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Una publicación de la asociación SER
Historiador

Los 70 años de Tito Flores: La necesidad de la Historia Regional en el Perú.

Nacido en 1949, el pasado martes 28 de mayo el recordado historiador marxista peruano Alberto Flores-Galindo hubiera cumplido 70 años.  Sin embargo, su muerte a los 40 años de edad, el 26 de marzo de 1990, cortó demasiado prematuramente su valiosa actividad historiográfica y su rol de “intelectual público”, hace ya 29 años.  Quizás el mejor homenaje que se le pueda rendir a Tito Flores es dar a conocer a las jóvenes generaciones sus ideas --accesibles en los 7 volúmenes de sus ‘Obras completas’, coordinadas por su viuda, la antropóloga Cecilia Rivera--, ideas que sin duda incentivarán la reflexión, el debate y la discusión que él siempre intentó promover.

Su interés por entender el Perú lo llevó a buscar entender su complejidad regional.  La mejor evidencia de este interés es un trabajo pionero, ‘Arequipa y el sur andino: Ensayo de historia regional. Siglos XVIII-XX’ (versión preliminar a mimeógrafo publicada en 1976; libro publicado por Editorial Horizonte en 1977; en las ‘Obras completas’ corresponde al tomo I, pp. 231-454).  La editora, Maruja Martínez (1947-2000), registraba sobre este libro que: “Alberto Flores Galindo escribió en la carátula de su ejemplar: «No volver a publicar. Apresurado»” (p. 454, n. 1).  Por eso, Tito había concluido el libro con estas palabras: “El propósito final de este libro es plantear la necesidad de la historia regional.  Este ha sido sólo un ensayo.  El ensayo proporciona una visión de conjunto y provisional sobre un tema.  Hemos intentado justificarlo en las páginas introductorias.  Pero el ensayo no puede negar a la investigación prolongada y paciente.  Hace falta marchar también por este último sendero” (p. 390).

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En las conclusiones al libro, Tito reflexionaba sobre la historia del Perú: “No se trata de una sola historia, sino de muchas historias.  Más que de un país, deberíamos referirnos a varios países, como se hacía en los tiempos coloniales (Pablo Macera se ha encargado de recordárnoslo en sus estudios sobre la hacienda)” (p. 388).  Nunca una verdad mejor dicha sobre el pasado peruano.

Y, a continuación, precisaba: “En el caso del sur […] la región ha obedecido a procesos específicos --internos y externos-- que no mantenían siempre una articulación necesaria con los que se desarrollan en otros lugares.  Evidentemente, a partir de la década del 50, cuando se inicia una nueva fase en el desarrollo del capitalismo peruano, las regiones se irán articulando y terminarán perdiendo muchos de sus rasgos constitutivos.  Consecuencia del desarrollo de la red vial, las migraciones, la expansión del mercado de trabajo, etc.” (p. 388).

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En la introducción, Tito había planteado su investigación en estos términos: “Este libro tiene como finalidad proponer una perspectiva para el estudio histórico del Perú contemporáneo: la perspectiva regional.  Se trata, a nuestro entender, de un enfoque casi inevitable al querer explicar a una sociedad que ha estado definida por la carencia de un efectivo mercado interior y la inexistencia de una nación.  Por el contrario, han coexistido espacios diferentes bajo el nombre de un mismo país.

“Los problemas regionales han sido relegados y olvidados por una historiografía oficial que pretendía explicar al país desde Lima y reducía toda una complicada y diversa historia a los avatares políticos de la capital.  Pero para evitar el “adanismo” conviene precisar que no somos los primeros ni los únicos en contraponer una perspectiva regional.  Lo hicieron durante la década del veinte quienes estuvieron preocupados por el problema agrario, como Mariátegui, Castro Pozo y Emilio Romero, o quienes plantearon por primera vez la necesidad de una historia del pueblo, como Basadre.  En la actualidad la misma preocupación se puede encontrar, por ejemplo, en los estudios de Pablo Macera, Heraclio Bonilla y, más recientemente, en las investigaciones de Baltazar Caravedo.

“En las páginas que siguen estaremos refiriéndonos constantemente a la región y al fenómeno del regionalismo.  Convendría, inicialmente, tratar de precisar qué entendemos por región.  El término alude inmediatamente a un espacio, pero no a cualquier espacio, sino a una geografía que se ha ido definiendo a lo largo del tiempo, a través de los años y los siglos, teniendo como base determinadas relaciones de producción y un circuito comercial característico, que han permitido, a su vez, la hegemonía de una clase sobre ese espacio.  La región aparece como el resultado de la combinación de elementos muy diversos.

“Desde luego que la región no es un fenómeno exclusivamente peruano.  Las sociedades precapitalistas […] albergan espacios con características diversas.  Con el capitalismo esos espacios no desaparecen necesariamente.  El desarrollo desigual permite que subsistan, y algunas veces llega a generar mayores diferencias mediante la conformación de bloques regionales de clase.  El ejemplo casi inevitable es la España del siglo XIX, donde al lado de áreas atrasadas se encontraba una Cataluña definidamente capitalista y dirigida por una burguesía con fuerte raigambre regional.

