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Una publicación de la asociación SER

Memorias de Nuestra Tierra, representaciones con voz propia del Perú campesino

Cuando Alejandro Von Humbolt llegó a Lima en 1802 lo hizo caminando por los Andes desde Ecuador y Colombia y no por el mar, lo que le dio una mirada particular del país, para comentar que “Lima se encontraba más cerca de Londres que del Perú”. Me pregunto cuánto cambió esa situación durante el siglo XX, pues recién durante el gobierno del ex dictador Alberto Fujimori las carreteras llegan a miles de localidades que solo tenían caminos rurales, situación que limitaba el intercambio y la movilidad de personas y productos.

Mi padre dejó como herencia un cuaderno de cuentas que lo convirtió en su “mata tiempo”, donde escribía hechos de su vida que le parecían importantes. Él estudio como alumno libre en el colegio Ciencias de Cusco, y fue uno de los mejores alumnos, pero tuvo que dejar de estudiar para ayudar en la gestión de la finca familiar en el valle del rio Apurímac cuando se produjo la muerte de mi abuelo. Como campesino estaba suscrito a la Hoja Agrícola, una publicación que informaba sobre las tecnologías agrícolas, que cuando era niño encontré en algunos baúles donde guardaba periódicos, revistas y algunos libros como un tesoro, y que animaron conversaciones y nuestra cercanía intelectual, imaginando otros lugares y culturas.

Cuando visité la muestra de la colección de dibujo y pintura campesina del Museo de Arte de San Marcos que comprende cerca de 3500 pinturas -e incluye más de 7000 testimonios- realizadas en diversos pueblos campesinos del país, y que son parte del archivo del Concurso de Pintura Campesina, que fuera organizado por diversas organizaciones no gubernamentales como la Asociación Servicios Educativos Rurales (SER) y el Centro Peruano de Servicios (CEPES) entre los años 1984 y 1996, recordé mi propia mirada del mundo campesino al que conocía de nuestra vida en la sierra sur, aquella donde todos hablábamos quechua. Cuando veo la muestra paralela de 65 pinturas del mismo Archivo que se exhibe en el Lugar de la Memoria imagino que muy pocas personas contaban con la habilidad de dibujar o pintar, y otros pocos tenían la oportunidad de plasmar su testimonio y escribirlo.

La temática del concurso estuvo relacionada al significado de la conmemoración del día del campesino, o sobre la vida campesina. En el año 1992 la temática fue "500 años: nuestra tierra, su historia y el mañana que queremos”, y en el año 1996, último año de convocatoria fue "La mujer y la vida en el campo". En esta gran muestra se abordan las transformaciones del proyecto político de las organizaciones campesinas de fines de los años 80 e inicios de los años 90 que los convocaron a participar. Es por ello que vemos alusiones al gobierno de Velasco como “Viva la Reforma Agraria” y “Viva Velasco Alvarado” como continuidad del proceso de Reforma Agraria. Así como también descripciones de las transformaciones de los espacios rurales, la tala del bosque en la selva, frases por la acción del mercado, como “No más explotación y engaño al esfuerzo del campesino”, los procesos de convivencia de la minería con la agricultura que dan origen a la representación del “campesino obrero” en Rancas - Cerro de Pasco, y la memoria histórica que incluye la violencia política de aquellos años.

De la muestra del LUM elegí para el análisis en esta columna aquellas que me parecen sugerentes, ya sea por la imagen o por los temas que se señalan en el testimonio. En general tanto en las imágenes como en los testimonios se argumenta y denuncia -y se grita- la condición de marginación y pobreza en la que se encuentra el mundo campesino, y además se resalta el valor de la organización y solidaridad colectiva para luchar de manera conjunta para alcanzar su bienestar.

La pintura llamada “Pobre cholo” de Lizardo Fernández Peralta “Shaudo” del año 1985 de San Juan de Miraflores en Lima, denuncia “Todo el mundo dice que soy un cholo ignorante, sonso o idiota. Pero nadie lo puede negar, que cuando más me insultan y me martirizan no podrán destruir jamás mis sentimientos de verdadero patriota. Yo soy el Perú”. El testimonio nos sugiere que la verdadera patria nace desde las difíciles situaciones que afrontan los campesinos.

Pobre cholo

La pintura “El indio quedó mudo” y el testimonio que la acompaña del año 1992 de José Isabel Ayay Valdéz de caserío Chilimpampa en Cajamarca describe como algo irresuelto el encuentro con los españoles, la descripción es atemporal y ahistórica. Sin embargo se presenta a los “indios” con su vestimenta y a los españoles con sus armas de fuego que se cruzan en un camino. Además se representan productos andinos como la papa (acshu según el quechua central), el maíz (sara) y la quinua y los “apuntes del indio” que se refieren a los quipus. En la pintura un español al cruzarse en el camino con el indio pregunta "ay indios adónde te vas", “el indio al escuchar el idioma de castellano el indio quedo mudo”. La ilustración parece un pedazo congelado de historia, que además sigue sin ser resuelto.

Indio muco

 

Indio Mudo

En la pintura “El Campesino” de Juan Liñan Villanueva del año 1988 de la comunidad Catorce Incas, distrito Chimbote, provincia El Santa en Ancash, se presenta el perfil de una persona en la que se han insertado otras representaciones. Así se describe por ejemplo que “La hoz que forma el oído simboliza el trabajo pacífico” y en el testimonio se denuncia que el apoyo del Estado es para los que más tienen y no para los que más necesitan, y explica “El mapa y el árbol… representa el pensamiento campesino en un Perú más justo construido por la unión y el sacrificio de los que sufrimos. Esto será como el árbol de raíces amargas, pero de dulces y buenos frutos”, imágenes y textos que nos remiten a preguntarnos si -treinta años luego- las condiciones descritas han cambiado, cuando por ejemplo el sistema educativo ha establecido como legal la discriminación en la calidad de la educación pública con los denominados colegios de alto rendimiento.

El campesino

En la muestra encontré dos pinturas hechas por mujeres, una individual “Cosecha de papas” de Julia Chacón Reyes de 16 años de 1988, de la comunidad de San Jacinto del distrito de Nepeña, la provincia de El Santa en Ancash. Es importante destacar que salvo la procesión de la papa de Gerardo Chávez de 1995 que es una representación pictórica de 2.50 x 12.00 m, existen pocas representaciones sobre la papa, uno de los alimentos más importantes para la humanidad.

Otra es “La mujer shipibo Coniba” de 1996, en la que firman Lastenia Vásquez Yui, Romelia Vásquez Tuesta, Adela Indalicio Cumapa y Gilberto Pérez Mahua de la Comunidad Nativa Curiaca, en el distrito Iparia en la provincia de Alto Ucayali, Ucayali, quienes en su testimonios piden “Nos gustaría que en el jurado haya personas conocedoras no sólo de la cultura campesina sino también de las culturas indígenas”, con ello reclaman que más allá de la condición campesina, demandan mayor conocimiento del mundo indígena.

El archivo de Pintura Campesina, por su diversidad geográfica y cultural, nos presenta las ilustraciones y testimonios de personas que como Guamán Poma de Ayala en su condición de cronista, describen y presentan la vida campesina, con su propia voz, en un hecho que no tiene precedentes por su convocatoria y movilización masiva para pintar y escribir desde miles de localidades campesinas que vivían profundas transformaciones sociales producto de la Reforma Agraria, y donde la escuela pública empezaba a llegar de manera generalizada, en pleno proceso de desestructuración social, producto de la violencia política que colocaba a los habitantes del campo entre dos fuegos.