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Una publicación de la asociación SER

Misoginia se escribe con M

Hace unos días, frente al nombramiento de la congresista Martha Chávez como coordinadora del grupo de trabajo de derechos humanos de la Comisión de Justicia del Congreso, una persona conocida me expresó su rechazo a la misma, señalando que por la presencia de mujeres como esta no tiene sentido que se pelee porque haya mayor representación de mujeres en el Congreso, pues llegan mujeres como ella, como si el problema fuera la necesaria representatividad del género femenino en todos los espacios en una democracia y no las concepciones de género que tanto mujeres y varones llevan consigo en sus representaciones y que se expresan en su actuación política.

Es conocido cómo la congresista ha embestido contra quienes estaban en contra de su nombramiento y que argumentan, no sin razón, que no ha sido ella la que ha defendido precisamente los derechos humanos durante su trayectoria política y ha mantenido silencio sobre algunos hechos, como en el caso de las esterilizaciones forzadas. Si bien últimamente ha dicho que se había opuesto a esa política, no se registran evidencias públicas de su posición al respecto. Pese a sus pronunciamientos, no se entiende cómo una persona con el poder que tuvo en el gobierno fujimorista no tuvo el peso para impedir estas violaciones como sí lo tuvo para otros casos, como cuando votó por la amnistía al Grupo Colina, señalando que los execrables crímenes que cometieron fueron solo excesos. “Si algunos militares se excedieron al combatir a un enemigo tan terrible, no soy quién para juzgarlos. Yo volvería a votar por esa amnistía y no quiere decir que esté de acuerdo con esos asesinatos”, dijo [1].

Aunque hay cientos de denuncias sobre las esterilizaciones que se realizaron sin consentimiento, lo que fue parte de la política de control natal del gobierno de Fujimori, la congresista ha insistido en señalar que “el tema de las esterilizaciones forzadas se ha convertido en una herramienta de persecución” [2] , negándose a aceptar la dimensión y el impacto que tuvo en cientos de mujeres y también hombres, que fueron forzados a someterse a estos procedimientos y oponiéndose a que el Plan Integral de Reparaciones (PIR) beneficie a personas y grupos de personas que sufrieron diferentes formas de violencia sexual, como la esclavitud sexual, el embarazo forzado, la prostitución forzada o la denominada esterilización forzada, como lo proponía un proyecto de ley.

Cabe señalar que el Estado peruano, en 1999, fue denunciado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (DEMUS), el Comité de América y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) y la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) por el caso de María Mamérita Mestanza Chávez, quien, luego de ser sometida a un procedimiento de esterilización, murió. En el 2003, el Estado peruano aceptó un Acuerdo de Solución Amistosa y reconoció su responsabilidad en la violación de los derechos de las mujeres, comprometiéndose a revisar judicialmente todos los procesos penales sobre violaciones de los derechos humanos cometidas en la ejecución del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar, para que se individualice y se sancione debidamente a los responsables.

Nada ha dicho la congresista sobre los cientos de casos de violencia y violación sexual a las que fueron sometidas mujeres campesinas, indígenas, por agentes de Estado que tenían el deber de protegerlas y que más bien, abusando de su posición, violaron sus derechos, dejándolas marcadas para siempre, como nos lo recuerdan los testimonios recientes de mujeres en el Tribunal de Conciencia realizado en Lima, el cual es una iniciativa impulsada por diferentes organizaciones, como DEMUS, para visibilizar las violaciones a los Derechos Humanos de las mujeres peruanas. En este espacio, Carmen narró:

Yo tenía 14 años. A mi hermano lo habían secuestrado los senderistas, entonces me llamaron de la Base Militar para que diga dónde estaba él. Me dieron a tomar un líquido blanco que me durmió. Cuando desperté me di cuenta de que me habían violado los soldados”. [3]

Nunca la congresista, que pretende investigar a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, como ha dicho que haría si lograba quedarse en el cargo y anunció que lo seguiría haciendo aun después de disuelto el grupo de trabajo, ha manifestado tan sólo un poco de empatía y solidaridad con estas mujeres. Siendo una representante del Legislativo, preocupada por lo que se dijo o dejó de decirse en el Informe de la CVR, no es posible que no se haya acercado, aunque sea por curiosidad, al testimonio y al dolor de tantas mujeres en el país que han logrado filtrar su palabra entre las barreras de la impunidad que se erige permanentemente. “Yo no sé qué podría hacer con este mi cuerpo. Si supiera que hay dentro de mí, lo abriría mi cuerpo y lo sacaría, quizá viéndolo sabría qué es lo que tengo, eso pienso”, dice Isabel Quispe Chipana [4],  una de las mujeres víctimas de las violaciones en Llusita, pequeño poblado en la provincia de Cangallo en Ayacucho, en donde 8 mujeres fueron violadas por militares asentados en la base de dicha provincia.

