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Una publicación de la asociación SER

La crisis boliviana vista por una activista aymara katarista

Bolivia viene sufriendo una grave crisis política desde las elecciones del domingo 20 de octubre. La coyuntura se inició cuando el conteo de las votaciones –a cargo del Tribunal Electoral de Bolivia – fue paralizado por casi 24 horas cuando aún la diferencia entre Evo Morales (Movimiento al Socialismo, MAS) y Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana) daba a entender que se iría a una segunda vuelta. Cuando se reabrió el conteo, se daba por vencedor a Morales. Las reacciones no se hicieron esperar. La situación que sugería una maniobra del MAS para mantenerse el poder, llevó a Mesa a rechazar los resultados y llamar a la protesta. No tardaron en generarse los enfrentamientos entre ambos frentes políticos y sus partidarios. Esto se agudizó cuando Morales adujo que se estaba planeando un golpe de estado en su contra.

No pueden negarse los logros del MAS en la sociedad boliviana, marcada por décadas de injusticias raciales y políticas anti-indígenas. Se argumentó que Morales era el único líder capaz de hacer frente a un posible retorno de la derecha. Más allá de que el “jefazo” hubiera podido batallar contra sus opositores, lo cierto es que su gestión nunca se preocupó por crear otro liderazgo. El personalismo de Morales ha llevado a cuestionar la legitimidad de su gobierno, incluso desde el frente indígena de su país.

Ante las presiones internacionales de la OEA, Morales y compañía aceptaron la auditoría del conteo de las votaciones. El MAS ha optado por una posición dialogante a la fuerza. De no ser por las protestas de Mesa dicho arbitraje internacional nunca hubiera sucedido. ¿Se trata de un político caprichoso que se niega a aceptar su derrota? Mesa, sin duda, no es precisamente un candidato ideal, siendo además próximo de las élites cruceñas. Mucho menos se ha caracterizado por su interés en las culturas indígenas del país -valga recordar su desafortunada intervención en “la guerra del gas” en 2003-. No obstante, el reclamo es válido en un sentido democrático. A saber: cuestionar la legitimidad de Morales ante acusaciones de corrupción y pretensiones personalistas de poder. Durante años, el MAS ha construido su poder declarándose el partido de la causa indígena, de la liberación y la justicia. Estos planteamientos se ven ahora seriamente puestos en entredicho. Si Morales asume la presidencia tendrá que exigirse a sí mismo una nueva visión del país.

Bolivia no es masista, aunque los adeptos al MAS quieran seguir creyéndolo, negándose a aceptar críticas, derrotas, cuestionamientos. Por un lado, el actual gobierno se ha manifestado colaborador de la auditoría, según las declaraciones del ministro de Comunicación, Manuel Canelas. Por otro lado, el vicepresidente García Linera, no sin cierta prepotencia, no ha dudado en llamar a Mesa “candidato perdedor”, afirmando que Morales ya ha vencido en las elecciones (declaración del 29 de octubre). Insiste además con el respeto a un voto popular que el mismo MAS parece desconocer.

Estratégicamente, Mesa ha optado por una posición que refuerza su postura y le hace ganar partidarios. Ha tenido un perfil más bajo, adhiriéndose a las leyes internacionales que permitan una salida bajo las pautas más dialogantes. No se extraña así que haya rechazado la auditoría de la OEA que venía realizándose de manera unilateral con el Estado (declaración del 30 de octubre). No hay que olvidar además que Luis Almagro, secretario general de la OEA, no dudó en apoyar la reelección de Morales en mayo de 2019. Considerando estos factores vale preguntarse: ¿La posición de Mesa ha motivado la sorpresiva renuncia de Arturo Espinosa, jefe de la misión de la OEA que audita las elecciones del país, ocurrida el 2 de noviembre? Cierto o no, Mesa ha conseguido no solo que el conteo de los votos haya sido cuestionado, sino también ha deslegitimado la auditoría que pretendía solucionar la crisis. Pareciera que estamos ante un agitador de hogueras, pero una vez más quiero remarcar que Mesa está poniendo en aprietos la legitimidad y las estrategias del MAS.