“En el Perú, el caso extremo y el ejemplo que trataremos de mostrar en las páginas que siguen, es el de Arequipa y el sur andino.  Pero, como veremos, la configuración de ese espacio regional va a ser diferente a los procesos ocurridos en los países donde el capitalismo se originó.  El atraso y la dependencia convierten a los circuitos comerciales en el elemento más dinámico para la conformación del espacio regional.  En otras palabras, la región no se diferencia del resto del país principalmente por un tipo específico de relaciones sociales de producción, sino más bien a partir de una articulación comercial (flujos mercantiles y monetarios).  Por esto, en las páginas que siguen trataremos de presentar una periodificación de la historia del sur tomando como base los cambios ocurridos en los circuitos comerciales: será el planteamiento que vertebrará a todo el texto.  Esta importancia que se le asigna a la circulación no significa un olvido ni un descuido de la producción misma.  Tampoco, como se podrá ver, significa una concesión a la ya caduca “teoría” de la dependencia.  La articulación comercial, a su vez, asignará características propias a las clases hegemónicas y subordinadas y al regionalismo que se generen sobre ese espacio.

“Lo anotado anteriormente exige además que nuestra interpretación del sur transcurra en los marcos de una larga duración: desde el siglo XVIII, cuando quedaron sentadas las bases de la región, hasta los inicios del presente siglo.  De esta manera tenemos como tema un vasto espacio, aspectos variados que explicar y una prolongada cronología.  No se espere entonces un libro de historia erudita.  Si tuviéramos que definir a estas páginas tendríamos que recurrir al nombre siempre adecuado de ensayo: un conjunto de ideas que pretendemos coherentes y que se destinan a la discusión” (pp. 239-241).

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Sobre la información que había reunido, Tito advertía: “[…] algunas veces hemos recurrido a fuentes directas, recogidas en archivos de Lima, de provincias o del extranjero; otras veces nos hemos limitado a fuentes impresas o de segundo orden, como informes de prefectos, libros de viajes, guías comerciales; también hemos hecho uso de estudios ya realizados o de tesis universitarias inéditas: se trata de una documentación diversa, en la cual hemos lamentado la carencia de algunas series cuantitativas.  Para la lectura de estas fuentes han sido particularmente importantes los diversos viajes que hemos realizado a Arequipa, Puno y Cuzco.  Ellos posibilitaron la observación sobre el terreno y las entrevistas a ex-hacendados, dueños de casas comerciales, obreros, jornaleros, campesinos.  De esta experiencia nace buena parte de nuestra interpretación” (p. 241).

“Como mérito o como reparo crítico, debemos indicar que nuestro trabajo ha reposado más en fuentes de archivos y bibliotecas de provincia que de Lima.  Tratando de observar los problemas desde el interior del país, hemos procurado que las fuentes guarden correspondencia con esa perspectiva” (p. 241, n. 3).  “Hacemos mención especial de los comuneros de Huata [Puno] y los obreros de Lucre [Cuzco], que nos proporcionaron sus documentos” (p. 243).

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Su intención con este libro, como su obra entera, en realidad, fue: “porque nos interesa someterlo a discusión.  No queremos dirigirnos sólo a un público especializado.  Nos interesaría poder llegar a un público más amplio, donde se encuentren quienes estén comprometidos con la historia presente del Perú, quienes la enseñan en los colegios y aquellos que recién se inician en su conocimiento.  Creemos que no basta con criticar a la historia tradicional; es urgente proponer alternativas de interpretación por más provisionales que ellas sean.  Estamos convencidos, con [el sinólogo marxista francés] Jean Chesneaux, de la necesidad colectiva del conocimiento histórico, creemos en la utilidad de la memoria para transformar el presente y pensamos, por lo tanto, que los problemas que nos preocupan (nación, el desarrollo desigual, el regionalismo) competen a un círculo mayor que el de los especialistas: la historia y la discusión sobre la historia no es asunto exclusivo de los historiadores” (p. 242).

 

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Textos tomados de: Alberto Flores Galindo [1949-1990], ‘Obras completas’ (Lima: Casa de Estudios del Socialismo SUR, Fundación Andina, 1993-2011, 6 tomos en 7 vols.).

Jean Chesneaux [1922-2007], ¿Hacemos tabla rasa del pasado? A propósito de la historia y los historiadores. [1976] México: Siglo XXI, 1977. <https://www.sigloxxieditores.com/libro/hacemos-tabla-rasa-del-pasado_17088/>

<https://vdocuments.mx/chesneaux-hacemos-tabla-rasa-del-pasadopdf.html>

 

* Jean Chesneaux analiza la práctica social del historiador en su dimensión política: ¿Qué lugar ocupa el saber histórico en la vida social?  ¿Actúa este en favor del orden establecido o contra él?  ¿Es el saber histórico un producto jerarquizado que desciende de los especialistas a los "consumidores de la historia" a través del libro, la televisión o el turismo?  ¿Responde la práctica del historiador a una necesidad colectiva?

 

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