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Una publicación de la asociación SER

La insatisfacción con la democracia

El 16 de octubre pasado, Pew Research Center publicó un estudio denominado “Globally, Broad Support for Representative and Direct Democracy” que consiste en un análisis de los niveles de aceptación de las distintas formas de gobierno. El estudio fue realizado en 38 países, con 41.953 encuestados, entre el 16 de febrero y el 8 de mayo de 2017.

A nivel global, un amplio 78% considera positiva la democracia representativa; el 66% la democracia directa, el 26% un gobierno con un líder fuerte, el 49% un gobierno de expertos no elegidos y el 24% consideraría la posibilidad de apoyar un gobierno militar. La encuesta muestra, además, que personas con menores niveles educativos, aquellos que se encuentran en la derecha ideológica y quienes no están satisfechos con la democracia actual (tomando como proxy la valoración económica), son más proclives a considerar formas de gobierno no democráticas. Como aclaración, el estudio considera dentro de este grupo, las tres últimas opciones mencionadas.

En relación a la democracia representativa, la mediana de los que la consideran como única opción válida se ubica en el 23% (para la construcción de este índice, no se tomó en cuenta la democracia directa), un 47% manifiesta estar comprometido -aunque podrían aceptar como válida alguna forma de gobierno no democrático- y un 13% considera alguna de las formas de gobierno no democrático como la mejor alternativa. En América Latina, la mediana está por debajo cuando nos referimos al compromiso con la democracia representativa (19%), similar a la mediana global en el caso de los que están menos comprometidos (45%), y muy por encima cuando de formas de gobierno no democráticas se trata (24%). Por su parte, Perú registra un muy bajo apoyo a la democracia representativa, con el 13%, sólo por encima de México (9%), frente a un importante grupo que manifiesta apoyar a las formas de gobierno no democráticas (28%), sólo superado por Jordania (36%) y Túnez (32%).

Haciendo una desagregación de las variables, en los 38 países analizados, una minoría señala que un gobierno militar podría ser bueno para el país. En América Latina los porcentajes se podrían considerar altos, teniendo en cuenta nuestra historia reciente. En este sentido, van desde un 24% en Argentina y Venezuela, a un 42% en México. En Perú, el 40% manifestó que un gobierno militar podría ser beneficioso para el país. Asimismo, las personas con menor nivel educativo, es decir, aquellas que no cuentan con el nivel secundario, son más propensas a valorar favorablemente ese tipo de gobierno. En el caso del Perú, 32% de los que ven con buenos ojos un gobierno militar tiene alto nivel educativo, pero asciende a 55% en quienes tiene un bajo nivel, presentando la mayor diferencia entre los casos analizados (+23 p.p.). En 18 de estos países, la diferencia es superior al 10%. En cuanto a la variable ideológica, de los 13 países que muestran datos significativos, en 11 de ellos, la derecha ideológica es la que respalda mayormente esta forma de gobierno (p.e. Chile, con una diferencia de +21 p.p. respecto a la izquierda). Únicamente en dos de ellos, es la izquierda la que apoya mayoritariamente un gobierno militar, Hungría, -17 p.p. y Venezuela, -31 p.p.). En cuanto a los gobiernos con un líder fuerte, aquellos que se identifican como votantes de la derecha son más proclives a apoyarlos. Las mayores diferencias se presentan en Corea del Sur (+20 p.p.), Australia (+20 p.p.), Italia (+16 p.p.), Reino Unido (+16 p.p.) e Israel (+14 p.p.).

Otra de las variables relacionadas con los niveles de aceptación de la democracia representativa es el grado de satisfacción en la marcha de la economía. En este sentido, en Perú, el 34% de los que manifiestan estar conformes con el desempeño económico se encuentran satisfechos con la democracia en su país. Sólo el 14% de los que califican como mala la situación económica, respaldan el modelo democrático. Esta correlación se hace más fuerte en América Latina, además de los datos expresados para Perú; sólo el 14% de los venezolanos, el 9% de los colombianos, el 7% de los chilenos, y el 3% de los mexicanos están conformes con la forma en que funciona su sistema democrático. Los casos de Brasil y Argentina difieren de lo presentado por cuanto aun cuando consideran que la situación económica es deficiente, el 23% y el 42% consideran que democracia funciona de manera satisfactoria. En términos globales, el 73% de los peruanos consideran que la democracia en su país es insatisfactoria frente a un 25% que la considera adecuada.

Con los datos presentados, no debe resultar extraño que el fujimorismo cuente entonces con una intención de voto cercana al 30%. El votante de Keiko Fujimori (Alberto o Kenyi) cumple con las características especificadas; es decir, de bajo nivel socio-educativo, recordemos que IPSOS publicó una encuesta en 2016 que daba cuenta que el mayor margen de votos, entre Keiko y PPK (+19 p.p.) se daba entre aquellos que contaban con secundaria incompleta. Este gap disminuía a medida que aumentaba el nivel educativo de los encuestados. Por otro lado, los votantes consideran que un gobierno militar o autocrático es necesario para hacer frente a los problemas que aquejan a la nación. En este sentido, Santiago Roncagliolo señalaba, también en 2016, a la BBC, que "el perfil de votante del fujimorismo es alguien que cree que es necesaria la mano dura y cierta tolerancia con la corrupción para que el país funcione más o menos". En este sentido, el fujimorista se envuelve en un pragmatismo carente de principios, donde alcanzar el objetivo le permite tolerar cualquier acción, así atente contra los derechos humanos. El resultado económico del período fujimorista, posterior al desastre alanista, se convirtió en la variable por la cual las clases altas – y por ende los grupos de poder – se sintieron atraídos por la dictadura fujimorista, siendo ampliamente favorecidos por la reforma del Estado durante la década de los 90.

Aunque la democracia liberal siga siendo el sistema con mayor aceptación, la democracia directa se abre paso entre la izquierda europea y latinoamericana, debido – principalmente – a la percepción (acertada) de que el sistema político se encuentra subordinado a los intereses del capital financiero. Es una tarea pendiente dotar de sentido al sistema democrático, no sólo por contraposición a sistemas autocráticos (plutocráticos) o dictatoriales, sino como medio capaz de dar respuesta a los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales, fundamentados en la Carta Internacional de Derechos Humanos.