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Una publicación de la asociación SER

La gestión educativa descentralizada (I): ¿De dónde venimos?

La llegada de Flor Pablo Medina a la cartera de Educación abre muchas expectativas en torno a la mejora del servicio educativo a nivel nacional, sobre todo después de los vaivenes de la gestión en los últimos años. Así, la nueva ministra ha planteado afrontar estos desafíos priorizando la relación con los gobiernos regionales.

Para hacer un análisis amplio sobre este tema, es conveniente revisar cómo ha sido la relación entre los distintos niveles de gobierno en los últimos años, pues ello nos dará algunas luces sobre el estado del proceso descentralizador dentro del sector Educación. En esta oportunidad, me centraré en explorar la relación del MINEDU con los gobiernos regionales.

La relación entre MINEDU y Gobiernos Regionales: 17 años de modelo centralizador

Entre el MINEDU y los gobiernos regionales  se estableció, desde el 2002, un modelo de relación caracterizado por un predominio de actividades o interacciones desde el nivel nacional al regional (DRE o GRE y las UGEL). Mayormente estas relaciones son de dependencia, donde el MINEDU se convirtió el máximo tomador de decisiones, y los gobiernos regionales son vistos como operadores de las políticas sectoriales propuestas “desde arriba”.

No obstante, desde el 2007, el MINEDU buscó “ordenar” el proceso descentralizador a través de diversas iniciativas. Una de ellas fue la municipalización de la educación, la cual proponía la transferencia de competencias a municipalidades provinciales, para que lleven a cabo, en conjunto con las UGEL, la gestión educativa en el territorio. A partir del 2011, podemos mencionar otras iniciativas, que buscaban “ordenar la casa” en materia de articulación territorial y gestión descentralizada en el sector:

 La emisión de dispositivos legales como lineamientos de relación intergubernamental y gestión educativa descentralizada, así como precisiones para el ordenamiento educativo en territorio (como la creación de UGEL).

• La definición de roles y competencias en la provisión del servicio educativo (nacional y regional) a través de matrices de gestión educativa.

• La generación de espacios de diálogo como la Comisión Intergubernamental de Educación (actualmente desactivada), el Directorio entre la Alta Dirección del MINEDU y las Direcciones Regionales de Educación, y las Comisiones de Gestión Intergubernamental en Educación (CGIE).

• La implementación de mecanismos para la transferencia condicionada y no condicionada de recursos financieros (como las transferencias para infraestructura o en el marco de los compromisos de desempeño).

• El establecimiento de “equipos territoriales”, grupos de especialistas contratados desde el MINEDU o desde las regiones, que llevan a cabo la implementación de las intervenciones educativas.

• Los sistemas de comunicación y recojo de información sobre la situación del servicio educativo en el territorio (como semáforo escuela o el Censo de DRE y UGEL).

No obstante, se puede afirmar que estas iniciativas no han repercutido en cambios estructurales dentro de los gobiernos regionales y en su relación con el MINEDU. Aún se discute la ambivalencia que las DRE/GRE y UGEL afrontan al responder –a la vez- ante su gobierno regional y el MINEDU (en temas pedagógicos y en algunos temas administrativos, de personal y presupuestales). Otro punto en constante debate es la organización interna de estas instancias descentralizadas: si bien algunos gobiernos regionales han generado nuevas estructuras (como es el caso de San Martín, Lambayeque, Moquegua, Arequipa y la Libertad), aún no cuentan con los recursos logísticos y humanos para poder afrontar los nuevos retos en materia de gestión en sus jurisdicciones, incluso aquellos impuestos desde el MINEDU.

Estos ejemplos refuerzan la idea que este modelo de relación de dependencia aún sigue vigente. Ante ello, se debe apostar en la construcción de relaciones de interdependencia, basadas en la negociación y diálogo continuo, así como en el intercambio constante de experiencias. Los gobiernos regionales cuentan con su propia visión sobre la articulación entre ellos y los funcionarios del MINEDU, y estructuran sus equipos de trabajo de manera independiente a lo que viene trabajando el MINEDU; y disponen recursos para desarrollar sus estrategias. Pero muy poco se ha explorado o aprovechado en favor de construir una visión conjunta y cercana de la gestión en el territorio, viendo a los Gobiernos regionales como verdaderos agentes de cambio en la gestión educativa.

Bajo esa premisa, se puede identificar, al menos, tres dimensiones que deberían definir la naturaleza de la relación nacional – regional en educación:

• Las estrategias de trabajo para organizar las políticas y las intervenciones educativas de manera territorial, rescatando las particularidades del territorio y las necesidades educativas desde nivel de la institución educativa.

• Capturar los intereses y objetivos que cada nivel de gobierno sobre las políticas educativas y a la gestión de las intervenciones educativas planeadas desde el MINEDU.

• Garantizar los recursos disponibles para desarrollar, fomentar y fortalecer las intervenciones y los canales de relación entre ambos niveles de gobierno.

Si se enfrenta lo planteado, podremos ir superando los desafíos que plantea la gestión educativa descentralizada.