteras y los muros. Esa es la única ruta posible para estar mejor preparados frente a los nuevos ataques de la naturaleza herida.

                      

20 de Junio 2020, Manresa, Barcelona, saliendo del confinamiento