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Una publicación de la asociación SER

Las preocupaciones de la población de Puno frente al Covid-19

Foto: Municipalidad de Puno

Jesús Edson Ortega Portugal. Abogado y coordinador de la Oficina Regional de SER en Puno

Luego de 10 días de la declaratoria del estado de emergencia y a 6 de emitirse la orden de la cuarentena obligatoria en horas de la noche, para prevenir el contagio e infección del virus Covid-19 tenemos que hacer algunos apuntes sobre el comportamiento de los pobladores altiplánicos, y sobre dos grandes preocupaciones: la cosecha de abril y la temporada de heladas junio-agosto

Un escenario incomprensible es el ocurrido con el conductor del vehículo de la SUNAT Denys Tapia Condori, quien en un acto incomprensible, ocasionó un accidente de tránsito en las inmediaciones del desvío a la comunidad de Jacha Huinchoca, en el límite del distrito de Acora-Puno y la provincia de El Collao-Ilave, con el terrible saldo de la muerte del soldado Ejército Peruano Ronal Mamani Ajajahui, hecho que en la actualidad se encuentra en investigación por parte de la fiscalía con el mandato de prisión preventiva en contra del conductor por el lapso de nueve meses. Este suceso ha vuelto a poner a Puno en el ojo de la tormenta, y vistos de manera negativa por el resto del país, y sobre todo por los medios de comunicación de Lima, que siempre nos ven como la población antisistema, y poco tolerante.

Pero ocurren otras cosas en Puno, por ejemplo, pese a no reportar casos confirmados de contagio por el Covid-19, se vienen acatando las medidas dictadas por el ejecutivo con un alto nivel de compromiso ciudadano, salvo el pasado sábado 21 debido a las ferias sabatinas donde hubo concentraciones de personas con la finalidad de poder abastecerse de productos de primera necesidad, sin embargo, los demás días es común encontrar las principales calles de la ciudad con poca afluencia de público, y menos aún por las noches.

Pero, ¿qué pasaría si la emergencia se prolonga en los subsiguientes días?, entonces nos encontraríamos ante un escenario complicado, pues una parte del abastecimiento de los hogares rurales depende mucho de la producción de papa, oca, habas, quinua, cañihua, entre otros, que tiene su proceso de cosecha durante el mes de abril, y de prolongarse la “cuarentena” inevitablemente se perdería gran parte de la producción agrícola del 2020, la misma que sirve fundamentalmente para el autoconsumo de las familias altiplánicas. Frente a esta situación el gobierno debe evaluar si permite los trabajos agrícolas, labor en la que difícilmente existe interacción a menos de un metro entre personas. Recordemos que buena parte de la población rural es adulta y sin alimento podría ser más vulnerable al Covid-19

Finalmente otra preocupación es la proximidad de la época de frio en la región, cuyos picos más altos se dan entre los meses de junio – agosto, época en la que se presentan muertes por neumonía, e IRAS. Por ello solicitamos que los diferentes actores del estado puedan prevenir posibles escenarios favorables para la propagación del virus, y no sea este un caldo de cultivo que indefectiblemente nos arrastre a tener una alta tasa de mortalidad de la población rural, toda vez que, los servicios que brinda el estado en esta zona son realmente precarios.