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Una publicación de la asociación SER
Abogada y editora.

Las olvidadas: la lucha contra la corrupción y la reforma judicial

“… la necesidad de afirmación democrática sigue teniendo plena validez, hoy más que nunca, en circunstancias que la debilidad estatal para hacer cumplir la ley de manera universal y de distribuir equitativamente los recursos sociales se suma a la incapacidad de las instituciones políticas para atender las desbordadas demandas corporativas, a la frivolidad e improvisación de la llamada “clase política” y a los múltiples y creciente desafíos de la globalización capitalista. De no atenderse estos problemas, pueden acabar desgarrando los tejidos sociales que todavía dan sentido de pertenencia y de referencia a los peruanos. Manuel Azaña decía “cuando el Estado desaparece, aparecen las tribus”.

Prefacio a la tercera edición de Clases, Estado y Nación en el Perú de Julio Cotler.

 

El último cambio de gabinete parece más un autocabe de Vizcarra, una apuesta por la continuidad de la debilidad estatal. La frivolidad e improvisación de la clase política de la que nos hablaba Cotler nos persigue, el mito de Sísifo como tragedia peruana. Nos entusiasmaron con la lucha anticorrupción, con la reforma de justicia, con el sueño de ver a AG preso; pero la piedra volvió a rodar.

Y vamos, tampoco somos ingenuas para pensar que con Villanueva la cosa iba color de rosa. Él es un político funcional que sabe negociar con todxs, y esas negociaciones pueden ser muy peligrosas porque no sabes nunca qué hay bajo la mesa. Además, continuaba el mismo modelo económico que tanto daño ha hecho y sigue haciendo al país; sin embargo, llegaba un mensaje un poco más sólido en cuanto a la lucha contra la corrupción y contra las mafias fujiapristas en el Congreso. Ahora no.

Empezaron con un gabinete paritario, lo cual fue un buen gesto político. Pero muchas ya conocemos cómo en política usan nuestros derechos como caballito de batalla para encubrir otros intereses. Ya nos pasó con la aprobación del protocolo para el aborto terapéutico, medida importante y demasiado necesaria, aprobada el 20 de junio de 2014. 21 días después, el 11 de julio, el mismo gobierno de Ollanta Humala promulgó la Ley N° 30230, el hito de los paquetazos ambientales, y así tuvieron a todos los interlocutores políticos, Cipriani y los antiderechos incluidos, hablando semanas sobre el aborto terapéutico en los medios y casi nadie le prestó atención al paquetazo ambiental.

Cinco años después y debido a la detención de Gregorio Rojas Paniura, presidente de la comunidad de Fuerabamba y sus asesores, nos estalló en la cara -por tercera vez- el conflicto de Las Bambas, una herencia de esos paquetazos ambientales que permitieron cambios trascendentales en el proyecto minero. Lo más perverso, es que a la par tenemos un protocolo que aún no se aplica del todo y las niñas víctimas de violación sexual continúan sometidas a tortura porque aún no pueden acceder al aborto terapéutico, el Estado aún no garantiza este derecho. Así de cruel. Por ello frente al gabinete paritario asentimos conformes, pero aún con desconfianza, porque los cambios que se necesitan son estructurales e incluye el modelo económico.

La paridad es imprescindible, pero no genera garantía de derechos per sé, y menos cuando tienes en el gabinete personajes cuestionables. Por el contrario, da abrumadoras señales de que se olvidaron de la lucha anticorrupción. Es el caso de la entrada de Bruce, recordado por utilizar su cargo de congresista para exigir seguridad de la PNP para sus negocios e investigado por la fiscalía por conformar la red criminal “Los temerarios del crimen” y con un reestreno como ministro diciendo que él no tiene por qué cumplir con las directivas del Congreso sobre rendición de cuentas, además de su restaurante en la Costa Verde (un lugar donde no debiera haberlos).

