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Una publicación de la asociación SER
Fabiola Yeckting

Laulico y Allpa Kallpa dos visiones para entender la Reforma Agraria de Velasco

Fabiola Yeckting en coautoría con Dante Villafuerte

Laulico es la película dirigida y escrita por el laureado cineasta cusqueño quechuahablante Federico García, y producida por Pilar Roca. Inauguró el Primer Festival de Cine Latinoamericano en la Habana Cuba en el año 1979. García, vinculado con el Partido Comunista, muestra su compromiso social en  películas como Túpac Amarú. Por ello es inevitable la asociación del guión de Laulico con la idea de utopía andina, concebida como cambio y revolución social desde la tradición andina, propuesta por Alberto Flores Galindo[1], uno de los intelectuales de izquierda más influyentes de los años 80.

La sinopsis de la película señala que en los Andes peruanos del sur, los comuneros de Fuerabamba creen que pesa sobre ellos la desgracia y la esterilidad desde que el Apu Wamani (Fuerza de la Tierra) fue derrotado por los encomenderos españoles y encerrado en la cárcel de la hacienda Pamparqui. Desde entonces se han dedicado al bandidaje y al robo de ganado para sobrevivir. Por generaciones trataron de libertar al Wamani a fin de recuperar su condición de agricultores y abandonar el oficio de ladrones que ejercen a desgano. Laulico, jefe de la comunidad, logra tomar la hacienda pero luego se desata sobre él y su pueblo una feroz represión.

Desde los años 20 se produjeron denuncias de las comunidades contra los gamonales en Cotabambas. Un memorial informó sobre los atropellos de los cinco hermanos Montesinos, especialmente de Rufino y Guillermo, “el pueblo de Ccuyllurqui se encuentra subyugado por dichos hermanos y las extensas tierras legadas por los antecesores de los infelices indios se hallan despojados por estos y convertidas en grandes latifundios donde los señores de horca y cuchillo, atentan contra el pudor de mujeres impúberes y casadas y las violan casi en presencia de sus padres y esposos, mientras éstos se hallan sometidos a crueles torturas como el sepo (sic), la barra y otros instrumentos de castigo que, con megua (sic) de la democracia y la República existen en los feudos de estos vándalos modernos…”[2]. Con ello se muestra la indignación por esta barbarie que los delegados de la Junta Central del Patronato de la Raza Indígena suscriben en el memorial de los indígenas de la comunidad de Qoyllurqui que presentan al presidente de la Junta departamental del Cusco en 1929.  

La película Laulico, que se filmó en Grau y Cotabambas, muestra las difíciles condiciones de vida en las comunidades que propicia el abigeato o robo de ganado a fines de los años 60. Cuenta la historia de un héroe que cansado de esta vida y de los abusos de los mistis, hacendados con el poder político local, busca rebelarse por las injusticias cometidas. Después del asesinato del jefe del ayllu, se produce la canción de los muertos o ayataki que remarca la búsqueda del Wamani por el héroe. Explica la realidad de estos años en Grau y Cotabambas, donde por influencia de los mistis no llegó a profundizarse la Reforma Agraria.

Se observa la vida en las punas, la lectura de la hoja de coca, los pagapus, el Wamani, así como el universo cultural quechua. También muestra los pueblos de Cotabambas y Grau que hasta los años 80 tenían una arquitectura con una plaza de diseño damero y alrededor las comunidades, con un paisaje predominantemente rural. A ello se suma el imponente escenario de la Ccaccacárcel o cárcel de piedra de Haquira, donde se realiza la escena del juicio para liberar al justiciero.

