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Una publicación de la asociación SER

Libertinajes que violan

Quiero creer que, cuando se crearon las redes sociales, nadie imaginó las consecuencias negativas, y las distorsiones y vicios que sufriría la libertad de expresión.

Tal vez hemos callado tanto por tanto tiempo, o tal vez nunca estuvimos ni estaremos preparados para tanta modernidad o plataformas que nos permiten vomitar nuestros pensamientos más oscuros apelando erróneamente a la libertad de expresión. Al menos, en el Perú, no estamos listos. Todos, sin excepción, abusando de esta libertad, hemos atentando contra los derechos fundamentales de los demás; desde simples memes, comentarios, hasta fotomontajes con terroristas, y acusaciones, a veces falsas, de delitos penales.

Además de estudiar derecho, he crecido entre leyes en casa, así que me resulta complicado hacer caso omiso a los principios procesales, o salir de lo que es legalmente permitido. Pero también comprendo que el derecho debe avanzar al mismo paso que lo hace la modernidad, y tiene que amoldarse a los cambios que éstos producen en la sociedad. En ese sentido, utilizar una red social para denunciar, por ejemplo, una violación sexual, que, aunque no es lo indicado, es entendible perfectamente; más aún, con el deficiente sistema judicial de este país, que muchas veces, falla a favor del violador o agresor asexual.

Por otro lado; no es lo indicado hacerlo mediante una red social, porque si el delito no es flagrante o no existen pruebas irrefutables, se pone en riesgo el principio de presunción de inocencia, y, sobre todo, porque la víctima se expone a sufrir otra violación más: la del libertinaje de expresión.

Es tan indignante que, cada vez que una persona denuncia una violación sexual o una agresión física a través del Facebook, todas las reacciones y pensamientos se enfoquen, exclusivamente, en “por qué esperó tanto tiempo para denunciar”, “por qué salió a emborracharse”, o “por qué seguiste con él si te golpeaba”. ¡¿Por qué?! ¿Por qué es más indignante y más fácil de condenar las acciones de la víctima y no el delito en sí? ¡Es un delito!, ¿se han dado cuenta que es un delito, cada vez que vomitan odio contra la víctima?

Siempre, en este país, es más fácil justificar al violador, y al agresor; siempre resulta más fácil defender al amiguito y llamar loca a la víctima. Siempre, incluso, si es un portal de noticias quien da a conocer el delito, todas las reacciones son iguales: en contra de la víctima.

Si denunciar un simple robo o hurto es difícil, ya sea porque sabemos que el sistema no sirve o demora, o por temor a las represalias del delincuente; imagínense lo difícil que es denunciar una violación sexual o una agresión física (más, cuando el agresor es alguien en quien confiabas): cuando una persona adulta, adolescente o niño/niña son violados, lo único que quieres es desaparecer; la vergüenza, el miedo, y la culpa se apoderan de ti, y no te dejan pensar; y las pesadillas nunca terminan, incluso cuando han pasado años, y por fuera parezca que lo superaste.

Tal vez hay que aprender ya, el significado y los límites de la libertad de expresión; tal vez hay que dejar de suponer y adelantar juicios tanto sobre la víctima, como sobre el supuesto denunciado, y dejar que el proceso siga su curso, y redireccionar ese libertinaje de expresión hacia el sistema, siendo vigilantes y exigentes de justicia. Y tal vez, hay que recordar que somos humanos, y no verdugos autoproclamados.