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Una publicación de la asociación SER

La (des)ilusión de quedarse en casa: cuando la calidad y el tamaño de la vivienda son privilegios

Foto: Andina

Gianina Saavedra Bajonero. Estudiante de Arquitectura y asistente de investigación de Urbes-Lab.

Tras más de tres meses de cuarentena y aislamiento social, las diferentes estrategias ejecutadas por el gobierno no han producido los mejores resultados. Según el Ministerio de Salud,  se registran más de 300 mil casos positivos y más de 10 mil muertes, por eso el confinamiento –ahora voluntario- y la distancia física van a continuar siendo las principales estrategias para evitar el aumento del contagio, convirtiéndose la vivienda en nuestro escudo y principal refugio. Sin embargo, quedarse en casa resulta desafiante cuando la calidad de la vivienda y el tamaño reducido no ofrecen las condiciones para hacerlo. Es así que la consigna de quedarse en casa se convierte en un privilegio, pues no todas las viviendas cuentan con las condiciones de habitabilidad óptimas; lo que puede producir estragos emocionales y económicos para sus habitantes.

Antes de la pandemia, la mayoría de habitantes en Lima desperdiciaban muchas horas al día en movilizarse de la casa al trabajo o centro de estudios, incluso a zonas de recreación, debido a la concentración de actividades en espacios centrales de la ciudad. Por tal motivo, el tiempo en casa era reducido, se veían obligados a permanecer más tiempo fuera y la vivienda solo era un lugar de descanso. En este panorama, el sector inmobiliario incrementó la oferta de la vivienda con dimensiones mínimas, justificando que el área reducida se compensaba con las áreas comunes. Por ello, las viviendas más solicitadas en el mercado formal inmobiliario tienen medidas entre 51 y 80 metros cuadrados (ADI Perú, 2019). Mientras tanto, el mercado informal ofrece casas unifamiliares, departamentos acondicionados o subdivididos, así lo que debía ser una vivienda de tres habitaciones se convierte en seis compartimentos con las dimensiones mínimas, muchas veces sin iluminación y ventilación natural, donde los espacios comunes resultan el baño y la cocina. 

En este contexto, ¿cómo es posible la adaptación de estas viviendas de dimensiones mínimas para las actividades que el confinamiento nos ha exigido? Los ambientes que antes eran usados solo para dormir y alimentarse, ahora son utilizados para recibir la enseñanza no presencial, realizar el teletrabajo, ejercitarse, jugar, entre otros. Las personas se han tenido que adaptar los ambientes de la vivienda en aras de no perjudicar su desarrollo personal y profesional. Es decir, el espacio personal, íntimo, se ha reducido aún más, para convertir la mayor cantidad de espacios de la vivienda en espacios multipropósito. El distanciamiento social al interior de la vivienda, se torna casi imposible, así si un miembro de la familia se infecta, inevitablemente el resto de la familiar lo hará, porque no hay espacio suficiente para el aislamiento. En este sentido, cumplir con las recomendaciones para evitar el contagio dentro de la vivienda resulta un privilegio reservado para quienes pueden comprar o alquilar viviendas de mayor tamaño.

El Reglamento Nacional de Edificaciones (RNE), documento que norma el diseño y construcción de las viviendas, establece desde el 2006 que se pueden construir unidades de vivienda con un área mínima de 40m2,  para albergar entre una a tres personas máximo (familia “tipo”: padre, madre e hijo). Esta normativa concuerda con el surgimiento del boom inmobiliario del país, por lo que es posible asociarla al fomento de esta industria por el Estado; es decir, se valora más la rentabilidad del sector inmobiliario, que la calidad de la vivienda. Este reglamento establece medidas mínimas para la vivienda, pero no establece condiciones óptimas de habitabilidad (espacios iluminados y ventilados, espacios que permitan la realización de actividades variadas, separación de zonas íntimas y sociales).

Frente a esta realidad, es necesario entender la vivienda como un motor de desarrollo social, y no solo como un activo financiero. “La vivienda no es solo una cuestión de cobijo sino una manera de recuperar la vida, enriqueciendo y ampliando todas las esferas de las actividades humanas” (Muxí, 2018, p.222). Sobre todo en este tiempo de crisis, la vivienda es un elemento clave para enfrentar la pandemia y proteger a las familias. Es fundamental exigir que desde el Estado y el sector privado se oferten viviendas de calidad, seguras y accesibles para la población, con programas de vivienda que no solo atiendan a la clase media, sino se piense en todas las familias y sus condiciones.

Si bien el relato de este texto, se ha enfocado en las viviendas que pueden ser adaptadas -aunque con deficiencia- a las exigencias del confinamiento, también, es necesario visibilizar qué sucede en los lugares donde el Estado no llega, así como apoyar desde diferentes frentes (academia, estado y sector privado) la gestión e interés de las comunidades vecinales para formular estrategias y alternativas que les permitan no solo una vivienda digna, sino también vivir en un ámbito urbano con todos los servicios y equipamiento adecuados. Por último, la nueva normalidad debería romper con la producción de la vivienda como un privilegio y ofrecer calidad y tamaño por encima de la rentabilidad de quién las construye.

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Gianina Saavedra Bajonero. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.

 

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Referencias bibliográficas

Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (2019). Demanda inmobiliaria se inclina por viviendas de 51 a 80 metros cuadrados.

Instituto Nacional de Estadística e Informática (2017). Datos de la vivienda 2017.

Ministerio de Salud. (06 de julio de 2020).  Sala situacional COVID-19 Perú.

Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (2019). Perú promoverá construcción de 212 mil viviendas entre 2019 y 2021.

Muxi, Zaida. (2018). Mujeres, Casas y Ciudades. dpr-barcelona

Reglamento Nacional de Edificaciones (2006). A. 020 Vivienda. Instituto de la Construcción y Gerencia