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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Profesor y Coordinador de la Maestría de Sociologìa Unidad de Posgrado de Ciencias Sociales

La agresión a José Carlos Mariátegui

En su artículo “Malas tendencias. El deber del Ejército y el deber del Estado”, aparecido en el primer número de la revista “Nuestra Época” el 22 de junio de 1918, Mariátegui comenta el discurso que pronunciara el coronel Enrique Ballesteros señalando: “Ningún Estado debe mostrarse en verdad más parco y discreto que el Estado Peruano en esfuerzos militares”. Se trata de una arenga anti-armamentista pero de tono mesurado. Sin embargo, en algunos oficiales del Ejército cayeron muy mal las palabras del entonces joven escritor, pero ya reconocido como un distinguido hombre de letras. Su protesta no fue nada pacífica, por el contrario, creyeron que lo más conveniente era intimidar a Mariátegui.

Para ello lo siguieron y lo agredieron en la calle. No contentos con ello, algunos militares, encabezados por el teniente José Vásquez Benavides, invadieron la redacción de “El Tiempo” (en cuyo local se editaba “Nuestra Época”), que era dirigido por Pedro Ruiz Bravo. Los uniformados llenaron de patadas y puñetes a Mariátegui, pero el teniente Vásquez Benavides fue más allá: saltó sobre el escritor y, sin respetar la inferioridad física de este, lo atacó inmisericordemente con un latiguillo. Mariátegui se defendió como pudo hasta que cayó al piso.

La noticia del abuso se desparramó rápidamente por Lima y otras ciudades del país y provocó el surgimiento de una corriente de protesta contra la agresión a uno de los periodistas más importantes del Perú y en defensa de la libre actividad de información. Las consecuencias fueron prácticamente inmediatas: renuncia del Ministro de Guerra y el pase a la disponibilidad del Jefe de Estado Mayor del Ejército, Manuel María Ponce (quien después del golpe de Estado dirigido por Luis M. Sánchez Cerro contra Augusto B. Leguía, fuera presidente del Perú entre el 25 y 27 de agosto de 1930, en tanto presidente de la Junta Militar de Gobierno).

Mariátegui, herido en su orgullo, acepta batirse a duelo con su agresor. El resultado era esperable dadas las diferencias físicas. Oportunamente, los padrinos pudieron disuadir a los duelistas. El periodista no hubiera salido bien librado y hasta quizás hubiera sido muerto. Lo que no se pudo evitar fue el resentimiento de Mariátegui contra Ruiz Bravo, y en carta del 25 de junio de 1918 le recrimina no haberle apoyado y le informa que “ante la agresión de que he sido objeto en las oficinas de "El Tiempo", violadas y vejadas por el tumultuoso grupo de oficiales del ejército que la perpetró, me hace sentir el deber imperioso de apartarme de este diario al cual me trajeron, con la complicidad dolorosa de mi abulia y mi inquietud, solicitaciones de usted”.

Gracias a la información del historiador André Samplonius pude conocer la información que sobre la agresión a Mariátegui salió publicada en “La Semana. Revista de crítica, literatura, humorismo, política y asuntos generales” de Arequipa, y que se encuentra en la Biblioteca Nacional del Perú. En el número 9 de “La Semana”, del 4 de julio de 1918, en el editorial titulado “En serio”, los redactores se solidarizan con Mariátegui, “uno de los más notables literatos de la nueva generación, que se ha distinguido siempre por sus campañas nacionalistas”, e invocan a no atribuir el comportamiento de algunos oficiales del ejército con la conducta institucional. Acompaña a la nota una caricatura representando la agresión a Mariátegui, que ahora presento al público en general.