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Una publicación de la asociación SER
Director del portal de opinión política "Punto de Encuentro". Columnista del Diario Expreso. Coordinador de la asociación civil "Centro para la Democracia Social"

La Nueva Tradición Nacional-Popular (respuesta a Jorge Duárez III)

Continuando el debate democrático sobre el Nuevo Relato Popular Peruano

Celebro el tercer artículo de Jorge Duárez, pues da pie para avanzar en el camino de actualizar el relato del Aprismo, así como de toda la clase política del país, especialmente de las opciones de cambio social en democracia.

Antes, un comentario sobre el legado del Presidente García[1]. Alan García es el “Guardián de la República”: el 2006 salvó al país de una versión del Chavismo duro, el 2011 impidió la reelección conyugal, y ahora con su inmolación ha hecho volar por los aires el tinglado de circo y la estrategia política del creciente autoritarismo en curso para quedarse en el poder[2].

Retomando el debate. Del fructífero intercambio de ideas realizado hasta la fecha, ha quedado consentido que “toda identidad experimenta transformaciones…en tanto están condicionadas por determinados procesos históricos” (Duárez). No considerar la historicidad de las identidades políticas ha sido “el error generalizado de todos los trabajos críticos sobre la evolución del Aprismo” (Valderrama). Por ello, el reto es “actualizar lo Nacional-Popular proponiendo una interpretación de la realidad del país alternativa” a la de los grupos dominantes. En este punto, pongo de relieve el reconocimiento de Duárez del permanente ejercicio del Aprismo por actualizar su relato, para comprender e interpretar la evolución de la sociedad peruana (por ejemplo, con “Treinta Años de Aprismo”).

La discrepancia con Duárez se inicia con la evaluación de la significación del segundo gobierno de Alan García y del APRA. Por ello, para comprender mejor aquel período, es importante señalar la gran dificultad histórica que ha tenido la izquierda socialista peruana en comprender la verdadera naturaleza del sistema capitalista, expresada incluso en la base del debate entre Haya y Mariátegui.

La izquierda no aprista siempre pensó –ilusamente- que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina y que el capitalismo ya estaba al borde de una crisis cuyas contradicciones lo eliminarían de la faz de la tierra. Obviamente, más allá del romanticismo (o infantilismo) de dicha afirmación, la realidad concreta iba por otro lado. El capitalismo no sólo no estaba muriendo, sino que recién germinaba. De ésta situación nació un equívoco mayúsculo respecto del pensamiento de Haya de la Torre: por reconocer siempre la propia naturaleza de las fuerzas productivas y tecnológicas inmersas en el desarrollo del capitalismo –dato de la realidad-, ¡nos acusaron de vendidos al imperialismo! Las citas de Haya al respecto son innumerables, yo sólo recordaré una que une a Haya de la Torre y al Presidente García y que nos lleva al mitin del 6 de enero de 1978 que dio inició a la campaña para la Asamblea Constituyente de aquel año. Alan García joven dirigente dio el discurso de bienvenida a Haya, y Haya en el suyo, se dirigió pedagógicamente a todas las izquierdas radicales diciéndoles (sobre el capitalismo justamente) “Los muertos que vois mateis, de buena salud gozan”. Pero no, oídos sordos al frente.

Y si eso ya era así en los años 20, 40, y 70….en los años 90, bajo el gobierno de Fujimori, se produce una profundización del capitalismo peruano, abriendo el mercado y desregulando el Estado como nunca antes había ocurrido en el país. Por ello me alegra que Duárez haya tomado el bolo del término “real” para definir este proceso. Obviamente no es que la alternativa sea un mercado “irreal” (enfoque de lectura muy gracioso) sino que está para remarcar justamente que este proceso modificó la realidad de la mayoría de los actores económicos del país, particularmente de los sectores populares…y también redefinió la naturaleza y rol del Estado en nuestra sociedad.

Sólo cuando se comprende el proceso de desarrollo económico y social de las últimas décadas (es decir, si se tiene ojos y oídos para ver y escuchar la realidad) es que es posible abordar  el esfuerzo de entender y construir políticamente nuevos “sentidos de ciudadanía… (pues las nuevas realidades nos) exigen nuevas gramáticas políticas” (Duárez). Totalmente de acuerdo.

