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Una publicación de la asociación SER

A las mujeres trans que defienden su identidad de género

Foto: Esteban Marchand

La identidad de género, una de las manifestaciones de la igualdad de género, es un derecho humano. Defenderla en el Perú es un imperativo. La violencia que sufren las personas trans, y sobre todo las mujeres trans, por defender -día a día- su identidad es aterradora. El rechazo empieza muchas veces al interior de las familias, lugar en el que las niñas y adolescentes trans empiezan a ser víctimas de algún tipo de violencia o discriminación, producto de una sociedad patriarcal que no tolera un orden distinto al tradicional.

En el ámbito público, la situación es aún más difícil y peligrosa. El solo hecho de salir a la calle manifestando una identidad de género o una expresión de género diferente a la impuesta por la sociedad hace que las personas trans estén más expuestas a una violencia que incluso mata.

Esta violencia y discriminación no solo viene del Estado o de los movimientos antiderechos, viene también de manera solapada (y más peligrosa) de personas que dicen apoyar la causa de los derechos humanos. Recuerdo que hace unos meses ante una sala llena señalé que defender el derecho a la identidad de género tenía el mismo valor que defender el derecho al territorio, y en consecuencia, cada persona trans al hacer visible su identidad, no solo se está exponiendo a una violencia brutal por parte de la sociedad y el Estado, sino que,  también está defendiendo con su cuerpo su derecho humano a manifestar su identidad de género. “¡No, las personas trans no son todas defensoras por el solo hecho de ser trans, eso es absurdo!” bramó la censura. Curioso razonamiento en el que defender el territorio es más importante que defender la identidad de género.

La identidad de género y orientación sexual gozan de una protección especial bajo los estándares internacionales. Las Naciones Unidas han reconocido la importancia e interrelación entre protección y empoderamiento: “las personas protegidas pueden ejercer muchas opciones. Y las personas empoderadas pueden evitar algunos riesgos y exigir mejoras en los sistemas de protección”[1]. Así, con sus experiencias las personas trans que tienen la capacidad de manifestar abiertamente su derecho humano a la identidad de género están generando avances en los sistemas de protección. Lo más importante: con su ejemplo le están trasmitiendo valor a las nuevas generaciones.

Actualmente, el caso de Azul Rojas, mujer trans torturada por la policía en el año 2008, está en la Corte Interamericana de Derechos Humanos a la espera de sentencia. Es el primer caso de una persona torturada por su orientación sexual, identidad o apariencia de género que llega a esta instancia, y nuestro Estado -ese que debiera protegernos- es el primero en la región que rinde cuentas por este crimen por prejuicio. Triste honor el que tenemos como país. La batalla de Azul por su derecho a la verdad, la justicia y la reparación es emblemática. Ella es una defensora de derechos humanos. Ya lo era antes de que la violentara el Estado, al expresar diariamente su modo de ser, su identidad. Ahora lo sigue siendo porque al exponer su caso de manera pública, al exigir en su demanda que el Estado cumpla con políticas públicas para garantizar los derechos de las personas LGTBI, está consiguiendo avances importantísimos en la defensa de los derechos.

Hoy, Miluska Luzquiños, mujer trans admirable que abrió en el año 2017 el local de apoyo a las personas trans denominado “Casa Trans ´Zuleymi’” (en honor a una adolescente de 13 años asesinada en 2016 por el solo hecho de ser trans) y firme impulsora de una ley de identidad de género, entre otras muchas cosas más, recibirá el premio franco-alemán por ser defensora de derechos humanos. ¡Felicitaciones querida Miluska!

Y hoy también junto con Yefri Peña, defensora de derechos humanos y mujer trans valiente, quien el año 2008 fue víctima de un intento de trans feminicidio y que actualmente viene demandando justicia por el crimen cometido contra ella (y a quién tuve el honor de patrocinar); estaremos allí, en la premiación a Miluska, celebrando su reconocimiento como defensora y exigiendo que el Estado peruano empiece a cumplir con sus obligaciones, que proteja a todas las personas por el solo hecho ser personas y que garantice de manera especial los derechos de las personas trans.

Porque no es solo defensora o defensor de derechos humanos quien más violencia recibe. No se trata de eso. Azul, Miluska y Yefri y todas las mujeres trans no son defensoras por estar expuestas a la violencia. Son defensoras de derechos humanos porque a pesar de esta violencia, están ahí, afirmando públicamente su derecho a expresar su identidad de género y porque al hacer esto, están abriendo camino para que el Estado y la sociedad las reconozca en igualdad de derechos. Y lo más importante, están abriendo camino para que esas niñas y niños que mueren de miedo, que son víctimas de golpes brutales en sus casas o de bullying en sus colegios por el solo hecho de ser trans, vean cada vez más a personas trans viviendo y ejerciendo algo tan elemental y subversivo como el derecho a vivir en condiciones de igualdad y exigir respeto.

[1] Naciones Unidas, Comisión sobre Seguridad Humana, Human Security Now, 2003, pág 12.