La película se realizó con la participación especial de comuneros de Fuerabamba, Challhuahuacho, en lo que ahora se ubica el proyecto minero Las Bambas en Apurímac, y de Chumpe Poqes y Lauramarca en Ocongate en el Cusco. El director cuenta que el argumento central y el destino del héroe mítico, Laureano Machaca, se construyó con la participación de los comuneros. En la defensa del héroe encarcelado, después de haber tomado la justicia en su mano, se alude a la cultura violenta del indígena y que “la cruz y la espada no ha completado la civilización”. Cuando su abogado invoca su absolución señala “el indio que juzgamos es apenas un hombre, no posee una mente racional, sino una mente mágica” y agrega que “él actuó con perfecta ignorancia del daño que causaba, movido tal vez por un sentido primario de liberación”. Finalmente, la fuerza del héroe se rebela en el descubrimiento que “¡el Wamani somos todos, los vivos y los muertos!” y que la capacidad de la organización para terminar con el régimen de servidumbre estaba en la comunidad.

La película Allpa Kallpa (La fuerza de la tierra), fue financiada por Tulio Loza y su productora Apurímac, y dirigida por el argentino Bernardo Arias, siendo su primer largometraje premiado con el segundo lugar en 1975 en el Festival Internacional de Cine de Moscú. Fue estrenada en Lima el 25 de julio de 1974 y vetada al día siguiente durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado en el Perú, fue considerada subversiva en la Argentina, hecho que la condenó por mucho tiempo al olvido. E incluso Tulio Loza por sus imitaciones y burlas fue deportado por Velasco a la Argentina.

Allpa Kallpa protagonizada por Tulio Loza, migrante de la sierra, estudiante de derecho en la Universidad de San Marcos y comediante exitoso, es toda una contradicción. La película presenta la construcción del personaje Nemesio Chupaca, representando a los migrantes de la sierra, como “emprendedores”. Loza entrevistado señala que es una “venganza” a la situación de burla que implicaba ser serrano en “todo momento y en todo lugar de Lima” y del personaje dice "no solo enamoraba a la 'cholita' de la hacienda, sino también a la misma hija del patrón”. En su personaje Camotillo el Tinterillo se autodenominaría “El cholo de acero inoxidable”. En la película cita su frase "Cholíbiris nunca bonus, y si bonus, nunca perfectis, si perfectis, siempre cholíbiris", luego de escuchar insultar de “cholo bruto” a un sirviente del hacendado cuando él es invitado por la hija de éste. En respuesta a los juicios sobre los indios por parte del hacendado, interpretado por Hudson Valdivia, dice “es la misma raza que construyó el imperio de los incas”. Increpado por el hacendado por coincidir con las ideas del maestro “Mataburro”, el mayor enemigo local, foco de subversión, según su opinión, contesta que él “está con quien tiene la razón”, que según los filósofos “nacidos en marzo” la “juerza está donde está la razón” y que según otros filósofos no marxistas se han preguntado “¿puede alguien razonar con un balazo en la cabeza? Así concluye como moraleja que “donde está la juerza está la razón”, diálogos que muestran la indefinición ideológica de Tulio Loza y su pragmatismo emprendedor.

La película muestra la transición del personaje Nemesio Chupaca, que sale de su comunidad, e ingresa al ejército, luego intenta estudiar en la universidad y vuelve después de 15 años, para descubrir por el profesor que en la comunidad nada ha cambiado. Este último señala: “la ignorancia, la esclavitud y la miseria, han llegado a su mayoría de edad, lo mismo que nuestro deseo de ser libres. Agrega “... Tu llegada plantea una disyuntiva, o nos ayudas a luchar o nos hundimos juntos”. Nemesio responde al profesor que “A este pueblo hay que ayudarlo a morir para que su vergüenza no trascienda”.

Tulio Loza en una entrevista manifiesta que cuando tenía 12 años, lloraba y temblaba al ver como “dos gamonales, jugaban al tiro al blanco con seres humanos", y fue la razón por la que estudió derecho, motivado para defender a los cholos víctimas del gamonalismo. Por ello, la película con la visión descarnada de Loza de los hacendados, muestra los “chaccus humanos” o juegos de caza por parte de los hacendados que buscaban de esta forma castigar a los sirvientes rebeldes, como lo hacían en Patibamba en Abancay. Se muestra a Nemesio siendo niños con Valicha quien le dice que “Ahora te irás y te olvidarás de nosotros”, y cómo se cruzan las relaciones entre los hacendados y los sirvientes. El hacendado luego de violar a Valicha y matar a su padre, finalmente convive con ella luego que su esposa lo abandona.