Entre una y otra posición la polarización ha aumentado. Este es el contexto actual en Bolivia, donde las dicotomías se han erizado y donde ante la mínima provocación pareciera advenir la represión del Estado a las protestas de los ciudadanos. Personalmente, considero que Morales es uno de los principales responsables de esta situación Su deseo de reelección -ya habiendo el antecedente de su manipulación constitucional para reelegirse a pesar del plebiscito del 2016-, su aviso de hoguera sobre un golpe de estado y declarar estado de emergencia -cuando no había un motivo concreto- no han hecho sino aumenta el conflicto. Posiblemente, esperanzando en su propio poder, no esperaba este resultado. Y ahora el propio MAS ha entrado en contradicciones. Por un lado, sus partidarios se adhieren en redes al pacifismo y se han vuelto reflexivos demás; por otro lado, la represión del gobierno prosigue, combustionando más las susceptibilidades de la población. Sobre esta crisis, Wilmen Manchaca ha señalado:

“Si el gobierno no sabe administrar muy bien la cuestión, y se desencadena la violencia por parte de las instituciones del orden, si eso ocurriera, la gente se puede sobrepasar en las calles. Esto generalmente es un elemento que determina o define la conflictividad en Bolivia. Cuando hay muertos, cuando se ve un desborde de uso de la fuerza desmesurado, es que la gente se solidariza con las causas. Hay que tomarlo muy en cuenta porque hay bastante indignación por la susceptibilidad de que las elecciones no fueron llevadas de la manera más correcta”.

A la luz de esta crisis, mi interés inmediato fue conocer la perspectiva aymara. En este sentido, me puse en contacto con Roger Adan Chambi, activista indianista-katarista del Colectivo Curva. En diálogo con él pude contactar con otros activistas aymaras para organizar una serie de preguntas que nos permitan visibilizar sus posiciones en este contexto. Además de Chambi, tuvimos la oportunidad de escuchar a Claudia Condori (movimiento katarista) y a Wilmer Machaca (activista indianista-kataristas, miembro del colectivo Jichha). La imagen indianizada y “revolucionaria” del MAS es cuestionada; se hacen notorias las acusaciones de la corrupción, como lo ocurrido en el Referéndum del 21 de febrero de 2016 o 21 F; y se enfatiza el caso de las represiones en Achacachi.

Comparto las respuestas de la hermana Claudia Condori dadas el 22 de octubre. En el actual momento donde la crisis se ha acentuado, este diálogo nos ofrece otro modo de leer la realidad boliviana desde las voces aymaras.

¿Qué irregularidades en las elecciones ustedes, como parte del movimiento aymara, han visto o entendido? ¿qué no estuvo claro en esta campaña política de parte de ambos partidos?

La campaña en Bolivia, sobre todo, del MAS y los partidos de oposición ha sido bastante peculiar porque hemos visto que en esta elección no ha habido la fuerza necesaria. El MAS se ha movido con los recursos del estado, pero hemos visto una oposición sumamente dividida. Al final ha llegado a consolidar una unidad con el apoyo de ciertos representantes de organizaciones políticas: el expresidente Tuto Quiroga, Unidad Nacional -un partido que no fue a esta contienda electoral a través de Samuel Doria Medina-. Ese es el apoyo que tuvo Comunidad Ciudadana para poder consolidarse; y además su campaña fue bastante pobre diría yo porque solamente se movió en las redes sociales y no hubo una campaña fuerte que lo consolidara [a Carlos Mesa] como el hombre que iba a dirigir una nación. Esa fue la gran debilidad considero yo.

Por otro lado, las temáticas que en esta elección hemos visto ha sido desplazado el tema del discurso de la identidad. Por ejemplo, el tema de lo aymara, de la identidad nacional -como la representación máxima que lo ha embanderado el MAS en su momento-. Hemos visto que en esta elección lo que ha primado es el tema de la familia, un conservadurismo fatal, donde prima la familia y desplaza el tema de las mujeres en lo político. Eso lo ha representado muy bien el PDS a través de su candidato Chi Hyun Chung, quien con un discurso sumamente conservador se ha posicionado en un mes y ha logrado un 8 % de votos.

¿Cómo fue la campaña? ¿el MAS recurrió al pueblo? ¿dónde quedaron aquellos que no respaldaban a Evo?

Pienso que uno de los sectores importantes que ha dado la espalda a Evo Morales es el sector de los Yungas, de los productores cocaleros, porque han detenido a su máximo dirigente Franklin Gutiérrez, ya está preso más de un año. Ha sido una persecución política porque simplemente no ha sido parte de lo que es el MAS y de su línea política. Muchos se han refugiado en este proceso electoral en Comunidad Ciudadana; algunos –podría atreverme a decir– con Óscar Ortiz [del partido “Bolivia dice NO”] como es el caso de Rafael Quispe [del partido “Unidad Demócrata]. En el caso de Unidad Nacional ya hemos visto que en El Alto se ha posicionado Soledad Chapetón en la alcaldía. La gente está descontenta por los actos de corrupción que lleva adelante el gobierno.

