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Una publicación de la asociación SER

Misoginia mariateguista

Ninguna de las mujeres atacadas por personas como Aldo Mariátegui necesita que la defiendan. Cada ataque y palabra malintencionada de este señor expone, al parecer, cierto temor que debe perturbarlo cada vez que ve a una mujer exitosa. No vale la pena responder a ataques de razonamiento: caca, pichi, poto.

Y sin embargo, quiero escribir algo al respecto, no solo por el cariño que le tengo a Gabriela Wiener, sino porque fue la primera persona que me habló de la izquierda en el Perú y de lo que implicaba analizar la historia peruana desde una perspectiva distinta de la impuesta por la gran mayoría, aunque ella no se acuerde y jure y perjure que si de algo habló en la universidad fue solo de sexo. Así que, algo de responsabilidad tiene en mi formación política. Aunque el director de Noticias SER, me dijo que ya todo lo que había que escribir al respecto, estaba hecho por Raúl Wiener, con una respuesta contundente, fundamentada, con amor de padre y con orgullo de ver que su hija ha logrado un sitio propio importante como una de las nuevas representantes de la literatura latinoamericana.

¿Qué traumas tendrá este señor, para que le asusten las mujeres que hablan libremente del sexo, de las experiencias que han vivido, del placer, de los orgasmos, de amar libremente a las personas —tengan el sexo que tengan—, o de no amarlas y disfrutar igualmente de un buen polvo, de penes y vaginas? Para personas como él, hablar de eso es pornográfico y lo pornográfico para este señor es motivo de burla. Triste la realidad de alguien que no sabe distinguir erotismo de pornografía, y más triste aún pues parece no disfrutar ni del erotismo ni de la pornografía.

Hace un tiempo, este señor publicó también los versos de una escritora. Su razonamiento: como los versos hablaban de sexo, entonces publicarlos es una burla a la escritora ¿Puede alguien pensar que difundir la obra de una autora es avergonzarla? Lamentablemente sí, y en nuestro país, esos señores, son líderes de opinión.

Por eso hay personas como la gente de CONFIEP, representados por Diego de la Torre, que le echa la culpa del atraso del Perú a la obra literaria de Vallejo y Julio Ramón Ribeyro. En la chapucería hermanos. En sus reuniones se deben de preguntar ¿qué hacemos ahora? Y el líder de opinión les responde: “dominar el Perú”, entonces se proponen “cruzadas de hidalguía y caballerosidad”, ahí salen pues cosas como la revocatoria a la primera alcaldesa mujer electa en Lima.

Por eso, cada ataque a las mujeres por parte de personas con este nivel de razonamiento, termina siendo en realidad un reconocimiento a que están haciendo camino. Porque hay mujeres que no se contentan con quedarse en los cánones establecidos para nosotras, que eligen ser escritoras y escribir sobre lo que les gusta y lo que te sale del forro (y con una técnica que deja a sus críticos hechos unas zapatillas).

O como otras, que eligen ser periodistas, investigan y dicen la verdad con un nivel de rigurosidad, sin venderse frente a avisos pagados por asociaciones de empresarios, como el trabajo de Paola Ugaz; o que eligen ser políticas y trabajar por realizar una buena gestión en la municipalidad y defender de ataques absurdos y corruptos a una gestión honesta, como la regidora Marisa Glave. Cada una de estas mujeres y muchas más, por hacer lo que les gusta hacer y hacerlo bien, han recibido los insultos (razonamiento: caca, pichi, poto) de señores como Mariátegui.

Frente a trabajos innovadores, experiencias arriesgadas y toma de nuevos caminos, este señor repite los insultos hechos a María Trinidad Enríquez cuando decidió estudiar derecho. A ella, solo por tener la valentía y el coraje para desafiar a una sociedad conservadora y hacer lo que le gustaba, estudiar, le apedrearon la casa, hace 150 años. En estos tiempos, a las mujeres que reviven los traumas de muchos conservadores, les tiran piedras desde sus periódicos.

Como lo dije al principio, esta no es una nota para defenderlas, sino para mostrarles mi admiración, a ellas y a tantas mujeres que están haciendo bien lo que han elegido hacer, y darles las gracias por abrir el camino a muchas más; porque se me estruja el corazón cuando pienso que mi hija en algún momento sufrirá los ataques de una sociedad con personas misóginas, pero me da mucha esperanza y orgullo al ver que también en las nuevas generaciones hay mujeres tan transgresoras y valientes, como Malú Machuca, capaces de enfrentarse al poder establecido y decir: ya basta, queremos cambiar las cosas, lo estamos haciendo y lo vamos a seguir haciendo, nos digan lo que nos digan.