En la película se muestra la comunidad asediada constantemente por los hacendados, y se marca el “problema de la tierra” con la imagen de un niño en la escuela escribiendo “tierra”. El profesor en la escuela es el único que denuncia los abusos, así cuando el hacendado mata a un comunero por despojarlo de su tierra y luego con un Caterpillar arrasa la escuela y al profesor, antes de ser aplastado grita “abajo los gamonales, viva el Perú”, y a sus costados aparecen las inscripciones de la “hoz y un martillo” y el APRA, como posibles actores políticos del cambio esperado. Este hecho genera el levantamiento de todos los comuneros para hacer justicia, liderados por el personaje de Nemesio Chupaca.

Ya Etienne Durt[3] señala cómo el velasquismo borró las identidades étnicas a su sola condición de campesinos. Con Tulio Loza se define a los migrantes por su condición de cholos, ocultando la dimensión étnica del indio. Situación por la que hasta ahora, incluso luego de la reforma agraria, las condiciones que aquejan a los indígenas son invisibles en el Perú.

La película muestra la mirada de Tulio Loza de los personajes que desde el arte o la difusión cultural como Alfonsina Barrionuevo, el escultor Edilberto Mérida, o la familia de artesanos de Hilario Mendívil, construyen otras representaciones del gamonalismo. Mientras en Allpa Kallpa se recurre a mostrar las diferentes expresiones artísticas como la música “chola” y no indígena de Los Campesinos y Luis Abanto Morales, Laulico muestra el universo cultural de la comunidad con cantos de contrapunto como el Wifala, wifala y ayatakis interpretados por los personajes según la tradición comunal.

Las dos películas describen el ambiente de las relaciones serviles entre las haciendas y las comunidades y la urgencia de un cambio. En ambas películas subyace una propuesta política de cambio o transformación. En Allpa Kallpa se deja como posibles actores a los partidos de izquierda y al APRA, mientras que  en Laulico se propone la utopia andina a partir de la organización comunal. Los personajes principales de las dos películas buscan desterrar a los hacendados gamonales de las comunidades. Pero los sujetos de cambio responden a lógicas diferentes, Laulico es parte del ayllu y la comunidad, por ello refleja la tradición comunal. Nemesio Chupaca es el migrante, cholo, emprendedor y, de alguna manera, exitoso que vuelve a su comunidad que no ha cambiado. Ambas visiones nos ayudan a entender que la Reforma Agraria de Velasco consolidó el proceso de cambio y desplazamiento de la sociedad terrateniente y el poder gamonal, a la vez que sentó las bases para una mayor participación política e incorporación democrática en el país a los ciudadanos y ciudadanas de las comunidades indígenas de los espacios rurales.  Y por ello es oportuno volver a verlas.

Laulico

 

 

[1] Flores Galindo, Buscando un Inca: Identidad y Utopía en los Andes. Lima: Editorial Horizonte. Cuarta edición. 1994.

[2] Memorial de los indígenas de Coyllurqui contra familia Montesinos por usurpación de tierras (1926) Rainer Hosting/Ciro Palomino/Jean Jacques Decouster. Proceso composición y titulación de tierras en Apurímac-Perú. Siglos XVI-XX. EDITATU Editores. Cusco, julio 2007. p. 728.

[3] Etienne Durt Vellut De la Reforma Agraria a la contrarreforma: Tres décadas de pensamientos únicos. En SEPIA 20 años: Evaluación y Reflexiones / Seminario Permanente de Investigación Agraria. Lima, SEPIA, 2005. p.236.