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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

Jubilatio

El 28 de diciembre Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, cumplirá 75 años de edad y con ello, de conformidad con las normas internas de la Iglesia Católica, deberá presentar su renuncia al cargo y pasar a ser un obispo emérito, es decir, un jubilado. Para quien ha tenido una actuación descollante en la escena pública nacional, quien no ha huido, sino por el contrario ha plantado cara y hasta ha buscado la confrontación con sus adversarios, vendrán días sombríos, pues debe costar asimilar la ironía de pasar a ser un general sin mando de tropa.

Sobre su controvertida trayectoria de pastor y ciudadano se han escrito y escribirán muchas cuartillas. En su larga lista de deudas figura en primer lugar, el haber cerrado la puerta a viudas y huérfanos que buscaban a sus familiares desaparecidos en medio del sangriento conflicto armado que todos padecimos, cuando fue arzobispo de Huamanga. En esa encrucijada, más que por la escucha y la caridad, optó por las razones de Estado y su guardia pretoriana. Esa opción lo llevó a respaldar a un presidente que luego, como se sabe, fue condenado por tribunal imparcial por varios delitos. Es verdad que en las postrimerías del régimen zanjó con el asesor, aunque algunos opinan que su enemistad provino del hecho que el asesor filtró el video que mandó grabar cuando, con lenguaje grosero y hasta procaz, se dirigió a los mandos de la milicia: https://www.youtube.com/watch?v=omDeoZwG4lc https://www.youtube.com/watch?v=njXiraip-jM

Su ascenso al arzobispado de Lima y luego al cardenalato se debió, sin duda, a la audaz intervención que tuvo en el episodio del secuestro de la residencia del embajador japonés en el verano del 97, cuando se ofreció -motu proprio- como mediador, desplazando y hasta indisponiendo al equipo de la Cruz Roja Internacional que había iniciado esa labor. Lástima que no tuviera el desenlace incruento que todos esperaban, incluido el gobierno de Japón. Nadie sabe qué insondables reproches se hizo Cipriani la tarde del asalto, para desencadenar el llanto que todos los peruanos le observaron en los canales de televisión. ¿Acaso supo que la orden era liquidar a todos los emerretistas con los que esa mañana había conversado?[1]

Su gestión en la sede de Lima ha sido marcada por su fuerte personalidad, convencida de su misión salvadora, como que es el primer cardenal de la congregación de la Santa Cruz y Opus Dei, a la que el Papa Juan Pablo II elevó al rango de Prelatura Personal. Fuerza de convicciones, más fuerte que su sentimiento de fraternidad, que lo llevó a sancionar con el silencio a los teólogos Eduardo Arens y Manuel Díaz Mateos por discrepancias que él consideraba doctrinarias. También prohibió al P. Gastón Garatea, ex presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza, celebrar misas fuera de su comunidad recoletana. Siguiendo la misma línea, a fines del 2012, suspendió el permiso para la enseñanza a los profesores de teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, sin dar razón alguna: http://puntoedu.pucp.edu.pe/noticias/sobre-el-dictado-de-cursos-de-teologia-en-la-pucp/.

Su prédica sobre el respeto a la verdad se vio duramente desmentida cuando el público lector fue enterado que el obispo Cipriani plagiaba textos en los artículos que le publicaba El Comercio, diario que, por tal razón, dejó de hacerlo, como se explica en:

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/retiro-columnas-cardenal-cipriani-195589

Ese claro liderazgo en el Opus Dei, no consiguió, sin embargo, la simpatía de sus hermanos obispos, que, insólitamente, en cuatro oportunidades le negaron el voto para elegirlo como Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Otros observadores señalan que ese “no voto” revela la incomodidad de los obispos por su actitud confrontacional que alejó a muchos de los fieles que se acercan con sincero corazón a la Iglesia. Su orden para que en las parroquias de Lima se niegue los sacramentos, y en particular el de la comunión, a los convivientes, los separados y divorciados, no tiene precedentes.

Las directivas que impartió para que cada parroquia busque cómo autosostenerse, sobre la base de los óbolos de sus fieles, fueron cuestionadas por sus detractores, que afirman que más bien fue ganado por el becerro de oro. Señalan como prueba el encono que puso para controlar el legado de Riva Agüero y Osma a la Pontificia Universidad Católica.  La otra es que no le importó cerrar al más antiguo colegio de la Iglesia peruana, el Externado de Santo Toribio –fundado en 1847-  y ceder su nombre y su local a un banco y su proyecto educativo empresarial. ¿Prefirió las rentas, a cambio de la educación moral y espiritual de miles de niños en la tradición de nuestra Iglesia? http://www.revistavelaverde.pe/la-garra-de-cipriani/

En otro de los penosos episodios protagonizados por él y que aumentaron su desprestigio, en medio de la campaña #Ni una Menos, fue cuando puso en duda el testimonio de las violentadas, como se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=SxCGEe0y_GE

Esa actitud machista, poco ortodoxa aún dentro del conservadurismo eclesial, seguramente lo ha llevado a sellar la alianza con las sectas fundamentalistas del evangelismo en el movimiento transnacional #ConMisHijosNoTeMetas, que pretenden volver atrás la rueda de la historia, pero que seguramente no prevalecerá por mucho tiempo, ya que reina un Papa reformador y dispuesto, ahora, a llevar a la justicia laica a los curas pederastas.

 

 

[1] Defense Intelligence Agency. Intelligence Information Report. "IIR [REDACTED] COMMANDO EXECUTION OF MRTA HOSTAGE TAKERS AND 'TAKE NO PRISONERS' ORDER." 10 de junio de 1997. En línea en la página Web del National Security; citado en: https://es.wikipedia.org/wiki/Toma_de_la_residencia_del_embajador_de_Jap%C3%B3n_en_Lima