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Una publicación de la asociación SER

Memorias de Ilave

Han pasado once años desde el asesinato del alcalde de Ilave, Cirilo Robles Callomamani[1], a manos de una turba enardecida que lo acusaba de corrupto. Durante este tiempo,  se ha escrito, analizado y novelado en torno a las circunstancias que rodearon esa tragedia. Estas provocaron una crisis que duró varios meses, a lo largo de los cuales la provincia aymara de El Collao – Ilave vivió enfrentada con el Estado peruano.

Sin embargo, existen ciertos detalles y decisiones de esos días que, vistos a la distancia, pueden ayudar a dimensionar lo ocurrido. Por supuesto, no se trata de reescribir la historia… sólo de seguir completándola.

El abogado del alcalde

Como se recuerda, durante los primeros días de abril del 2004, se iniciaron en Ilave las protestas contra el alcalde Cirilo Robles, luego de una fallida rendición de cuentas que acabó con un enfrentamiento entre los partidarios de la autoridad municipal y sus detractores. Aunque en un primer momento los protestantes fueron dispersados, estos se reorganizaron rápidamente, bloquearon las vías de acceso a la provincia, cerraron el local municipal y tomaron la plaza principal, exigiendo la investigación de supuestos actos de corrupción y la separación del alcalde de su cargo.

Enfrentados a una situación que en ese momento resultaba inédita y ya presentaba altas dosis de violencia, representantes de la Defensoría del Pueblo y la Vicaría de Juli viajamos a Ilave, donde nos reunimos con la población y nos comprometimos a actuar como una Comisión Mediadora para lograr una salida negociada.

Entre los diferentes asuntos tratados esos días, el tema del apartamiento temporal del cargo fue el más importante y, a la vez, el más problemático, por la resistencia del alcalde a perder el control de la municipalidad, ya que consideraba que tal medida sería aprovechada por su más acérrimo rival, el teniente alcalde Alberto Sandoval, quien era uno de los dirigentes de la protesta.

Sin embargo, una oportunidad para lograr el alejamiento del alcalde que reclamaba la población se dio el Jueves Santo, 8 de abril, en el local de la Vicaría de Juli, en la ciudad Puno. Los integrantes de la Comisión Mediadora nos reunimos con Robles, a quien explicamos la gravedad de la situación en Ilave y la necesidad de solicitar una licencia por 30 días, plazo en el que se esperaba que la Contraloría emitiera un primer informe.

Durante la reunión, el alcalde mostró una disposición favorable y, tras largas horas, conseguimos avanzar en la redacción de un acta en la que se indicaba que este accedía a apartarse temporalmente y sin condiciones del cargo. Robles la leyó varias veces, se hicieron algunas correcciones y cuando sólo restaba que la firmara, recibió la llamada de su abogado.

Luego de hablar con él, el acalde solicitó un receso de media hora para reunirse con su asesor y revisar los documentos que formalizarían lo acordado. Pensando en no perder lo andado y responder de buena fe al pedido del burgomaestre, accedimos. Sin embargo, el alcalde Robles no volvió a la reunión y no contestó más las llamadas telefónicas.

Con la finalidad de insistir en una solución que veíamos al alcance de la mano, llamamos al abogado directamente para solicitarle la continuación de la reunión, con él y su cliente, pero nos dijo que se encontraba en Lima y que no volvería a Puno sino varios días después. Luego cortó la comunicación y también dejó de contestar el teléfono. Desde ese momento, los integrantes de la Comisión Mediadora ya no logramos comunicarnos con Cirilo Robles ni con sus allegados.

El presidente regional

A la negativa del alcalde Robles para negociar un apartamiento temporal del cargo y acceder a reunirse con la Comisión Mediadora, se sumaba la imposibilidad de lograr un espacio de negociación directo entre el burgomaestre y sus opositores.

En esas circunstancias, el entonces presidente regional puneño, David Jiménez, nos convocó a conversar en su despacho, para sondear algunas alternativas de solución a un conflicto que cada día se hacía más complejo y afectaba a toda la zona sur de la región, por el bloqueo de la principal vía de comunicación. Jiménez, antiguo dirigente estudiantil en la Universidad Nacional del Altiplano y ex militante de Puka Llacta, nos dijo que conocía de sus épocas universitarias tanto a Robles como al teniente alcalde Sandoval, ya que ambos también habían sido militantes de movimientos de izquierda, como él, y por eso creía que podía impulsar un acuerdo entre ellos.

Tras la conversación, los integrantes de la Comisión, nos trasladamos a Ilave para invitar a los manifestantes a nombrar una delegación que debía reunirse con el presidente regional, ya que éste estaba interesado en apoyar las gestiones que se venían haciendo para dar una solución al problema. Luego de una difícil jornada, en la que nos vimos obligados a marchar junto con la población, finalmente pudimos retornar a Puno, con un grupo de regidores y dirigentes.

En una sala ubicada al costado del despacho de la presidencia regional, se llevó a cabo la reunión, bajo la dirección de David Jiménez, y, luego de varias horas, se acordó buscar al alcalde Robles, para que éste solicitara la licencia temporal, y una vez que ésta hubiera sido presentada, se entregaría transitoriamente su cargo a un regidor distinto al teniente alcalde Sandoval. Así mismo, se abrirían las puertas de la municipalidad, para que la Contraloría llevara adelante una investigación, y se levantarían las medidas de protesta.

Al acabar la reunión, el presidente regional me pidió quedarme un momento para conversar. Una vez que los dirigentes y regidores abandonaron la sala, pasamos a la oficina contigua, donde imaginé que evaluaríamos lo ocurrido y los pasos a seguir.

Al ingresar, un sereno y casi sonriente Cirilo Robles me dio la mano. Fue la última vez que lo vi.

***

Joan Subirats decía, hace poco, que uno debe saber diferenciar entre las crisis y los cambios de época. Las crisis obligan a cambiar respuestas, pero las preguntas siguen siendo las mismas. En realidad, en tales momentos no estamos obligados a repensar las cosas de fondo, sino sólo a modular y afinar lo que normalmente hemos venido haciendo. Pero un cambio de época sí que viene acompañado de cambios estructurales a nivel social, político y económico, y, por tanto, nos obliga a hacer nuevas preguntas y a actuar de un modo distinto.

Creo que lo ocurrido en Ilave, hace más de una década, fue el signo de un cambio de época en la manera en que se entiende y se hace política en el país. Como muestran muchos de los conflictos de los últimos años, la poca disposición para atender las razones ajenas, al momento de adoptar decisiones políticas que pueden acabar afectando la vida y otros derechos fundamentales, se ha convertido en una práctica cada vez más usual en el Perú neoliberal.


[1]Cirilo Robles fue asesinado el 26 de abril del año 2004. Luego de ser salvajemente torturado durante varias horas, su cuerpo fue abandonado a los pies del puente antiguo de la ciudad de Ilave.