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Una publicación de la asociación SER

La disolución del Congreso no basta

La disolución del Congreso de la República finalmente decretada por el Presidente Martín Vizcarra y la iracunda respuesta que ha recibido de sus opositores atrincherados en el Palacio Legislativo, suspendiéndolo temporalmente del cargo y juramentando a Mercedes Aráoz en su lugar como presidenta en funciones, son los últimos capítulos de la larga crisis política iniciada el año 2016, debido a la actitud antidemocrática de Keiko Fujimori y sus seguidores que durante todo este tiempo se han dedicado únicamente a obstruir la acción del gobierno y la lucha anticorrupción.

Si bien las circunstancias jurídicas que han rodeado estas medidas son sumamente enrevesadas y están sujetas a interpretaciones para todos los gustos - sobre todo por las falencias de la estrategia y la dilación en las decisiones adoptadas por el Poder Ejecutivo - será inevitable que la resistencia inicial del Congreso tienda a diluirse en los siguientes días debido a la falta de apoyo ciudadano y por la fuerza de los hechos, lo que debe dar pie a una nueva etapa de reconstrucción de la institucionalidad democrática en el país.

Para que ello ocurra, es imprescindible que el Presidente Martín Vizcarra no ignore la mayoritaria demanda ciudadana por el adelanto electoral, la cual debe ser acompañada por la continuidad de las reformas política y judicial cuya aprobación fue rechazada sistemáticamente por el Parlamento disuelto. Actuar de una manera distinta no sólo pondría en cuestión la adhesión popular con la que cuenta el mandatario hasta el momento si no que generará nuevas situaciones de crisis y pérdida de legitimidad. Además, sin un contrapeso político real, los desatinos gubernamentales ya no podrán ser endosados a los opositores, lo que erosionará rápidamente el crédito de un Ejecutivo que no se ha caracterizado por su adecuado manejo de la gestión pública ni por la pulcritud jurídica de sus decisiones.

En Noticias SER consideramos que la disolución del Congreso abre una nueva etapa en la vida política del país y esta no debe convertirse en otra oportunidad desperdiciada para alcanzar una democracia saludable y alejada de la corrupción. Por ello, mantenemos nuestra exigencia para la convocatoria de elecciones generales que ponga en manos de la ciudadanía la renovación de la clase política. La única salida a este periodo de inestabilidad es que se vayan todos.