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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

Los autores de la “Ideología de género”

Un debate político o académico serio empieza por la identificación de las partes y sus argumentos. El problema con la llamada “ideología de género” es que obvia ese elemental gesto de transparencia. Ninguno de los que esgrimen ese término dice con claridad de dónde procede. Sólo atinan a pegarlo como sticker sobre sus adversarios. Peor aún, hay propuestas legislativas que, sin cumplir con el mínimo rigor, repiten el término “ideología de género” sin brindar sus fuentes.

Ni el Perú ni otros gobiernos, y tampoco entidades multilaterales como las Naciones Unidas nunca han usado ese término, sino el de “enfoque de género”, y “violencia basada en género”. La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing (1995) señaló la necesaria incorporación de la “perspectiva de género” en las políticas públicas, a fin de mejorar la condición de las mujeres. Las evaluaciones periódicas de la Plataforma de Acción de Beijing fueron dando cuenta de los avances y retos en materia de “igualdad de género” y reafirmando como necesario dicho “enfoque”. En ninguna parte emplea el término “ideología de género”. Entonces, ¿de dónde surge?

Como explica Sara Garbagnoli[1], la Doctrina Social de la Iglesia hizo un giro desde la primera década del 2000. Específicamente, Monseñor Ratzinger promovió un cambio, descentrando la atención de la economía a la antropología y la sexualidad. Recuperando la noción de “ley natural”, para reafirmar un “orden sexual”[2], se denominó “ideología” a todo aquello que fuera en contra de esa “naturalidad”. En efecto, Monseñor Ratzinger escribiría en el 2004: “Los últimos años han visto nuevas aproximaciones sobre los temas de las mujeres (…) para evitar la dominación de un sexo sobre el otro, sus diferencias tienden a ser negadas, vistas como meros efectos de condicionantes históricos y culturales. En esa perspectiva, la diferencia física, llamada sexo, es minimizada, en tanto que el elemento puramente cultural, llamado género, es enfatizado (…) Esta teoría de la persona humana (…) tiene en realidad inspiraciones ideológicas (…)” [3][traducción propia].

Tal como explica Garbagnoli, la Doctrina Social de la Iglesia pasó a ser un elemento central de lo que Juan Pablo II entendía como una nueva evangelización (op cit: 188-89). De ahí su amplia expansión. De la discusión en torno a la “controversia de género”, se pasó a la construcción de un discurso anti-género (op cit: 189).

Pocos recuerdan que el Vaticano se sumó al consenso, ciertamente de “manera incompleta y parcial”, de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de El Cairo (1994). También expresó su consenso “parcial” con la Declaración y Plataforma de Beijing[4] (1995). Hubo incluso intentos de contraponer un “nuevo feminismo” a ese “feminismo de género” (Garbagnoli, op cit: 189). Todo ello quedó dejado de lado con el nuevo siglo y el giro en la Doctrina Social de la Iglesia.  Mientras tanto, los grupos evangélicos desarrollaron sus propios cuerpos argumentativos, siguiendo el hilo conceptual de la “ideología de género”. 

Es claro que  el origen de ese concepto se dio en la Iglesia Católica y, luego fue seguido por las iglesias evangélicas. Por tanto, no puede no mencionarse esas fuentes y plantearse que esa es una perspectiva basada en doctrinas religiosas. Más aún, de tratarse de representantes y funcionarios públicos, es necesario exigir dicha aclaración.

Lo que es inaceptable es faltar a la verdad, colocando términos elaborados por unos, como propios de otros que jamás lo han empleado -incluyendo a entidades del Estado peruano y organismos internacionales-.

La Iglesia Católica ha tenido una práctica de defensa directa de su doctrina, con sus propios argumentos. La particularidad de quienes defienden la “ideología de género” es no hacerlo. Evita reconocer el origen de ese término, que es suyo. ¿Por qué no reconocer esas fuentes a dicho “término? Una primera razón es simple: por ignorancia. Pero también habría una segunda: muchos no desean reconocer su procedencia en el púlpito.

Queda claro, entonces, que “ideología de género” es una interpretación religiosa. Que parte de la idea de que existe un “orden natural”, del ser mujer y hombre. Y no tiene nada que ver con el “enfoque de género”, desarrollado por expertos a lo largo de muchos años, y que es actualmente compromiso de políticas públicas de la mayoría de países en el mundo, incluido el Perú.

 

[1]                    “Against the Heresy of Inmanence: Vatican´s ´Gender´ as a New Rhetorical Device Against the Denaturalization of the Sexual Order.  Religion & Gender, vol 6, N°2 (2016). Mi reconocimiento a Walter Mendoza, por esta referencia.

[2]                    Op cit p. 188.

[3]                    Ratzinger, Joseph y Vittorio Messori, “Letter to the bishops of the Catholic Church on the collaboration of men and women in the Church and in the World”, 2004.

[4]                    Al respecto, ver “Reservas e interpretaciones en cuanto a la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Disponible en: http://www.iri.edu.ar/publicaciones_iri/IRI%20COMPLETO%20-%20Publicaciones-V05/Publicaciones/D13/D13-DECL9.htm