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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

La tragedia de Ancash

Los resultados de las elecciones regionales demuestran que, además del escenario político nacional que domina la capital, existen escenarios locales muy diferentes, con particularidades que impiden generalizar conclusiones.

Sin embargo, la multiplicidad de la oferta de candidaturas que hubo revela que no ha disminuido la fragmentación política. Esa fragmentación está generalizada, como se ve a continuación. En las cuatro mayores circunscripciones con más de un millón de electores: La Libertad, Piura, Arequipa y Cajamarca, el promedio de listas presentadas fue de 12.5; tan igual como en las muy pequeñas, con menos de 300 mil electores (Apurímac, Huancavelica, Amazonas, Tacna, Pasco, Tumbes, Moquegua y Madre de Dios), donde fueron presentadas doce[1]. La mayor fragmentación está en Tumbes y Tacna, donde se presentaron 20 y 19 listas, respectivamente, y en las que menos dispersión hay es en Cajamarca y Loreto, en donde se presentaron ocho y siete listas, respectivamente. La fragmentación política significa problemas de gobierno, diálogo de sordos y serias dificultades para concertar acciones, de manera que todos los actores políticos remen en el mismo sentido y al mismo ritmo. Tenemos confusión asegurada para los cuatro años siguientes, pero a la vez, amplio margen de maniobra para el gobierno central.

Es verdad que la oferta falla por la ausencia de un sistema de partidos. Sólo tres de ellos ofrecieron candidatos en más de la mitad de regiones: Alianza para el Progreso-APP en 21, Acción Popular en 17, FP en 16. Se acercaron a la mitad, el Frente Amplio izquierdista y el Partido Humanista, con once candidaturas cada uno. En el otro extremo, postularon candidatos en menos de un tercio de regiones, el PPC, Somos Perú, Solidaridad Nacional, Siempre Unidos, Vamos Perú y Restauración Nacional, que demostraron que son partidos limeños o marcas que ofrecen franquicias a los líderes locales sin partido. El fujimorismo ganó tres presidencias regionales (Ica, San Martín y Pasco), y APP, dos (La Libertad y Lambayeque).

Pero lo más importante que hay que decir de la oferta es que -gracias a la legislación permisiva que tenemos- se multiplicaron oportunistas, improvisados y hasta corruptos que hoy han ganado varios gobiernos regionales y tendrán en sus manos el manejo de miles de millones de soles en el próximo cuadrienio. Por eso, tal vez, se explica la reacción de buena parte del electorado arequipeño, que consideró que los candidatos que llegaron a la segunda vuelta no estaban a la altura del desafío de gobernarlos. Hubo una alta votación de protesta en Arequipa: Casi el 29% de votos nulos y blancos, protesta que, sin embargo, no podrá construir nada por ahora, hasta que no aparezca el líder que esté a la altura de las expectativas de la gente. Pero ese voto de protesta ciudadana no se hizo notar en Ancash, Tumbes o Puno, por ejemplo, donde más se hubiera necesitado para saber que hay esperanza de recuperación.

La tragedia que vive Ancash, cuyo gobierno regional recibió 1,829 de los 7,742 millones de soles de transferencias del canon minero totales a sus gobiernos locales y universidades entre el 2007 y el 2014,  merece un apartado. Cuando empezó a conocerse la cadena de delitos y crímenes que se cometieron en los últimos años, desde el despacho de la presidencia regional, muchos pensamos que la mafia sería extirpada y castigada. Pero lo que acaba de suceder es un salto al vacío que puede empeorar las cosas. Ante este hecho, la revocatoria de todos los regidores del Concejo Metropolitano de Lima es una cosa de niños. Hay que decirlo sin ambages: Waldo Ríos es de la misma entraña corrupta que Álvarez y compañía. Y cuando digo “compañía”, me refiero a las decenas de empresas (y sus miles de empleados) que se beneficiaron con contratos sobrevaluados o incumplidos, pero que de ninguna manera explican los más de 328 mil votos de confianza que recibió el domingo 7 de diciembre (¿o sí?).

