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Una publicación de la asociación SER

La edición 2020 de la feria Ruraq maki: un análisis crítico

Foto: Ministerio de Cultura

José A. Lloréns. Antropólogo.

En tiempos normales, el ministerio de Cultura (Mincul) habría llevado a cabo durante Fiestas Patrias la edición 2020 de la feria artesanal Ruraq Maki (del quechua ruraq, trabajador/creador, y maki, mano), como parte de un programa de promoción del arte popular tradicional, y cuyo nombre oficial es “Ruraq Maki, hecho a mano”. En tal sentido, tres grandes salas de la sede central del Mincul se abren al público, acondicionadas con unos 150 stands donde se instalan artesanas y artesanos (individuales, familias o asociaciones) de diversas partes del país, exponiendo y vendiendo sus productos.

Un aspecto que distingue la feria Ruraq Maki es que en los stands no solo se exhiben y venden los productos artesanales, sino que los propios artesanos están presentes. Este es uno de los objetivos centrales del proyecto: que el público interactúe con los artesanos e incluso pueda observar la manera en que estos llevan a cabo su trabajo. Complementariamente, los propios artesanos pueden interactuar entre sí y observar el trabajo de sus colegas de otras partes del país. Además, esta forma de organizar la feria permite eliminar la intervención de intermediarios, lográndose una ventaja económica para productores y consumidores. Por lo demás, un aspecto muy importante de esta modalidad de feria artesanal es que fomenta el diálogo intercultural entre todos los que participan en ella.

Las restricciones por la pandemia del Covid-19

Este año, las restricciones para controlar la pandemia del covid-19 han impuesto limitaciones sustanciales a un amplio conjunto de actividades públicas. Tales restricciones, por tanto, han impedido que en las Fiestas Patrias 2020 se pueda llevar a cabo la feria Ruraq Maki en la forma que se ha descrito en el párrafo anterior. No obstante, varios de los artesanos de Ruraq Maki, con apoyo del Mincul, han recurrido a la opción del “e-commerce”, es decir, a la exhibición y venta de sus productos a través de “tiendas virtuales”. Esto permite que los potenciales clientes puedan ver fotos de los productos y colocar órdenes a través de internet. Lo más interesante de esta alternativa, sin embargo, es que el Mincul ya había empezado a implementar esta modalidad de venta desde más de un año antes de que se desatara la pandemia.

En efecto, cabe recordar que, en octubre de 2018, el Mincul anunció la creación de tiendas virtuales para ofertar por internet los productos artesanales que formaban parte del proyecto Ruraq Maki. En la ceremonia de presentación, la entonces ministra Patricia Balbuena informó que “en una primera etapa resultarán favorecidas [con este recurso] alrededor de 800 familias de siete regiones”, agregando que la implementación de esta plataforma de venta electrónica “contribuye al proceso de formalización” de los artesanos”. Es más, la exministra enfatizó que esta iniciativa “implica también el esfuerzo de cada uno de [los artesanos] para entrar en la formalidad".

Más adelante veremos cuántos grupos de artesanos y artesanas han logrado acceder hasta la fecha a la plataforma del Mincul. Pero antes es importante comentar algunos de los aspectos señalados en aquel lanzamiento de la plataforma de “tiendas virtuales Ruraq Maki”. Un rasgo que llama la atención es el anuncio de que la implementación de las ventas por internet contribuirá al proceso de formalización de la actividad artesanal. Revisando los “Objetivos” del programa Ruraq Maki, sin embargo, no encontramos que se incluya entre estos la formalización de dicha actividad, tampoco se menciona la bancarización de los artistas, lo cual es un requisito para poder realizar ventas por internet. Al parecer, la propuesta de la exministra Balbuena respondía a una agenda económica mayor del Estado, más aún, hasta el momento las publicaciones del programa Ruraq Maki no han detallado cómo se hará para que los artistas populares “entren en la formalidad” ni como la bancarización beneficiaría a la actividad artesanal.

Sobre este punto, cabe recordar que las propuestas de formalización tributaria y de bancarización de actividades artesanales tradicionales son materia de grandes discusiones entre los especialistas. En efecto, la formalización y bancarización alteran las dinámicas económicas tradicionales de las zonas rurales, que es donde reside la mayoría de los artesanos. Esto afecta la relación horizontal que usualmente se establecía entre productores y consumidores del arte popular, sobre todo en la población campesina, ya que rompe con la práctica de trueque que tradicionalmente ha sido la manera de obtener productos artesanales por la gente de campo.

