Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Los orígenes del conflicto Conga (*)

La historia reciente de Cajamarca está estrechamente ligada a la actividad minera de Yanacocha. Cuando la empresa llegó a la región en 1992 Cajamarca era un pueblo pequeño que fue rápidamente alterado por camionetas de doble tracción. Entre 1992 y 2005 el crecimiento del PBI del departamento fue exponencial, en gran medida por la actividad minera; no obstante, de acuerdo con Mendoza y Gallardo (2011) a partir de 2005 el crecimiento se desaceleró y la economía cajamarquina experimentó un proceso de estancamiento debido a la reducción productiva de Yanacocha, aunado a la oposición a la expansión de los proyectos mineros.

Con la vida útil del yacimiento Yanacocha en expiración, Conga constituía el proyecto expansivo más importante de la empresa. Desde el 2004 en adelante, los proyectos han sido bloqueados por la oposición de la población en Cerro Quilish (2004), Carachugo II (2006), La Quinua Sur (2007), Solitario (2009) y, finalmente, Minas Conga (2011). Aunque los funcionarios de Yanacocha no lo percibieron en su momento, la ausencia de una estrategia de relacionamiento con la población, pero sobre todo los accidentes ambientales en los que se vio involucrada, tendría altos costos en el mediano plazo para el desarrollo de sus actividades económicas en el departamento.  

El año 2000 Yanacocha hizo pública intención de extender el complejo minero al cerro Quilish, ubicado a escasos kilómetros de la ciudad de Cajamarca. Luego de tres años de disputas legales el Ministerio de Energía y Minas (MEM) concedió el permiso para la explotación la empresa movilizó maquinaria a la zona a mediados de 2004. La historia es conocida: a inicios de septiembre la ciudadanía inició una movilización indefinida con el objetivo de impedir la instalación de maquinarias y luego de cerca de 15 días el MEM emitió una resolución directoral que suspendía el permiso otorgado a Yanacocha para explotar la zona. La “gesta por Quilish” tendría consecuencias importantes tanto para la “oposición” como para empresa misma.

En primer lugar, adicionalmente a los comités de regantes y las rondas campesinas – actores rurales que habían sido hasta el momento la oposición social más visible frente al proyecto– se sumaron actores urbanos que cumplieron un papel importante en las manifestaciones: el Frente de Defensa de Cajamarca, creado durante la década de los noventa por activistas de izquierda, y un conjunto de ONG ambientalistas creadas en los años recientes. A partir de entonces la defensa del medio ambiente, el cual era tangencial en las demandas hacia la empresa, adquirió un carácter predominante en el debate político regional. (1)

Por otra parte, la empresa cayó en cuenta que para permanecer en la Cajamarca y explotar su cartera de proyectos la estrategia de relacionamiento con la comunidad debía ser reformulada. A partir de 2006 Yanacocha destino más de 267 millones de soles a través del Fondo Solidaridad con Cajamarca para proyectos de desarrollo en la región en áreas de salud, nutrición, educación e infraestructura. En torno específico al proyecto Conga – el cual constituía su posibilidad de expansiva más importante – la empresa desarrolló una nueva estrategia de comunicación y relacionamiento con las comunidades que se encontraban dentro del área de influencia a través de charlas informativas constantes sobre la estrategia de mitigación de los impactos ambientales del proyecto y la firma de pre acuerdos para la realización de obras de infraestructura, servicios y trabajo. Tras dos años la estrategia dio resultados: las 32 comunidades aprobaron el EIA del proyecto en la audiencia pública celebrada en San Nicolás de Chailhuagón, la cual contó con la participación aproximada de tres mil personas. Así, la empresa empleó el proceso de participación ciudadana del EIA para cosechar, y mostrar, apoyo popular al proyecto.

Sin embargo, las voces de oposición llegaron desde fuera. Una serie de organizaciones sociales entre las cuales destaca el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca y sobre todo la Plataforma Interinstitucional de Celendín (cuyos líderes estuvieron presentes en las movilizaciones del Quilish) cumplieron un papel determinante en cuestionar la viabilidad del proyecto y oponerse a su realización. En su mayoría integrados por actores urbanos con vínculos a las zonas rurales, esta élite local realizó trabajo político en las comunidades cercanas al proyecto pero fuera del área de influencia (establecida por la propia empresa) las cuales también corrían el riesgo de ser impactadas por la actividad extractiva.

Cuando Yanacocha anunció  el desembolso del saldo de ejecución del proyecto el 27 de julio del 2011, un día antes de la toma de mando de presidente Ollanta Humala, las fichas ya estaban alineadas para el inicio del conflicto.

Nota

(1)    Más allá de lo político, el tema ambiental ha penetrado vida social cajamarquina. Esto es tangible en las coplas que cambiaron los clásicos temas carnavalescos por burlas relacionadas a la extracción minera.

(*) Texto escrito a partir del estudio “La política de lo técnico: una aproximación al desarrollo del conflicto Conga” de Mauricio Zavaleta, en: “Los límites de la expansión minera en el Perú” (SER, 2013)