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Una publicación de la asociación SER

La grave situación de los animales silvestres en los centros de cría durante la pandemia

Foto: Fernando Rosemberg

Inés Nole Bazán, Presidenta del Instituto Runa Pacha (IRUPA) y Diana Puka T’ika Flores Rojas, miembro de Tierra Activa Perú. Participantes de la Coalición por los Animales (COLPA)

El tráfico ilegal de fauna silvestre ocupa el cuarto lugar en el mundo en incidencia luego del tráfico de drogas, armas y personas. Es una actividad criminal que provoca la muerte de millones de animales debido al manejo inadecuado durante la captura, traslado, venta y mal mantenimiento a manos de cazadores, vendedores y compradores. Los animales que llegan a ser rescatados de esta red de tráfico son derivados a alguno de los aproximadamente 140 centros de cría (centros autorizados para el mantenimiento de fauna silvestre: zoológicos, zoocriaderos, centros de rescate y centros de conservación) que existen en el Perú o de lo contrario, terminan siendo sacrificados[1]. Aunque los objetivos específicos de cada centro difieren uno del otro, todos reciben a los animales en calidad de custodia temporal, dado que la fauna silvestre es considerada patrimonio de la Nación y el Estado es responsable de garantizar su conservación.

La entidad a cargo de supervisar esta labor es el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR). A pesar de ser la autoridad nacional en la materia, no cuenta con instalaciones propias para la custodia temporal o permanente de los animales silvestres decomisados del tráfico o la tenencia ilegal, por lo que los deriva a los centros de cría para que sean mantenidos el resto de sus vidas o cuando es posible, hasta su liberación. Los centros de cría se sustentan gracias a ingresos propios a través de: visitas, turismo, voluntariado, donaciones, etc., sin apoyo económico del Estado. Por ello sus titulares se ven obligados a realizar grandes esfuerzos para mantener una situación económica estable. Desde luego, estos esfuerzos no tuvieron frutos durante la crisis producida por el covid-19, debido a la falta de actividades que les permitía obtener ingresos, agravando su situación. Además, sus titulares, que en muchos casos subvencionaban de forma personal o familiar estas labores, han debido asumir, además, gastos de salud al contagiarse durante la pandemia.

En respuesta a este panorama, en abril de este año, activistas, organizaciones de la sociedad civil y los propios centros de cría, iniciaron una campaña ciudadana a través de Twitter para pedir al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) que los centros reciban una subvención para mantenerse y se evite que los animales sean sacrificados, dado que la liberación no es una opción en la mayoría de los casos[2]. Aunque el SERFOR había iniciado semanas previas una campaña de donativos destinados a los centros de cría, la ciudadanía enfatizó que esta medida era insuficiente por la dificultad de obtener donaciones en el contexto de la crisis sanitaria y por no ser sostenible en el tiempo. El alto respaldo ciudadano al pedido de subvención generó tendencia en redes sociales y el gobierno destinó cerca de 4 millones de soles a los centros de cría (Resolución Directoral N° 053-2020-MINAGRI-SERFOR-DE). Pero según reportan varios de los centros que mantienen comunicación con el Instituto Runa Pacha y la campaña #AnimalesSilvestresSOS, este presupuesto asignado no ha llegado a cubrir las necesidades de todos ellos y la mayoría solo ha recibido montos para un mes de mantenimiento. Además, varios no han podido acceder a este apoyo económico porque algunos de los requisitos eran difíciles de cumplir dada la coyuntura: no adeudar a la SUNAT, tener la firma del titular del centro, entre otros. Algunos centros de cría, ante esta grave situación, se han visto forzados a comunicarle al Estado Peruano que no pueden seguir cuidando a los animales que se les entregó en custodia temporal. Y que incluso, en los casos en que han conseguido que sus animales sean recibidos por otros centros, no siempre disponen de presupuesto para su traslado. Es previsible que, debido a que el Estado no cuenta ni con lugares ni recursos suficientes, se empiece a sacrificar a dichos animales, produciéndose el escenario que se quería evitar.

Si esto llega a suceder sería una tragedia: por la muerte de animales que de por sí provienen de tratos violentos producto del tráfico ilegal; y por la pérdida de los esfuerzos de conservación e investigación que han realizado por años profesionales, comunidades y voluntarios y voluntarias en todo el país para su preservación. Esta problemática pone en evidencia que, a pesar de los esfuerzos realizados, existen graves deficiencias en el intento de disminuir y resolver los problemas derivados del tráfico ilegal y del deterioro de los ecosistemas, que es la principal causa de pérdida de la biodiversidad. El sacrificio de muchos de estos animales podría evitarse si la sociedad y el gobierno en particular generaran estrategias eficientes, incluyendo apoyo económico, para poder garantizar el sostenimiento de los centros de cría hasta que puedan restablecer sus fuentes de ingreso. Asimismo, esperamos que lo que está pasando nos convoque a dejar de vender y comprar animales silvestres como mascotas, valorar los esfuerzos de la sociedad civil organizada para cuidar y rehabilitar a los animales silvestres y sumarnos a la defensa de los mismos, con quienes compartimos el planeta.

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Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Inés Nole Bazán y Diana Puka T’ika Flores Rojas. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.

 

[1]Es sabido que la mayor parte de los centros de cría tienen poca o nula capacidad para recibir más animales. Por lo que, en muchas ocasiones, las autoridades competentes sacrifican a los animales derivados del tráfico ilegal, al no disponer de los recursos necesarios para mantenerlos.

[2]Dado que los animales silvestres en cautiverio han perdido sus capacidades de supervivencia autónoma, pueden constituir un riesgo de contagio de enfermedades para la fauna no cautiva, entre otras razones. Algunos centros de cría hacen labores de reintroducción, pero mediante programas especializados que solo aplican para algunos especímenes.