Además, implica que el comprador debe disponer de dinero en efectivo o en alguna forma bancarizada (cuentas de ahorros o cheques, tarjetas de crédito/débito), lo cual tampoco es usual en los lugares más alejados de las urbes. Ciertamente se podría argumentar que todo esto es cada vez es menos frecuente. Pero con todo, la formalización y bancarización son prácticas más usuales para clientes de origen urbano, aparte de incrementar los costos de los productos en tanto se debe aplicar el impuesto a las ventas. Por otro lado, la bancarización puede ser una traba no sólo para los consumidores rurales, sino también para los propios productores, ya que el pago y el cobro -por internet- puede implicar muchas veces el desplazamiento hacia centros poblados que cuenten con agencias bancarias y similares, lo cual es oneroso en zonas rurales. Incluso, en el caso de los productores el gasto del viaje puede ser mayor que el dinero a recabarse. Por lo demás, todo esto implica procesos adicionales de registro en el sistema formal, obtener registro de contribuyentes, hacer declaraciones anuales de impuestos, etc.

Por lo tanto, se puede inferir que las consecuencias de estas medidas tenderían a desplazar el flujo de la producción artesanal de las zonas rurales hacia otros usuarios. En el fondo, entonces, el proyecto Ruraq Maki está propiciando un cambio en el público consumidor de arte popular artesanal, dejando de lado a los usuarios del campo para dirigirse a clientes urbanos y “especializados”, en contraposición a la visión tradicional de una producción que responde a los usos y necesidades de los sectores rurales:

“Cabe destacar que Ruraq Maki concita la atención de un público especializado que, por su quehacer profesional, se interesa en el arte tradicional, este el caso de diseñadores de moda, decoradores de interiores, exportadores de arte tradicional y artesanía, dueños de tiendas de arte tradicional y artesanía, coleccionistas de arte, entre otros”.

Los inconvenientes del programa Ruraq Maki afectan no solo a los consumidores de sectores campesinos sino también a los propios artistas populares, dada la escasa y precaria conectividad informática en zonas rurales, por lo que pocos artesanos que viven en estas zonas tienen acceso a internet. Junto con esto, se debe tener en cuenta la baja inclusión financiera (“no bancarización”) y no inscripción en el registro de contribuyentes de una gran mayoría de artistas rurales populares. Además, muchos artesanos en zonas rurales, sobre todo los de mayor edad, tienen escaso “alfabetismo digital” y competencias informáticas para navegar por las “aplicaciones” y demás recursos para contactarse con sus clientes y completar las transacciones. Aparte de todo esto, los propios productos de origen rural tendrían otro costo adicional por el envío y entrega desde el lugar de origen al potencial cliente urbano, costo que en muchos casos puede ser considerable, proporcionalmente más alto cuanto mayor sea la lejanía geográfica.

Características de los artesanos y artesanas de las tiendas virtuales Ruraq Maki

Desarrollando un análisis más detallado del programa Ruraq Maki, a continuación presento una breve caracterización de lo/as artesanos que han logrado acceder a las tiendas virtuales Ruraq Maki hasta la fecha. Considero que es interesante destacar ciertos aspectos específicos que permiten sugerir la existencia de varios sesgos en la capacidad de acceso de los artesanos a la plataforma virtual del referido proyecto. Algunos de estos sesgos se originan en las condiciones descritas sobre el uso del “e-commerce” en nuestro país. No obstante, hay otros rasgos que se derivan de las características propias de los artistas populares en términos de su mayor prestigio y su trayectoria frente a los demás que usualmente participan de la feria Ruraq Maki en su modalidad pública.

Para empezar, debemos señalar que solamente se ha llegado a implementar un total de apenas 28 tiendas virtuales. Esto contrasta notoriamente con la cantidad de stands que usualmente se instalan en condiciones normales (150). Proporcionalmente, por tanto, menos de la quinta parte de artesanos que usualmente acudían a la sede de la feria (bien sean individuos, familias o asociaciones) han podido tener acceso a venta virtual. Es más, esta cantidad de tiendas virtuales Ruraq Maki en operación es incluso mucho menor en comparación a las 800 familias de artesanos que supuestamente se beneficiarían de esta modalidad, como mencionó con comprensible entusiasmo la exministra Balbuena.

