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Una publicación de la asociación SER

Ministerio de Cultura: Apología al abandono

La inversión en Cultura en el país siempre ha sido insignificante comparada con la de otros sectores, más aún si se considera que la puesta en valor y el aprovechamiento económico y social del variado patrimonio cultural puede constituir un factor fundamental para el crecimiento. Ni el cuestionable nombre que posee uno de los Vice-ministerios (Industrias culturales) o su relación con lo que se denomina “industrias sin chimenea” genera una reacción favorable para dotar a este sector de los recursos que permitan su impulso y transformación en uno de los renglones más importantes para el dinamismo de la economía nacional.

Lo señalado líneas arriba no corresponde necesariamente a un enfoque integral y adecuado de lo que significa la Cultura y no muestra el valor sistémico que esta posee. Simplemente se trata de mostrar que ni siquiera desde esa entrada economicista y el enorme potencial que posee nuestro patrimonio cultural, el Gobierno es capaz de protegerlo, promoverlo y aprovecharlo, ni mucho menos desde un enfoque de diversificación sostenible de las potencialidades en bienes y servicios que el país puede y debería considerar para su desarrollo.

Las manifestaciones culturales y las riquezas naturales puestas en valor significan en diversos países una fuente de ingresos y de beneficios económicos y sociales. En el 2015 Francia recibió 83 millones de turistas representando más del 7% de su PBI. España recibió 68 millones de visitantes, cubriendo el  turismo el 10 % de su PBI y el 11% del empleo. México, país tan mentado por sus problemas de inseguridad y violencia, tuvo en ese año 31 millones de turistas con un aporte a su economía de más de 17mil millones de dólares. Países pequeños como Cuba y Costa Rica reciben casi igual número de turistas que el Perú que solo llegó a unos 3 millones en el 2015.

Una vez más, la intención no es limitar el sector Cultura para un beneficio turístico. Se trata de señalar que tampoco esas oportunidades económicas son consideradas como las nuevas opciones que el país posee para diversificar su crecimiento y no depender sobremanera de un primario y vulnerable modelo de exportación de minerales, cuyos años de extraordinaria bonanza (por inmejorables precios e incremento de la demanda) no han sido suficientemente aprovechados para promover el dinamismo de otros sectores con mayores potencialidades para un crecimiento sostenible, equitativo e inclusivo.

La escasa valoración a la Cultura y a sus instituciones rectoras parece contagiar a sus propias autoridades competentes. Ya son muchos los momentos y las expresiones de diversas autoridades del Ministerio de Cultura en quienes el centro de sus mensajes consiste en remarcar la situación precaria del sector y la necesidad de recurrir al soporte de otros agentes económicos (mediante inversiones, mecenazgo, etc.) dejando de lado la prioridad presupuestal que debiera ser sostenida por un discurso que exija un tratamiento justo a la Cultura para que cuente con una institucionalidad fuerte y capaz de proteger el patrimonio cultural.

Las últimas declaraciones de la actual Ministra explicando anecdóticamente sus peripecias para lograr soporte económico para la construcción del nuevo Museo Nacional (tema cuestionable para algunos), muestra cuan poco se valora al sector cuyo impulso parece depender de cómo se convence al Presidente de la República, de cuánto dinero le sobra a otros ministerios y de cómo motivamos o persuadimos a los contratistas privados que rebajen sus cotizaciones. La Cultura merece un trato más digno si nos preciamos de ser uno de los países con mayor y más diverso patrimonio cultural. Más aun cuando el Ministerio de Cultura es el ente rector de la defensa y protección de los pueblos indígenas del país.

Nos encontramos frente a una segunda vuelta para renovar la Presidencia de la República y ninguno de los dos candidatos a la fecha ha hecho énfasis en la importancia que debiera tener la Cultura como eje clave en el desarrollo pleno y sostenible de los pueblos del país. Se trata de construir un Estado que “en lugar de llevar cultura”, como señala el vocero de la candidata presidencial, encuentre, acompañe, promueva y potencie valores, expresiones e iniciativas culturales, como uno de los aspectos más importantes para construir desarrollo con identidad. Ante la nueva composición del Congreso y a sabiendas de lo poco que conocen o valoran sus representantes a la Cultura (como ya se evidenció en alguna entrevista a uno de los más conspicuos congresistas electos del fujimorismo), corresponde hacer un esfuerzo por lograr un pacto de compromiso político sobre las prioridades del sector a ser atendidas por el nuevo gobierno, así como propiciar una acción organizada de la ciudadanía para que esté vigilante y movilizada frente a cualquier atropello o agresión al patrimonio cultural.