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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

John Earls

Hace varios domingos los diarios informaron que un nuevo grupo de ciudadanos y ciudadanas nacidos fuera del país, se habían convertido en connacionales. Un detalle destacado fue que la foto que acompañaba la nota periodística destacaba un rostro conocido: el antropólogo John Earls, de origen australiano, era oficialmente peruano.

Si bien la noticia fue toda una sorpresa, para quienes conocimos a John en algún momento de nuestras vidas, no nos pareció extraña. Creo que muchos sentimos que este acto – un rito en todo el sentido antropológico del término – solo legalizaba una situación que ya era real: a John lo sentimos como uno de los nuestros desde hace mucho, mucho tiempo.

De John siempre se contaban historias. Dicen que se vino al Perú desde su lejana Australia después de leer una novela de Arguedas. Sabemos que recaló en Ayacucho donde estudió antropología y conoció a Hilda Araujo, la compañera de toda su vida. Salieron de allá por amenazas de Sendero Luminoso que empezaba a ocupar el campo ayacuchano como preparación a su insurrección armada. Llegó a la PUCP que se convirtió en su casa, desde la cual continuó con sus investigaciones, esta vez en otras regiones del país.

A los ojos de cualquier mortal, antropología y física son disciplinas con pocos vínculos entre sí. Las investigaciones realizadas por John en Ayacucho, Cusco y otras regiones encontraron el puente entre ambas disciplinas, sumando a algunas otras más (matemática, biología, ecología). Esta curiosa combinación marcó una pasión por comprender y revalorar las tecnologías tradicionales andinas, las del pasado y las del presente.

De eso nos hablaba en clases. Y lo hacía con un conocimiento profundo, basado en un amplio trabajo de campo - ese instrumento tan apreciado por los antropólogos – pero sobre todo con una emoción desbordante, con decenas de historias y anécdotas. Las comunidades de la cuenca del río Pampas o Moray pasaron a formar parte del léxico básico de los estudiantes de antropología en la PUCP  de los ochentas y noventas. Y el interés por explorar las sabidurías andinas se despertó en varios de quienes compartimos aulas esos años.

Las opciones profesionales impidieron que nuestros caminos se crucen en todos estos años. Pese a ello, y a juzgar por los comentarios que la noticia recibió en redes sociales, la admiración y el cariño hacia John ha permanecido por décadas entre quienes tuvimos la suerte de tenerlo como profesor (algunos dirán también como colega). Y recibir la noticia de su nacionalización es tan solo un detalle adicional en la enorme geografía del afecto que su figura nos inspira.

 

Twitter: @RivasJairo