La segunda característica que llama la atención es la distribución geo-cultural de los escasos 28 participantes que han podido acceder a las tiendas virtuales Ruraq Maki. En efecto, siete de ellos tienen su sede original en la región Ayacucho, seis en Cusco, cinco en Junín, dos en Puno, y uno en la sierra de Lambayeque. Así, de 28 tiendas en total, 21 están ubicadas en la Sierra. Luego, hay tres que se identifican culturalmente como shipibo, una como awajún, y una en Chachapoyas, pero sin adscripción étnica. Por tanto, en la Selva hay 5 tiendas. Por último, en la Costa hay dos, una de Catacaos (Piura) y la otra de Chincha (Ica).

En resumen, 75% de las tiendas virtuales Ruraq Maki representan a la Sierra, lo cual en cierto modo contribuye a reforzar la noción de que la principal producción artesanal del Perú es culturalmente altoandina. Por otro lado, prácticamente todas las sedes originales de las tiendas están ubicadas en ciudades con gran flujo turístico (Huamanga, Cusco, Junín, Puno), lo cual a su vez implica que tienen amplias facilidades de tipo informático y bancario. Por lo tanto, el acceso de estos artesanos a la plataforma virtual de Ruraq Maki no significa un gran esfuerzo de integración por parte del Mincul, lo cual contrasta con uno de los objetivos centrales del programa que es el de acercar e integrar a aquellos artesanos que tengan mayores dificultades de acceder a estos recursos y, en general, ponerlos en contacto con los consumidores (urbanos) de artesanías.

El tercer aspecto que me parece importante resaltar es que una buena parte de quienes tienen tiendas virtuales Ruraq Maki son artistas reconocidos por el Estado y/o ganadores de premios artísticos. De este modo, hay seis que han recibido la distinción de “Personalidad Meritoria de la Cultura” por el propio Mincul, una artesana es la hija de un artista popular que ha sido reconocido como “Gran Maestro de la Artesanía Peruana” en 1993 por Mincetur, aparte de otra artesana que ha obtenido el “Reconocimiento de Excelencia de la UNESCO para la Artesanía”. Por otro lado, varias de las líneas artesanales que han accedido a las tiendas virtuales son reconocidas por el Mincul como “Patrimonio Cultural de la Nación”. Todo esto quiere decir que la gran mayoría de artistas que han accedido a las tiendas virtuales Ruraq Maki han estado muy bien insertados en el circuito artesanal comercial antes de que se implementara el programa, y han tenido todas las facilidades requeridas para llevar a cabo su actividad, incluyendo los aspectos más recientes como el “e-commerce” y la bancarización.

El desarrollismo como principal limitación del proyecto Ruraq Maki

Dicho de otro modo, las tiendas virtuales del proyecto Ruraq Maki que actualmente están operando no son de artesanos alejados ni se está acercando a los más marginados, sino todo lo contrario: en la práctica, se está reforzando la brecha entre los artistas populares más integrados y los más marginados. Esta es una consecuencia típica de los inconvenientes más observados y estudiados del desarrollismo clásico: la ayuda externa implementada de modo indistinto tiende a favorecer a quienes ya están en una posición relativamente más ventajosa, porque estos tienen comparativamente más recursos que los demás y por tanto están en condiciones de sacarle más provecho a dicha ayuda. Este problema es suficientemente conocido como para que los diseñadores del proyecto de tiendas virtuales Ruraq Maki pudieran implementar medidas para contrapesar esta conocida falencia del desarrollismo (esto es, asumiendo que realmente su intención no es la de favorecer más a quienes ya son artistas destacados, según se desprende de lo que declaran en su propuesta).

El análisis hecho aquí demuestra que prácticamente ninguno de los usuarios de la plataforma informática Ruraq Maki son artistas marginales, desconocidos, ni carentes de acceso al mercado de consumo artesanal urbano, sino todo lo contrario. Tienen bastantes ventajas frente a los demás artistas populares, y muchos de ellos ya estaban usando estos recursos. En general, la modalidad de instalación de stands también tiene implícita una visión desarrollista clásica, aunque en este artículo no podemos desarrollar más ampliamente este punto. En todo caso, ha faltado una mínima revisión de la experiencia desarrollista ortodoxa, la cual precisamente se ha cuestionado y tratado de reformular en las últimas décadas. El proyecto Ruraq Maki, en fin, no cumple todavía con uno de sus propósitos centrales, expresado en su propia página web: “ser un espacio que ha permitido la inclusión social y económica de actores muchas veces al margen de los mercados”. Por lo tanto, sería necesario que el Mincul haga un esfuerzo más serio y eficaz para alcanzar este propósito crucial trazado por la propia institución.