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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

Lima, 18 de enero de 2035

Como hoy es aniversario de Lima y es feriado, no he tenido que madrugar a las 4:00 a.m. para llegar al trabajo. Por suerte vivo en Santa Eulalia y estoy a un paso de la estación del tren que me lleva directo hasta San Borja, el centro financiero de Lima, donde queda la pequeña universidad privada en la que soy jefe de prácticas. En realidad, podría levantarme a las 5:30, pero a esa hora estaría cortada el agua y no podría ducharme. Con los 12 millones de limeños y el cambio del clima, el racionamiento del agua se impone y ya nadie protesta. Peor sería vivir en las pampas de San Bartolo o en los cerros de Pasamayo, donde la pobre gente tiene que hacer cola a esa hora para tomar su bus. Estoy con ganas de salir con mi auto compacto chino a la Costa Verde, pero me acobardo ante la idea de que me agarre un atasco en el Gusano por horas de horas (así le llaman a la Autopista Central de ocho carriles por la lentitud con que se mueven los carros). No se ha logrado hasta ahora aprobar la fórmula holandesa de circulación restringida, porque la tele dice que eso es populismo estatizante. Normalmente tomo el tren eléctrico desde el paradero Bata-Chosica, hasta el cruce de Maravillas y después me bajo en San Borja Sur. Desde que hace cinco años electrificaron la línea Callao-Ricardo Palma siguiendo la antigua ruta del Ferrocarril Central, el problema del transporte en el cono este de la ciudad se vio tremendamente aliviado.

Me tienta la idea de ir en el compacto para estrenar la autopista elevada de la Costa Verde (Chorrillos-La Punta) que inauguran hoy la presidenta y la alcaldesa, como si fueran hermanitas. Es ‘la obra’ que han logrado hacer por Lima en su V Centenario, luego que la primera fracasó hace siete años –cuando en esa época era alcaldesa- en conseguir la sede de las Olimpiadas del próximo año y fuera humillada por una ciudad enana como Kingston. Como premio consuelo, por segunda vez Lima será sede de los Juegos Transpacíficos que se inaugurarán el 28 de julio. Eso ha reactivado la economía con la construcción del nuevo Estadio Panamericano para 120 mil almas, coliseos, canchas y la villa olímpica que la han hecho en la antigua zona industrial de la Avenida Argentina. Además de los hoteles gigantes de San Borja y La Molina que esperan albergar a los tres millones de turistas que, calculan, llegarán. Eso, realmente, le está cambiando la cara a esas partes de la ciudad que eran chatas y ahora están creciendo hacia arriba, 35, 45 pisos. Aunque otros dicen que la patinada de las Olimpiadas sirvió porque recién los alcaldes se dieron cuenta que Lima no tenía árboles y por eso era tan contaminada y desde esa fecha todos andan buscando cualquier metro cuadrado libre para plantar un árbol.

Siempre estoy discutiendo con mi viejo que no abandona sus antiguas ideas izquierdistas. Yo le hago ver que a pesar de los problemas, seguimos creciendo: que la pobreza ya está en 20% (pero la mitad son pobres extremos, me insiste él); que hace años ya no hay analfabetos en la Sierra y la Selva (se han trasladado a tu universidad, se burla); que ya no estamos en la cola de América Latina en TBC (pero seguimos terceros en consumo de PBC, porfía). Y a propósito de mi universidad, le respondo: ¿No te parece chévere que tengamos 123 universidades privadas sólo en Lima, dando chamba a tantos como yo y desasnando a tanto chico que no aprende nada en la secundaria? Como buen anarquista siempre me está posteando su selección de malas noticias, diciendo que los desagües están reventando todos los días en Lince y Jesús María, que los edificios se derrumban solos en Breña y La Victoria como ejemplos de una ciudad construida sin respetar las reglas; que hay un proyecto para construir el nuevo aeropuerto internacional en Asia, donde viven los ricos, y a la vez racionamiento eléctrico para todos; que los hospitales públicos están peor que las escuelas fiscales porque los médicos han salido de universidades como la mía, me jode.

Pero yo le digo que así es el mundo y así es la historia: que antes los chinos eran pobres y ahora son los ricos del mundo; que antes España era una potencia y ahora está a la cola de Europa; que antes en Lima pululaban los delincuentes pero ahora están las POLPRI (Policía Privada) con capacidad para intervenir comunicaciones, portar armas, disparar y detener, y uno se siente más protegido; que antes despreciábamos el maguey y ahora es primerísimo producto de exportación a México para hacer tequila; que ahora las joyas peruanas están en alza en el mundo, para no hablar de la exportación de chefs. Él insiste en que conozco el mundo por Internet, pero no las calles de Lima, ni menos el ‘Perú profundo’. Me hace gracia su frase del ‘Perú profundo’ que sería el de la época de las minas de socavón, cuando ahora las minas chinas del Perú todas son de tajo abierto y sin accidentes; cuando ahora somos Perú altura con los diez satélites que tenemos dando vueltas al planeta, lanzados desde cohetes chinos; cuando tenemos los mejores corredores del mundo en altura; cuando ahora somos fabricantes de aviones drones de altura.

Mi viejo insiste en que soy joven, que cuando lea más o cuando me case o tenga la edad de Cristo (dentro de tres años) empezaré a ver las cosas desde otro ángulo. Ya le he dicho que vivimos en una nueva era audiovisual y bisexual, pero él todavía vive en la época de la lectura, de los géneros y por supuesto, del matrimonio. Francamente, sólo queda reírse.