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Una publicación de la asociación SER

Las lecciones de estos días…si acaso se quisieran aprender

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

José Ignacio Távara Castillo

Apaciguadas las aguas, calmada la tormenta, atravesada la zona de turbulencia, vale la pena ponernos a pensar en las lecciones que nos dejan estos difíciles e intensos días. En ese sentido espero que estas líneas sean útiles para nuestra reflexión.

Algunas de las principales lecciones que pienso que se pueden poner sobre el tapete son las siguientes:

1. La distancia entre la “clase política” (parlamentarios, candidatos, dirigentes y líderes partidarios) y la gente.

Una distancia abismal. Tal parece que los líderes, dirigentes, analistas, consejeros, candidatos, precandidatos, parlamentarios piensan una cosa y la gente, otra, muy distinta y hasta contraria. Ellos pensaban que la vacancia del presidente Vizcarra era un fruto maduro listo para cosechar y disfrutar. Y resultó una cosa completamente distinta. A menos de una hora después de la tan errada y numéricamente abrumadora decisión del Congreso las multitudes estaban en las calles rechazándola con gran energía, rechazando a los ciento cinco irresponsables congresistas y, por poco, a la institución misma. Ahora sus sueños yacen por los suelos.

2. La experiencia, el poder, los medios de comunicación y los conocimientos no son todo.

Esto también es muy importante de señalar a mi modo de ver. Quienes tomaron esa estratégica decisión tan fallida, sus asesores, mentores y agitadores no son personas que no tengan experiencia, poder y conocimientos. Por el contrario, si uno mira a los principales actores y promotores de esta antidemocrática conjura, ve a personas de gran experiencia política. Allí están los señores Flórez Aráoz, Chehade, Vega, Sheput, Diez Canseco Terry, García Belaunde, Barnechea, que no son personas novatas. Por el contrario, tienen una larga historia en la política, en la administración de los asuntos públicos, en el maniobrar en las distintas esferas del poder.

Tampoco carecen de conocimientos jurídicos, históricos, sociales o políticos para no darse cuenta de los graves errores que cometían. Errores que les costaron tanto y les siguen costando: partidos que se caen como castillos de naipes, candidaturas que -ante el bochorno- tienen que retirarse.

Es notable, asimismo, su pobrísima y repetitiva argumentación que, por lo visto, no convenció a nadie o a muy pocos. Diethell Columbus, Martha Chávez, Federico Salazar, Francisco Tudela ya no tienen dónde ni a quién dar sus clases de derecho y moral pública.

Y, finalmente, el poder político. Tenían el control del Congreso, una alianza de ocho organizaciones políticas, grandes empresarios, periodistas y medios de comunicación.

Invertir tanto para perder tanto. No obstante todos estos recursos políticos, mediáticos y  económicos, su maniobra, diseñada y planificada con tanta anticipación y tan coordinada y prolijamente ejecutada, fue derrotada en apenas cinco días por una multitud interminable de jóvenes que ellos nunca pensaron ver porque nunca supieron dónde estaban ni en qué andaban, cuáles eran sus sueños ni de qué recursos disponían. Y es que, en verdad, no les interesan. Lo que no se conoce no se puede querer. Manifestaciones por doquier, tan creativas y por muy diversos medios. Fue una subversión del orden, de su orden.  

3. Incapaces de prever la reacción de la gente frente a sus decisiones.

Este error muestra una gran debilidad estratégica que se quiso compensar con la fuerza y la represión violenta. Cuando se entra en una batalla, y éste era un asalto, quienes comandan y  dirigen tienen que saber calcular y prever cuáles movimientos desplegará el contrincante, el adversario o aquél a quien se quiere desalojar de una determinada posición. Estos días nos permiten comprobar cómo estos políticos caducos no supieron calcular este aspecto tan elemental, no supieron prever ni dimensionar la masiva respuesta social, a pesar de que ya las encuestas se lo decían en alta voz.

Éste es un asunto muy serio pues se supone que un líder, un dirigente, un gobernante (o aquél que aspire a serlo) debe saber leer el alma de la gente y tener la capacidad de mirar lejos. No  quisieron, no pudieron.

4. ¿Qué hacer?

Para terminar, sólo quisiera señalar, con cargo a desarrollarlos más adelante, algunos puntos:

a) un mundo nuevo, una generación nueva. Nuevas ideas, nuevas ilusiones, nuevas sensibilidades, nuevas formas de actuar, de sentir y de expresarse que no concuerdan con aquellas que se generaron desde los noventa. La era del fujimorismo, del fujimontesinismo y del fujiaprismo terminó. Del mismo modo que terminó el izquierdismo de los setenta, el alanismo y el abimaleísmo de los ochenta. Ahora la gente se ríe cuando le dicen “terruco” o “terruca” y hasta bromea y hace juegos de palabras con este adjetivo.

b ) ¿cómo se expresarán políticamente estas nuevas sensibilidades, estos nuevos movimientos?

c) leer y sentir. Escucho y leo que se dice que hay que “leer” estos nuevos movimientos y expresiones. Está bien. Pero me temo que no bastará con leer. Hay que leer y sentir. La mente y el corazón, la razón y la sensibilidad. Sintonía y empatía. 

Carabayllo, 20 de noviembre de 2020