¿Quiénes ustedes creen van a protestar ante ese nuevo "aparente" gobierno del MAS?

Es importante observar que la gente está muy descontenta y esto tiene que ver con un tema que ha calado de alguna manera en los sectores medios, la clase media, y es el tema del 21 F [Referéndum del 21 de febrero de 2016]. El 21 F no es que la democracia se ha anulado. En los sectores populares eso está asociado con la corrupción, con el tema de la persecución, que tú no tienes la libertad de expresión para decirle al gobierno “eres un corrupto o esto está mal, tienen que ir por aquí las cosas”. Un ejemplo de todo esto es Achacachi. Achacachi es un sector con una población bastante importante, la vanguardia política. Achacachi ha pedido al gobierno que se destituya a su alcalde corrupto, pero no ha sido así. Lo que ha hecho el gobierno es arremeter contra toda esa población y defender a su alcalde. El tema de la corrupción ha salpicado y ha estado presente en varios ámbitos.

Bajo esa perspectiva es pues imposible pensar que esta elección es transparente. Entonces, en el imaginario de las personas está que, si es un gobierno corrupto y se ha mostrado de esa forma, es obvio pensar que el MAS va a cometer actos de fraude para ganar nuevamente está elección. Pueda o no pueda haber fraude la gente va a imaginar que es así.

¿Se ha hablado, para ciertos sectores latinoamericanos, que Evo representa la única fuerza contra la derecha en Bolivia? ¿cómo se ve esto desde el movimiento aymara?

En Bolivia el tema de la derecha y de la izquierda, considero que ya no marca con esa fuerza de antes, sobre el imperio, los yanquis. Se ha perdido todo eso. Más bien está primando el tema de qué hiciste o qu no hiciste, bien o mal. Por eso no se ve a Comunidad Ciudadana como un partido de derecha, eso hay que aclararlo. Y el MAS, el tema de izquierda lo ha manchado, no lo ha respetado por así decirlo. Por tanto, ese tema de izquierda o derecha se ha perdido. Nadie le encuentra sentido. Algunos analistas sí han considerado que la derecha visible en Bolivia es Chi Hyun Chung, que es el outsider de la política. Pienso que por ese lado podría ser, pero por otro lado el tema de Chi Hyun Chung ha calado bien porque tiene un discurso sumamente liberal, y recordemos que los aymaras somos sumamente liberales. Entonces, por ese lado ha caído bien y por eso tiene en un mes el 8 % de los votos hasta la fecha.

El tema de lo nacional popular que siempre había estado presente en Bolivia, desde la revolución del 52 y que ha marcado el tema de la identidad boliviana, se ha perdido. Uno de nuestros grandes representantes del Katarismo ha sido Fernando Untoja, un aymara liberal, que ha sido candidato a la vicepresidencia por este partido [El Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR], pero que lamentablemente no ha podido consolidar su discurso por todo este contexto que tenemos. Es bastante ambiguo nuestro contexto. Los temas de la familia están marcando y eso tiene que ver, considero yo, con el tema de violencia que vivimos en Bolivia, violencia en el sentido de la desestructuración de las familias, los feminicidios, los abusos contra los niños, que ves todos los días. Es como una reacción inmediata de la gente que vive en la cotidianidad y está diciendo, bueno, hay un problema que nadie está resolviendo, y que alguien lo está diciendo. Y ese alguien es Chi Hyun Chung. Él no está pensando en un tema muchos más estructural sino en cosas muy inmediatas.

El tema de la corrupción, de la intolerancia, y de la persecución política está asociado con el MAS, y que no tienes otra opción que Comunidad Ciudadana. Por eso muchos lo están apoyando. Pienso que en ese contexto el movimiento aymara está en diferentes bandos, está en diferentes frentes. Los Yungas, por ejemplo, los cocaleros, ya no están con Evo Morales, le han dado la espalda. Y muchos aymaras han estado en esta contienda electoral en diversos frentes, ya no es un instrumento político y único como ha sido con el MAS. Lo vemos como muy autoritario, y que persigue, por eso estamos dispersos y ya no somos un instrumento político. Hoy en día estamos viendo que los partidos políticos no tienen una estructura, simplemente tienen unos buses a los cuales te puedes subir y los vas a usar para llegar al poder. No es una estructura política, no hay una estructura partidaria fuerte, entonces tú ves simplemente liderazgos. Por ese lado, los aymaras estamos moviéndonos.