Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La goleada mexicana

Foto: Publimetro

Más que los diversos análisis de las recientes elecciones mexicanas (no se avizora, aún, cuándo terminará el cómputo y consolidación de las actas de las casillas de votación), para contrastarlo con el funcionamiento de nuestro sistema político, me ha llamado profundamente la atención, el masivo apoyo que ha recibido el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Veamos: a diferencia del Perú, en México el voto ciudadano no es obligatorio, de manera que la gente va a votar no por la amenaza de multa, sino convencida por el trabajo de partidos organizados y por las campañas persuasivas que ellos desarrollan. Si bien la concurrencia al acto electoral ha sido similar a la de seis años atrás, (62% del padrón en el 2012 y ahora el 64% de los 89 millones de convocados), lo sorprendente es la distancia entre el ganador y su más cercano seguidor.

Una segunda diferencia con las reglas electorales peruanas, es que al presidente de la República se elige en la primera vuelta y con la mayoría simple. Si Peña Nieto hace seis años obtuvo el 38% de los votos válidos y López Obrador llegó segundo, con el 32%,  con una diferencia de 3.3 millones de votos; esta vez –según el PREP del Instituto Nacional Electoral- López Obrador superó la mayoría absoluta hasta alcanzar el 54% de los votos (alrededor de 30.7 millones), mientras su seguidor Ricardo Anaya obtuvo el 23%. Es decir, los expertos calculan una diferencia de 17.6 millones de votos!

Así, se entiende la dimensión de este fenómeno inédito, del que seguramente darán cuenta los politólogos méxicas. El domingo pasado los mexicanos del común, aquellos que hemos visto retratados por su cine y en la, para nosotros familiar, serie “El Chavo del 8”, fueron decididos a votar por un cambio real y no un maquillaje de un sistema político que facilita que el capitalismo salvaje genere cada vez más pobreza, narcotráfico y matanzas. Esa apuesta y mandato son tan perentorios, que también le han dado mayoría en las cámaras legislativas, con una inesperada paridad de la representación femenina, para que López Obrador tenga la iniciativa y comience de inmediato las reformas y no pueda disculparse en las trabas que le pongan los políticos opositores.

El pueblo mexicano, trabajador y honrado, tan desinformado y manipulable por los melodramas de la industria cinematográfica como todos los pueblos del mundo, ha buscado en medio de la confusión y los desencantos que brotan de la política, porque, a diferencia del Perú, el sistema de partidos mexicano puede mejorar la oferta de candidatos. Así, los de abajo han renovado sus esperanzas y apuestan por el hombre que representa el cambio en democracia, como lo fue en su momento, don Pepe Mujica, el ex guerrillero tupamaro uruguayo que hizo una magnífica autocrítica práctica de sus graves errores del pasado.

Hago votos para que a los descendientes de mayas y aztecas, no les suceda la tragedia que viene aconteciendo con nicaragüenses y venezolanos, o lo que le pasó al pueblo peruano en el 2001 y el 2011, cuando, desgraciadamente, un par de aventureros e improvisados -y encima corruptos- traicionaron esa multitudinaria esperanza y ese mandato. Aunque la diferencia sustancial es que allá  hay partidos programáticos y gigantescos equipos de gente comprometida y con experiencia de gobierno.