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Una publicación de la asociación SER

Macri: Sembrando una nueva crisis

En febrero de 2017 escribí la columna “Macri: Balance Negativo” en donde describía un escenario poco optimista sobre las consecuencias de las políticas económicas y sociales del gobierno macrista. A pesar que el gobierno fue rompiendo sus promesas de campaña, los argentinos le dieron un espaldarazo en las elecciones legislativas de medio término, resultando ganadora la coalición gobernante en los principales distritos electorales, y aumentando – de manera considerable – su presencia en las dos Cámaras.

Macri confió en la ortodoxia neoliberal, eliminó el “cepo cambiario”, disminuyó el gasto público, y dentro de ello los fondos destinados a programas sociales, recortó fondos a la ciencia, “ajustó” el precio de los servicios básicos, eliminó los impuestos al campo, pagó la deuda a los fondos buitre, y llamó a los inversionistas extranjeros a confiar en esta nueva etapa; ellos – la inversión privada – serían el motor de esta nueva etapa post kirchnerista.

Los resultados de las medidas tomadas por Macri no han sido los esperados, los capitales aceleraron su huida, en 2017, el Banco Central reportó una fuga de USD 22.148 millones, superior a la del 2011, que fue la causa del cepo que impuso el gobierno de Cristina Fernández. En abril del presente año fugaron USD 3.939 millones, y en mayo USD 6.213 millones. La liberalización del mercado cambiario y, por tanto, la mayor demanda de divisas disparó el tipo de cambio, que pasó de 9,751 (10/12/2015) a 27,255 (30/07/2018), lo que ha supuesto que el Banco Central se vea obligado a perder divisas con el fin de evitar una mayor volatibilidad del dólar. Reveladoras fueron las declaraciones del ex ministro de Energía y Minas, Juan José Aranguren, cuando afirmó, en marzo pasado, después de más de dos años de gobierno, que gran parte de sus ahorros los tiene fuera del país: “es una decisión particular. Veré el momento de repatriarlo. Eso tiene que ver con la confianza que hemos perdido”.

Para frenar la política inflacionaria, el gobierno de Cambiemos ha optado por el endeudamiento externo. Así, en junio de 2017, se lograron captar USD 2.750 millones en bonos a 100 años. ¡Qué locura! Recientemente, tras un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Argentina obtuvo un crédito por USD 50 mil millones del programa stand-by. Kenia, Jamaica e Irak son los otros países que actualmente cuentan con este tipo de crédito. El INDEC estima que, desde diciembre de 2015, la deuda externa ha aumentado en USD 86.000 millones. Para rematar la faena, con el fin de atraer fondos en moneda nacional, y evitar así una crisis mayor, el gobierno aumentó los rendimientos de las LEBAC por encima del 40%, llevándolas a ser las más altas del mundo, además de aumentar la tasa de encaje con el fin de quitar liquidez en el mercado.

Por otro lado, de acuerdo al Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), el poder adquisitivo de los asalariados formales cayó 9,1% respecto a noviembre de 2015, mes anterior al cambio de gobierno. La caída en la capacidad de consumo del trabajador argentino repercute directamente en las ventas de pequeños y medianos comercios que han visto un descenso en el valor de sus ventas en más de 4%, interanual, de acuerdo a la Confederación Argentina de Mediana Empresa (CAME).

Como una bola de nieve, la menor capacidad de gasto y la inflación ha supuesto el quiebre de pequeños y medianos negocios, pérdida de empleo o reemplazo por un empleo más precario. Por citar algunas cifras adicionales, el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica estimó que la pobreza en 2017 fue de 28,7%, 1% menor a la registrada en 2015 (29,7%). Sin embargo, señala que la brecha de pobreza, es decir, el déficit de ingresos respecto a la línea de pobreza (Canasta Básica), se agudizó, pasando de 32,2% en 2015 a 34,1% en 2017. Los pobres son ahora más pobres. La indigencia aumentó en 0,8%. Por su parte, la inflación es una variable, que – dicho por el propio gobierno – no han podido controlar. El Banco Central subió, en diciembre pasado, la meta inflación de 10% a 15% luego de prever su incumplimiento; sin embargo, luego del acuerdo con el FMI, el ex presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, señaló que eliminaban la meta para el presente año. La inflación acumulada en el primer semestre fue de 16%, superior a la meta anual establecida inicialmente. La tendencia podría llevarlos a superar, incluso, la meta máxima pactada con el FMI de 32%. 

Finalmente, el gobierno ha reducido su previsión de crecimiento de 3% a 1%. En abril, la economía se contrajo un 2,8% respecto al mes anterior, y en mayo, 1,4% (0,6% y 5,8% respecto a los mismos meses del año anterior)

Vistas las cifras, sigo siendo algo más pesimista que el gobierno.

Como era de esperarse, el mal desempeño económico ha traído consigo un importante malestar social. El 26 de junio se realizó la tercera huelga general contra el gobierno de Macri, quien ha señalado que las mismas obedecen a motivos políticos. Asimismo, continúa la lucha del gremio de docentes en las paritarias. El gobierno les ha ofrecido un incremento salarial del 15%, por debajo de la inflación, mientras que los docentes piden un 30% más una cláusula gatillo, la cual los cubra en caso una disparada mayor de la inflación.

Pero el gobierno no solo tiene abiertos frentes derivados de la política económica, sino que se ha visto afectado por dos nuevos escándalos políticos. Por un lado, una investigación del periodista Juan Amorín, de El Destape, denunció los aportes hechos en la campaña 2015 y 2017 de la actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, en la cual – entre otros – aparecen como aportantes personas humildes, beneficiarios de programas sociales. Vidal ha reaccionado despidiendo a su cercana colaboradora María Fernanda Inza, quien se desempeñaba como tesorera en las campañas de Cambiemos. Las denuncias continúan y han alcanzado a figuras como Elisa “Lilita” Carrió y el propio Mauricio Macri. La denuncia está ahora en manos de la justicia.

Por otro lado, se confirmó – por un reporte del parlamento británico – la participación de la denunciada empresa Cambridge Analytica, durante las presidenciales de 2015, para realizar una campaña anti-kirchnerista. El documento hace mención a una “guerra informativa”, el uso de cuentas falsas en Facebook y Twitter, e inclusive se planteó el uso de agentes retirados de inteligencia y seguridad de Israel, EEUU, Reino Unido, España y Rusia.

En los análisis políticos sobre Argentina siempre se debe tener presente la posibilidad que el peronismo irrumpa en las calles y fuerce la caída del gobierno. Pero esta vez será distinto,  evitarán servir de excusa del macrismo ante el fracaso de su política económica. Cuando Perón estaba en el exilio en Paraguay, el periodista Bob Mayer le preguntó: ¿Qué hará, general, para volver a la Argentina?, a lo que Perón respondió: “yo no haré nada, pues todo lo harán mis enemigos”.