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Una publicación de la asociación SER

La culpa es del ciclista

El mes de mayo pasado, Heber Maldonado y Gladys Pareja murieron atropellados mientras se dirigían a sus centros laborales en sus respectivas bicicletas. Tres meses después, el 15 de agosto, Gustavo López Mejía fue embestido por una camioneta en la Costa Verde. Gustavo no participaba de una protesta en ese momento ni presentaba altos grados de alcohol en la sangre, como señala la prensa. Gustavo sólo utilizó una bicicleta como medio de transporte y murió.

Luego, cuatro días después, el 19 de agosto, Martín Lozano Curo, de 48 años, fue atropellado por un bus de la empresa Lubarsa que era conducido a excesiva velocidad. El crimen de Martín, al igual que el de los otros, solo fue optar por una bicicleta como medio de transporte, y su sentencia, la muerte.

“La culpa es del ciclista”, señala la prensa y el resto de la sociedad. La culpa es del ciclista por manejar por una vía exclusiva para vehículos particulares. ¿Acaso la bicicleta no es un vehículo particular? Culpable es de ser invisible ante la sociedad, por conducir inerme, por no superar la excesiva velocidad de los vehículos motorizados. El ciclista es culpable por entrometerse en la vía, en la vereda, en los parques, en una ciudad gobernada por el desorden, la ignorancia y el egoísmo.

La culpa es del ciclista por creer que también tiene derechos. Es culpable de ejercer su derecho a la protesta, a través del bloqueo de vías por 30 minutos. Es culpable de crear caos vehicular en la Costa Verde porque la protesta social, además de ser un derecho fundamental, es un acontecimiento legal y ocasional que sólo se ejerce en situaciones extraordinarias. En cambio, el tráfico limeño dura mucho más de 30 minutos: Se prolonga por todo el día, todos los días. Pero agravarlo por una única vez sólo es culpa del ciclista.

La culpa es del ciclista por promover una vida saludable y un medio de transporte más amigable a nuestro ecosistema urbanizado; es culpable de ahorrar un kilo de emisiones de CO² innecesarias que sí emite un vehículo motorizado. Es culpable de querer una ciudad con menos tráfico; la que tendríamos si todos siguiésemos su ejemplo. Es culpable por creer que el peruano(a) puede copiar otras costumbres extranjeras, además de moda, tecnología, consumismo, programas de televisión basura, sexismo, etc. La culpa es del ciclista por ser el único que predica con el ejemplo; por ser el único que no se queda sentado frente a una computadora, quejándose y soñando con un mundo mejor.

La culpa es del ciclista por llevar sus ideales en dos ruedas, por pedalear contra la indiferencia, esquivando la muerte. La culpa es del ciclista por iniciar una lucha pacífica en un país al que nada le importa y se burla de lo diferente.

Y sí, toda la culpa es del ciclista. Son culpables de mi eterna admiración y gratitud. ¡Sigan pedaleando!