La insensibilidad manifiesta de la congresista por las víctimas de violaciones a los derechos humanos se conjuga con expresiones y acciones que desde mi punto de vista expresan visos de misoginia. Sí, de misoginia, es decir de odio hacia las mujeres, de rechazo, de temor, de devaluación de las mujeres, que en buena medida han constituido el blanco de sus críticas feroces muchas veces. Aunque nos cueste decirlo, las mujeres también podemos ser misóginas, defensoras y sustentadoras del orden de género en que estamos inmersas y porque, como dice Marcela Lagarde, somos una institución política que reproduce el poder patriarcal. [5]  Señala Lagarde también que  “al ocupar posiciones de poder las mujeres más tradicionales se sienten amenazadas por las otras mujeres (efectivamente las relaciones sociales se basan en la competencia descalificadora y con capacidad selectiva entre mujeres)”. [6] 

En ese sentido, si hacemos un esfuerzo y seguimos sus declaraciones públicas a lo largo de su trayectoria política, por los medios masivos antes y por los twitters ahora, veremos el ensañamiento que tiene contra las otras mujeres. Así tenemos, por ejemplo, en relación a las torturas a Leonor La Rosa, agente del Servicio de Inteligencia que quedó con incapacidad motora, la congresista ha mencionado que la ex agente miente: “Gracias al fraude de esta mitómana ha habido tres o cuatro familias de militares que han sufrido [...] que le hagan seguimiento y seguro que la encontrarían bailando en una discoteca [...]”, dijo hace poco en una entrevista. [7]  A través de su Twitter, a la periodista Claudia Cisneros, quien la acusaba de utilizar “información basura y deformada”,le respondió “hay quien podrá ‘usar’ info basura, otras lo son”, continuando luego con una larga retahíla de mensajes, que incluyeron referencias a la vida personal de la periodista, cosa que no hace con ninguno de los hombres a los que responde.

A la congresista Rosa Mávila la ha tildado implícitamente de terrorista, diciendo: “Que me pegue un tiro de gracia en la sien si no le gusta como pienso”. [8]  Ello provocó la inmediata defensa de la congresista Mávila, quien tuvo que aclarar que nunca fue procesada por terrorismo [9] , como si le tuviera que dar explicaciones. A Indira Huilca, otra vez en su Twitter y repetidamente, le ha increpado el supuesto usufructo de la reparación que ordenó la Corte Interamericana por el asesinato de su padre. A Gisela Ortiz, hermana de uno de los jóvenes asesinados por el Grupo Colina en la Cantuta, la acusó de chantajista: “Se dice que lo ha estado pechando. Otra versión es que Gisela Ortiz lo amenazó con publicar cuánto pagó Leonor La Rosa a Benítez por defenderla”.[10]  Y como para cerrar con broche de oro está un reclamo al congresista Benítez, trayendo a colación la famosa frase de la madre de Muhammad XII, quien fue el último rey de Granada, cuando le entrega las llaves de Granada a los Reyes Católicos, y en la que ella evidencia la imagen y las expectativas y comportamientos esperados de la mujer y los hombres en ese entonces: “Llora como mujer lo que no supo defender como hombre”.     Cinco siglos después, una representante del Congreso de Perú sigue utilizando esta expresión denigrante, propia de un pensamiento conservador, que sigue negando a las mujeres "el estatuto de interlocutoras y pactantes”, como dice Lagarde [11] . La congresista nos recuerda que es aún largo el camino que tenemos que recorrer para lograr la igualdad y para establecer nuevas formas de relacionarnos entre mujeres, de reconocernos, valorarnos, de respetarnos en la diferencia.
 

NOTAS:

1.  Martha Chávez: “Volvería a votar por la amnistía a los Colina”, Perú 21, 18 de diciembre del 2005.
2.  “Utilizan caso de esterilizaciones forzadas como persecución, afirman”, RPP Noticias, 24 de noviembre del 2012.
3.  Violación y esterilización forzada en los 80 y 90 fueron crímenes de lesa humanidad. Sabado, 09 de noviembre de 2013.
4.  Comisión de Derechos Humanos, Llusita Ayacucho 2. Video consultado en: http://www.youtube.com/watch?v=KWE5B5fpXbI
5.  Marcela Lagarde, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, UNAM, México, 2011.
6.  Marcela Lagarde: “El feminismo y la mirada entre mujeres”. Ponencia, Seminario Internacional sobre Liderazgo y Dirección para Mujeres. “Poder y empoderamiento de las Mujeres”, Valencia, 2003.
7.  Martha Chávez: "El Perú debió salirse de la Corte Interamericana de DD.HH.". El Comercio,7 de noviembre.
8.  "Martha Chávez a Rosa Mavila: ‘Que me pegue un tiro en la sien si no le gusta cómo pienso’”. El Comercio, 12 de noviembre del 2013.
9.  “Rosa Mávila le canta su verdad a Martha Chávez”. Video publicado por gerardolipe17, 12 de noviembre del 2013.
10.  .Martha Chávez: ‘Miles me apoyan, son más que los cuatro gatos contra mí’”, El Comercio, 7 de noviembre del 2013.
11.  Marcela Lagarde, loc.cit.