Y la continuidad de Carlos Morán en Interior eleva aún más estas señales. Ese ministro que miró a otro lado cuando, en la marcha por el día de la no violencia contra la mujer, la policía entró en turba a detener a una mujer valiente solo por mostrar sus tetas. Esa actitud no nos asegura en modo alguno la garantía de nuestros derechos. Y si a eso le sumamos sus declaraciones buscando exacerbar el conflicto de Las Bambas, junto al trabajo de “inteligencia” que permitió que un helicóptero con la delegación ministerial fuera atacado por huaraqueros -¿raro, no?- pareciera que nos gritaran en la cara: ya fue la lucha anticorrupción.

Y pareciera también que el respaldo a nuestros derechos y a la igualdad de género es una carta bajo la manga para salir en calidad de héroe si las cosas se ponen muy mal.

Por lo pronto, después de un despliegue mediocre y plagado de errores, este sábado el diálogo para resolver el conflicto de Las Bambas le ha brindado un respiro con la firma de acuerdos entre la comunidad de Fuerabamba, la empresa MMG y el gobierno mismo, gracias a la mediación de la iglesia católica. Lamentablemente en el Acuerdo firmado el Estado reconoce su ausencia, pero no se compromete a nada en concreto, cuando es mucho lo que tiene que hacer, porque no solo se tienen que levantar los estados de emergencia (y de lo cual no se habló en el acuerdo con Fuerabamba), sino también son los nocivos contratos que alquilan a la policía al servicio de las extractivas que deben eliminarse, y varias cosas más como el reconocimiento del derecho a la consulta previa.

Y quizás lo que más nos deja mal sabor, es que el gobierno solo irá a Challhuahuacho una vez que se cumplan una serie de acciones por parte de las comunidades afectadas. Triste evidencia de la lejanía del poder político en Lima que es incapaz de ir a las regiones, a los territorios, sin poner requisito alguno. Ah, y un pequeño gran detalle, a la hora de hacer público los acuerdos, no habló ninguna mujer. Es en esos momentos tensos y complicados donde se ve si hay un compromiso real con la participación de las mujeres. Esperemos que se llegue a una solución de fondo y no se quede solo en fotos de portada, es urgente.

¿Pero con quienes más busca el diálogo? ¿con el fujimorismo y el aprismo en Congreso? El mensaje del 4 de abril fue gaseoso y evadió los temas centrales. Inclusive en el caso de Las Bambas no hubo menciones concretas. Y lo más importante, frente a un Congreso con congresistas cuestionados, investigados e incluso sentenciados por corrupción, el discurso sobre la lucha anticorrupción fue casi lo opuesto a los discursos de Vizcarra frente al escándalo de #LavaJuez.  A veces los silencios dicen demasiado. Los hermanitos y los cuellos blancos del puerto respiran aliviados en cana.

En momentos en que tenemos un Congreso repleto de fujimoristas y apristas buscando a como dé lugar bajarse lo avanzado por la fiscalía en los casos de LavaJato, preocupa esta pérdida de fuerza. Frente a proyectos de Ley como los de Beteta y de Milagros Salazar, que buscan impedir que Barata dé información, ¿puede no haber una respuesta clara del Ejecutivo?, ¿se seguirá con el discurso hueco de la autonomía de poderes? Debería haber una respuesta contundente. No la hay.

Le toca al gobierno de Vizcarra volver a tomar el mando sobre la reforma de justicia, urge continuar con la lucha contra la corrupción. Si no hay voluntad política, la reforma judicial estará estancada y nosotras veremos cómo AG libre, impune y feliz se ríe en nuestra cara, una vez más. Nuevamente citando Cotler: “El problema no es que haya corrupción, el problema es que hay impunidad”.

De la reforma política mejor ni hablar, esta parece olvidada por el gobierno, pero ese es otro tema del cual ya hablarán los políticos, politólogos y académicos de gabinete. Y con la apuesta por la supuesta competitividad, nos queda claro que la intención es quedar bien con la CONFIEP y sus amigos. Por ahí no hay intención alguna de crear un Estado que distribuya.

Estamos en 2019 y todavía muchas nos preguntamos cuándo tendremos un Estado basado en instituciones fuertes y legítimas y no tribus fujiapristas que danzan al son de los intereses de unos cuantos empresarios dinosaurios y poderosos.