Ante este salto al vacío, las ciencias sociales sólo pueden mostrar su impotencia y perplejidad. ¿Por qué ganó Waldo Ríos, tránsfuga del Frente Independiente Moralizador-FIM, que se vendió por unos cuantos dólares que le puso delante Vladimiro, condenado por corrupción, y que aún debe un millón de soles por reparación civil? ¿Qué ocurrió en el cerebro de los ancashinos, hombres y mujeres, que votaron por él? ¿Creyeron realmente que él, “más pobre y más honrado” que Álvarez, repartiría 500 soles mensuales del canon minero a cada ciudadano?

Intentos de explicar su triunfo están, primero, en la cobardía de jueces electorales que le permitieron participar, cuando era evidente que no podía hacerlo. En segundo lugar, el hecho que Ríos nunca haya gozado de riquezas, dio pie, entre los desmemoriados y los desinformados, a que su delito pasara como una calumnia o, a lo más, como un pecadillo del pasado. Aquí es donde entran el fujimorismo, su justificación ideológica y su resignación ante una de las siete plagas de Egipto: “Todos los políticos son corruptos”. En tercer lugar, el apoyo de periodistas de Huaraz, que han hecho de la indignación y la denuncia su modus vivendi, de tal manera que su seudo prestigio los adorna entre los ingenuos. Astutamente, sus plumíferos lo convirtieron en víctima de la prensa y de los políticos limeños y chimbotanos, cuando no del centralismo y del racismo de los costeños. Ríos terminó en la mente de los desinformados y las desinformadas, y de los ingenuos e ingenuas, convertido en el paladín de los serranos, en su lucha contra el centralismo limeño, contra las empresas mineras y por la recuperación del canon minero.

En cuarto lugar, se puede decir que Ríos supo enfocar mejor su campaña, contando con el respaldo de los periodistas prominentes que atacaron con todo a Narváez, presentándolo como pro-minero en un ambiente en el que, salvo para los directamente beneficiados, las compañías mineras no gozan de la simpatía general. A ello agregaron la acusación de que cuando fue vicepresidente regional, favoreció a su cónyuge con algunas concesiones mineras. Agréguese a estos cargos, que Narváez hizo una campaña de muy bajo perfil, en la que no mostró cualidades de orador ni pudo ganar los debates.

Cuando fue alcalde de Huaraz, Ríos había mostrado sus dotes histriónicas para tapar su ineficacia, como aquella ocasión en que llegó al Parlamento cargando una cruz de madera y rociado de mercurio cromo, imitando las heridas de Cristo. Pero no se trata sólo de corrupción, sino de incapacidad e ignorancia supina de los asuntos públicos. Ahora que no podrá asumir el cargo por la deuda que tiene por la reparación de sus delitos, quien se debe hacer cargo es su vicepresidente, un peruano que seguramente sabe todos los secretos de la cocina –ninguna profesión es de menor jerarquía que otra-, pero que nunca ha participado en fórums, seminarios, cursillos o talleres sobre la problemática de Ancash y menos se ha preparado para la gestión pública. Todos los huaracinos informados dan fe de esta gravísima falencia. En otras palabras, se va a entregar el manejo del presupuesto a un perfecto incapaz. ¿Quedará el gobierno regional al garete o, lo que es peor, seguirá siendo pasto de la camarilla de Álvarez enquistada en su seno?

 


[1]En las medianas, de más de 700 mil electores (Cusco, Lambayeque, Puno, Ancash, Junín y Callao), las listas presentadas, en promedio, fueron 14; en las pequeñas, entre 301 mil y 699 mil electores (Lima Región, Loreto, Ica, San Martín, Huánuco, Ayacucho y Ucayali), las listas presentadas fueron 11.6 en promedio.