Por ello, vuelvo a señalar que el adjetivo “hegemonía neoliberal” es -en gran medida- un concepto que no bien manejado, impulsa un encubrimiento de la realidad, así como también genera falsas disyuntivas políticas más por el origen ideológico de los términos que por su capacidad explicativa.[3]

Por ello es que no hay contradicción entre el segundo gobierno del APRA y “la trampa ideológica de la hegemonía neoliberal” que señala Duárez”. Por el contrario, en el segundo gobierno aprista el Estado se fortaleció como nunca antes, el presupuesto público creció de manera gigantesca, la política puso los objetivos de la política económica; la gestión de infraestructura pública y las políticas sociales se concentraron en generar oportunidades de desarrollo económico y de acceso a derechos de las comunidades más pobres del país. Se redujo la pobreza en proporciones sin precedentes en toda la historia de la República (tanto en términos cuantitativos como en términos cualitativos como la anemia infantil) y se inició el proceso de reducción de desigualdad medido por el coeficiente Gini. En resumen, el Estado se fortaleció (sería largo poner todos los indicadores de gasto, de eficiencia, de presupuestos, de resultados) y se amplió la reducción de la pobreza como los procesos de inclusión.[4] La Política dirigió la economía.

A diferencia del Brasil y de la Argentina, este proceso de independencia nacional, no se hizo comprometiendo las reservas, ni enredándose en actividades de crimen organizado a nivel continental en asocio con constructoras brasileras.

En este punto me parece importante retroceder a los primeros artículos de este sustancioso y democrático debate. En mi 1ra respuesta, pregunto “¿quiénes son los actores que lo representan (lo Nacional-Popular) y cuáles sus intereses? ¿Ha desaparecido o cuál es la composición de la nueva Oligarquía? Y sobre esa base, entonces, desde una perspectiva de Democracia Social preguntarse ¿cuál es el nuevo rol del Estado y del mercado?

Hechas las preguntas, adelanto algunas respuestas:

● Lo Nacional Popular hoy pasa por los intereses de los trabajadores del país, de los profesionales…y de los cientos de miles de emprendedores, su cultura de negocios, sus opciones de desarrollo económico, sus estrategias de sobrevivencia y crecimiento (que sospecho no va por pedir alguna versión del socialismo del siglo XXI…sino, todo lo contrario)[5]

● La oligarquía no ha desaparecido. Se ha reconstituido generando un conjunto de intereses mercantilistas alrededor de expoliar los recursos del Estado a través de lo que he denominado la “constructocracia” (GyM y socios, grupo El Comercio, básicamente). Su rentabilidad, no vienen de competir en el mercado. Viene de acceder a los recursos públicos de manera mercantilista sin competir gestionando una red de favores.

● El Estado de ahora es el Estado Mercantilista a manos de la oligarquía reorganizada, que desvía ingentes recursos para inversión social (educación, salud, seguridad, emprendedores…etc.) hacia mega proyectos tan inútiles como corruptos: concesión de peajes a 40 años, Refinería de Talara, Gas de Camisea….(siguen una infinita lista de obras en manos de las mismas constructoras)

 

El proceso de despolitización que vive la sociedad peruana (impulsada ferozmente por el Establishment de los medios de comunicación y con la persecución a los partidos políticos) pronto tendrá su fin.

Los mismos intereses de la sociedad “plebeya” será el fermento para politizar sus demandas, sus derechos y exigencias. En esa línea está el Partido del Pueblo.

 

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[1] El artículo de Alberto Vergara –el nuevo Demócrata Precario- publicado en El Comercio es lamentable en la forma y en el fondo. Es la sumatoria de frases evaluativas de García sin evidencia ni sustento. Subjetividad pura (a la que tiene derecho, por cierto). La Democracia supone ciudadanos y políticos con capacidad de empatía y diálogo con el otro. La empatía de Vergara con García es la misma que la que muestra Evo Morales con la Democracia representativa (además anuncio una respuesta y/o análisis Republicano al artículo en mención)

[2] A diferencia del artículo de Vergara, todas y cada una de mis afirmaciones tienen sustento en evidencia empírica.

[3] ¿Cuba sería el modelo fuera de la mentada “Hegemonía Neoliberal”? ¿Venezuela? ¿Nicaragua?

[4] Pongo un ejemplo en el campo de la Cultura, tan poco mencionado. El segundo gobierno del APRA creo el Ministerio de Cultura, construyó el Gran Teatro Nacional y generó la ley que elimina los impuestos para las actividades culturales, lo que revolucionó las actividades culturales llevadas a cabo por miles de grupos culturales jóvenes de nuestro país.

[5] Los comerciantes de Puno o Huancayo o Lima, pueden llegar a tener el perfil del capitalista que Hayek hubiera soñado.