Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La retorcida política peruana

Foto: Congreso de la República

Teresa Santillán. Abogada

Entre la pandemia, la crisis económica que agobia más a unos que a otros, las brechas en el uso de tecnologías para la educación, y el deficiente servicio de salud que mata diariamente; convive entre nosotros lo de siempre, las malas costumbres en el ejercicio de la política.

Nos equivocamos (una vez más) al pensar que en la política peruana no había nada peor que pudiésemos padecer, y que nos habíamos librado de buena parte de congresistas que interferían en todo, haciendo lo posible para arruinarnos; elegimos un nuevo Congreso, con diferentes rostros, pero las mismas mañas. Un Congreso que desde su instalación tuvo severas críticas. Que en una de las Comisiones más importantes como la de Fiscalización, colocó de presidente a un ex Contralor procesado por delitos de función. Un Congreso que tras la presión social tuvo que reconsiderar aprobar la alternancia y paridad al 50% en las próximas elecciones, porque no creían necesaria esta medida, acogiéndose a argumentos de privilegio y de conservadurismo.

Este Congreso, el domingo 5 de junio en sesión extraordinaria, en un acto de revanchismo político (después de escuchar el mensaje presidencial) utilizó sus prerrogativas para pretender modificar 5 artículos de la Constitución, 4 de ellos sin mayor debate, análisis ni dictamen. Acción que fue aplaudida por un buen sector de la población, cansada de la impunidad en que se mueven los altos mandos del país, pero que en el fondo, adolece de vicios que pueden traerse todo abajo. La pelota sigue en su cancha, de lo contrario acciones constitucionales volverían esta discusión  a fojas cero.

Desde otro lado del ring, tenemos a un presidente que intentado demostrar autoridad, dio un mensaje desafiante, anunciando que someterá a referéndum la reforma sobre la eliminación de la inmunidad parlamentaria, sintiéndose respaldado por la popularidad que señalan las encuestas; pero que en la calle, quienes le dieron respaldo  son aquellos que van buscando oxígeno para no morir, y monedas para sobrevivir.

¡Qué alejados de hacer buena política estamos! De buscar el “bien común”, de preocuparse por el bienestar de las y los peruanos. No cabe duda, que en la búsqueda de la legitimidad de las actuaciones políticas de los diferentes poderes, se ha caído en el populismo, yendo incluso contra la propia Constitución. 

Pero ¿Por qué sucede esto?

Claramente debemos hacer un mea culpa. La responsabilidad está en la ciudadanía, la que se está muriendo, la que no puede acceder a educación, la que sale a tropezones a trabajar, la que sólo mira sin preocuparse por el bien del otro, la de todos nosotros.

La “clase política” está seriamente cuestionada, nos miente (porque en el espacio público siempre se miente) nos da discursos, nos muestra cifras, pero no es realmente responsable de lo que nos dice. La política no solo es persuasión, es al arte de la palabra, sí; pero no para florearnos, ni para mentirnos, sino para proponer, debatir y gobernarnos bien. Pero parece que la preocupación política que eleva al sujeto, ya no existe.

Queda presionar una vez más, desde las organizaciones sociales, queda alzar la voz para que en la segunda legislatura no se apruebe esta reforma constitucional, que más que ayudarnos, nos meterá en más líos institucionales y en nuevas crisis políticas.