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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Las urgencias de Machu Picchu

Si para UNESCO la actual capacidad de carga de Machu Picchu, con 2,500 visitantes por día, es ya una concesión al Perú, para los guías turísticos organizados en Agotur la cifra sigue siendo insuficiente. Por eso, exigen al Ministerio de Cultura que, además de establecer dos turnos de visitas, duplique la cantidad de visitas turísticas permitida. Es más, el 28 de julio y el 6 de agosto ya se registraron 5,200 ingresos, cada día: más del doble de lo estipulado, y con la anuencia de la Dirección Regional de Cultura, cuyos actuales funcionarios rechazan la idea de que sea la UNESCO quien regule la capacidad de carga. Según ellos, la decisión debiera recaer en la propia dependencia ministerial, que, como se percibe, está sujeta  a las presiones de los operadores turísticos, en quienes parece primar el afán de hacer negocio antes que la protección del patrimonio cultural. Valga recordar que en el año 2013, la Contraloría señaló que Machu Picchu recibió un 32% más de visitas de las permitidas.

Ese tratamiento a Machu Picchu también viene generando otros efectos contraproducentes, como la sobrecarga del transporte, la violación de los límites de soportabilidad de las vías, el deterioro de los vehículos, entre otros.

Cabe señalar, además, que hasta ahora el país no cumple con levantar las observaciones que UNESCO hizo hace dos años, como consecuencia de la errónea gestión de este patrimonio (cantidad de visitas diarias, crecimiento desordenado de Aguas Calientes, incremento y mala gestión de residuos sólidos, efectos de habilitación de la carretera Santa María-Machu Picchu, e inexistencia de plan de riesgo para emergencias). El tema más crítico es el manejo de la capacidad de carga del monumento, concepto cuestionado por las actuales autoridades del sector, quienes le restan importancia, a diferencia de UNESCO, que, en base a su amplia experiencia internacional, lo considera un aspecto fundamental. Lo que está en juego es la preservación de Machu Picchu y la posibilidad de que, por una mala gestión, ingrese a la lista negra de patrimonios en riesgo.

El argumento es muy simple para los guías turísticos que suman unos 6,000 en Cusco. Ellos consideran a Machu Picchu un “mono producto”, del cual depende casi exclusivamente su beneficio económico, por lo que las limitaciones en las visitas impiden más viajes de turistas. No toman en cuenta que se debería hacer esfuerzos por diversificar las opciones turísticas del Cusco.   

Según las informaciones oficiales, las visitas a Machu Picchu producen ingresos anuales por encima de los 100 millones de soles (unos 37 millones de dólares), monto que debería contribuir a la puesta en valor del patrimonio cultural, en  beneficio, en primer lugar, de las poblaciones del sur andino.

Se trata de afirmar Machu Picchu como un ícono nacional hacia el mundo, con una severa distorsión que lo convierte en un instrumento de extracción irresponsable de renta, a costa de su preservación y autenticidad cultural y natural, que pareciera importar poco al turismo convencional, pues este considera este bien un vehículo para extraer ganancias.

Afortunadamente, hay algunos sectores empresariales que tienen otra visión del turismo: más inclusivo, responsable y redistributivo, y que en alianza con el sector público debería tomar las riendas de estas actividades económicas. Justamente, el reconocimiento de Machu Picchu como un único y dependiente producto debiera, por el contrario, llevarnos a promover y poner en valor las diversas potencialidades culturales que poseen tanto Cusco como el sur peruano y el país en su conjunto. Ya es tiempo de contar con una propuesta de desarrollo nacional que haga del patrimonio cultural un componente clave del bienestar de la gente y refuerce la identidad de nuestros pueblos. ¿Estarán las nuevas autoridades por elegir a la altura de estos desafíos?