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Una publicación de la asociación SER

Los Neogamonales

Caricatura de @Markus Ronjam

Cecilia Méndez Gastelumendi. Historiadora

 

La cuestionada portada de diario Gestión del 18 de diciembre pasado resume 30 años de pensamiento neoliberal peruano. O tal vez deba decir actitud, modo de pensar, mentalidad, porque pensamiento es mucho decir, y porque el mensaje es en gran parte subconsciente. Para los editores del diario financiero más importante del Perú, propiedad del Grupo El Comercio, las muertes de dos jóvenes trabajadores electrocutados hace unos días en un McDonald’s de Lima mientras desempeñaban sus labores no parece ser una tragedia, y menos un crimen, sino un hecho incómodo para las inversiones. Y esta actitud es congruente con el intento de normalizar un lenguaje empresarial que solo expresa la perspectiva del empleador. ¿Alguien dijo derechos laborales? Ellos piensan en “sobrecostos”. ¿Les llaman trabajadores? Ellos prefieren “colaboradores”.

¿Quién es un colaborador? Alguien que ayuda a otro para una causa que no es necesariamente la suya. ¿Se le paga a un colaborador? No. Ese término no está asociado con salarios y menos con derechos. Al llamar McDonald’s “colaboradores” a sus dos trabajadores fallecidos reconoce su propia mezquindad, lo poco que les pagaban, su expectativa de que estén a su disposición para “servir” o “colaborar”. Este infeliz eufemismo — que al leer algunas notas descubro anonadada es de uso más corriente del que suponía— pareciera recrear una fantasía gamonal, no importa lo mucho que los empresarios que lo adoptan se esfuercen en proclamarse modernos. Los gamonales hablaban de “sus indios” y esperaban que estén a su servicio, a cambio de poco o nada; que trabajen gratis. Los empresarios de McDonald´s, aplaudidos por Gestión, hablan de “sus colaboradores” y esperan que estén a su servicio a cambio de un sueldo misérrimo y condiciones laborales tan precarias que pueden conducir a la muerte. Otra analogía de nuestra historia puede ser la mita minera, que existió durante toda la colonia. Hoy se difundió que el sueldo que recibía Alexandra Porras, una de las dos jóvenes que murió electrocutada, era de S/ 4.50 (poco más de un dólar) por hora, y que trabajaba una jornada de 12 horas, de 7 pm a 7 am, según comentó su madre.

Con su portada, Gestión ha cruzado una línea y no sé hasta que punto son conscientes de la forma en que este acto desnuda su mezquindad, ya que una cosa es pensar de esa manera y la otra es exhibirla en primera plana. ¿Cómo queda un empresario que piensa que las vidas de los trabajadores son detalles incómodos sobre los que es mejor no hablar para no espantar a las cadenas de comida rápida que se espera vengan al Peru el próximo año para “mover millones”, en el mismo momento en que acaban de morir electrocutados dos jóvenes trabajadores en uno de dichos establecimientos? — pues eso, nada menos, es lo que dice la aludida portada de Gestión—. Millones de dólares que nunca verán la abrumadora mayoría de peruanos, de quienes se espera vivan agradecidos por sus sueldos miserables y “colaboren” con el patrón. Vidas perdidas, sueños truncados, familias en duelo, no son sino “daños colaterales” para quienes solo piensan en engordar sus billeteras.

Empresas con las manos manchadas de sangre, un Estado indolente que se lava las manos (cuando no busca él mismo promover la precariedad laboral). Un Perú que crece económicamente a ese costo no es el Perú que yo quiero y nunca lo voy a celebrar.

Hay otro sentido común pernicioso de la mentalidad neoliberal/neogamonal que nos rige, y es el de equiparar los intereses de los empresarios con los “intereses nacionales”. Y va de la mano con el intento de amordazar toda crítica al modelo neoliberal bajo el pretexto de no “espantar las inversiones”. Que sepan pues los neogamonales que no nos pueden seguir vendiendo la idea de que sus intereses son los de todos los peruanos. Lo prueba, entre otras cosas, el repudio que ha generado esa desafortunada portada que comentamos, así como las protestas contra McDonald’s. Por ello, los trabajadores deben recuperar su derecho a organizarse y merecen todo el apoyo de la sociedad.